Cordón marítimo en La Mareta: 300.000 euros de blindaje vacacional
La seguridad se reparte como el poder: con criterio de cortijo. El despliegue de un cordón marítimo y un perímetro terrestre de un kilómetro alrededor de la residencia oficial de La Mareta, con un coste estimado de 300.000 euros, reabre la controversia sobre los límites entre protección personal y gasto público.
No hay nada nuevo en que un jefe del Ejecutivo se blinda. Lo llamativo es la comparación con la frontera de Ceuta, donde los dispositivos para gestionar los flujos migratorios se describen como insuficientes. Mientras la costa residencial queda perimetrada, en el Tarajal la vigilancia no ha evitado intentos de entrada que, según las denuncias, se cuentan por miles.
El coste de la protección oficial
La cifra de 300.000 euros para unas vacaciones blindadas forma parte del relato. El dato cobra perspectiva al recordar que no estamos ante un chalé privado, sino ante una residencia pública. De ahí la pregunta que atraviesa el asunto: ¿puede quien la ocupa decidir, por su cuenta, la seguridad de un espacio que no le pertenece? La respuesta legal sigue pendiente.
El contraste que no se puede esquivar
El perímetro incluye un kilómetro en tierra firme y una línea marítima. Los críticos no se detienen en el coste: subrayan que la frontera de Ceuta, punto caliente de la gestión migratoria, recibe una dotación que invitan a comparar. También recuerdan que las visitas institucionales a la ciudad autónoma movilizan efectivos notables, mientras los problemas de fondo siguen sin atenderse.
Con estos precedentes, cabe esperar que la próxima temporada del cortijo renueve la queja. Y que siga la pregunta incómoda: por qué el mismo Estado despliega la artillería para una playa y regatea los medios para una frontera.