Irún pide refuerzos policiales tras crecer cuatro puntos la tasa de delitos
La ciudad fronteriza de Irún (Gipuzkoa), 64.037 habitantes, ha pasado de dos homicidios en 2023 a cinco en 2024, según los datos penales del Gobierno vasco. En los nueve primeros meses de 2025 la tasa de criminalidad por cada 1.000 habitantes ha subido cuatro puntos, uno de los mayores incrementos de Guipúzcoa, empujada por los delitos contra el patrimonio. La alcaldesa socialista Cristina Laborda ha reclamado al Ejecutivo autonómico más efectivos de la Ertzaintza mientras el Ayuntamiento amplía su propia plantilla de agentes locales.
Irún no es una ciudad cualquiera. Es la puerta española al Bidasoa, el último paso terrestre hacia Francia, y su condición fronteriza multiplica la población flotante que circula cada día por sus calles. Los vecinos describen un centro tomado por grupos que se reparten la venta de droga cerca del recinto ferial y del Puente de Santiago, y una percepción de inseguridad que ya condiciona la vida cotidiana.
Qué dicen los datos de delincuencia en Irún
El Gobierno vasco desglosa el aumento por tipologías. Los delitos por lesiones crecieron un 11% en 2024; los malos tratos en el ámbito familiar, un 108,33%; los robos con fuerza en viviendas, un 14%; y los delitos por tráfico de drogas, un 57%. Los robos con fuerza y los hurtos se han disparado más del 15% en lo que va de 2025, según los datos de los nueve primeros meses.
La cifra que más incomoda al Ejecutivo de Vitoria no es la de delitos, sino la de detenciones por origen. El consejero de Seguridad, Bingen Zupiria (PNV), admitió que «extranjeros sin arraigo» están detrás del incremento de armas blancas en las calles y justificó que la Ertzaintza fuera la primera policía de España en facilitar los datos de los detenidos según procedencia, para evitar que Vox y PP «exagerasen» las cifras. Con esos números en la mano, el
54% de las detenciones en el País Vasco son de españoles y el 46% de extranjeros.
El miedo a volver sola a casa
«Irún ha cambiado mucho, aquí ya no se puede vivir, hay mucha
delincuencia; por la noche me han intentado abrir la mochila varias veces. En Hendaya, nada». Lo dice Eugenio, un hombre de unos 60 años que perdió el trabajo y vive en la calle, y que cada tarde cruza el Puente de Santiago hacia territorio francés. Su testimonio resume una sensación extendida: la de que el problema se concentra en el lado español de la frontera.
En barrios residenciales como Ventas, entre polígonos industriales, los vecinos reconocen que la Ertzaintza «hace lo que puede». Una vecina lo atribuye a que los agentes ya no pueden usar material antidisturbios. Otro residente, Aitor, de unos 50 años, apunta que la gente ha dejado de salir de potes por el centro porque lo considera peligroso de noche. La hostelería de la zona lo nota.
El origen de los detenidos, un dato que tensiona
El debate sobre la procedencia de los autores ha entrado de lleno en la conversación pública vasca. Jon Arangunen, de la Asociación Red Acogida de Irún, sostiene que el Gobierno vasco está estigmatizando a marroquíes y argelinos con la publicación de esos datos: «Es un grupo muy reducido el que delinque. Si en Irún hay igual mil marroquíes, son 20 los que hacen el manguis». La misma fuente admite que cada vez más gente vive en la calle y que algunos inmigrantes en situación irregular cometen pequeños delitos.
El cruce de cifras y percepciones deja un panorama incómodo para todas las administraciones. La alcaldesa pide más policía; el Gobierno vasco publica datos que tensionan a sus socios; los vecinos señalan a colectivos concretos; y las entidades sociales advierten del riesgo de estigmatización. Nadie discute que el problema existe. El desacuerdo está en cuánto pesa cada factor.
Con estos mimbres, lo previsible es que Irún siga reclamando refuerzos y que la Ertzaintza mantenga la estadística por origen, aunque el ruido político no baje. Si el flujo migratorio por la ruta canaria se modera, como apuntan algunas fuentes, la presión sobre la frontera del Bidasoa podría aliviarse. Pero eso es una hipótesis, no un plan.