Israel y Rusia frente a la UE: la alianza incómoda que nadie confirma
¿Está Israel apoyando a Rusia en su pulso contra la Unión Europea? La pregunta suena a guion de película de espías, pero circula con soltura en ciertos análisis geopolíticos. La tesis es simple: a Israel le conviene una Europa débil, dividida y dependiente, un orden más parecido al de 1991, cuando las decisiones se tomaban en Washington y Moscú, que al actual. Y para lograrlo, habría tendido la mano a Rusia, mirando hacia otro lado en Ucrania mientras Moscú hace lo propio en Gaza.
La amistad en la sombra entre Putin y Netanyahu
La relación entre ambos líderes es el eje de esta corriente. Se sostiene que ambos se necesitan: Rusia necesita que Israel no presione por Ucrania, e Israel necesita que Rusia no condene sus acciones. El precio, según esta lectura, lo pagaría Europa, a la que se empujaría a un doble frente: el militar en el este y el energético en el sur.
La harina como termómetro
El dato que se esprime como prueba de la fragilidad europea es pequeño pero gráfico: en Alemania, un kilo de harina ronda los 0,70 euros y las prestaciones sociales han vuelto a subir. Para los partidarios de la tesis, ese es el resultado de una geopolítica en la que Europa no termina de despertar, un gigante dormido que todavía no ha descubierto su propia fuerza.
Claro que la historia tiene agujeros. La misma discusión reconoce que Rusia es un gigante de barro, acorralado en Ucrania y muy lejos de la capacidad soviética. Si Israel estuviera apostando por un aliado así, alguien debería avisarle de que el barco hace agua. Puede que al final todo sea humo, pero mientras tanto nadie aclara por qué la UE sigue jugando en todos los frentes a la vez.