Israel no puede igualar el número de efectivos de Hezbolá
El debate sobre la capacidad militar israelí se reabre con una cifra incómoda: según un cálculo que circula en la discusión, de los 450.000 movilizados, solo 150.000 están en combate tras aplicar las rotaciones. Con frentes abiertos en Gaza, Cisjordania y los Altos del Golán,
Israel difícilmente podrá desplegar 60.000 o 70.000 soldados en el sur del Líbano, una cifra que ni siquiera se acerca a la mitad de los efectivos de Hezbolá, según ese mismo análisis. A esto se suma, según el participante que abre el debate, el apoyo de combatientes de Irak, Siria o Afganistán, y el respaldo de Turquía al ataque de Irán, lo que estrecha el cerco diplomático y militar.
La economía israelí y el mito de las startups
La sostenibilidad económica del esfuerzo bélico es otro de los ejes del debate. Hay quien argumenta que la economía israelí es un mito sostenido por la impresora de la Reserva Federal, y se cuestiona que un país sin marcas mundialmente conocidas pueda mantener un ejército de tales dimensiones mientras una tercera parte de la población en edad de trabajar cobra por estudiar el Talmud y tiene ocho hijos por familia. El aumento del 285% en israelíes que abandonan el país de forma permanente después del 7 de octubre se cita como señal de desgaste social.
Tecnología vs. efectivos: la lección de Ucrania
La idea de que la tecnología puede suplir la falta de tropas queda en entredicho. Hay quien sostiene que la guerra de Ucrania demuestra que se vuelve a necesitar grandes contingentes y que los tanques, aviones y helicópteros han quedado atrás frente a drones baratos. Quienes defienden la superioridad tecnológica israelí pasan por alto, según esta postura, que el enemigo también usa tecnología, a veces muy barata, y que la guerra relámpago exige concentrar muchas armas y efectivos en puntos concretos, algo difícil hoy con satélites y drones.
El factor humano y la moral de combate
El entrenamiento, el equipo y la psicología son los tres pilares que se comparan. Hay quien sostiene que Hezbolá gana en motivación por luchar en su tierra y por su religión, mientras que los soldados israelíes están criados para otra cosa. La guerra del Yom Kipur, con 50.000 soldados israelíes frente a casi 600.000 árabes, se cita como ejemplo de victoria en inferioridad numérica, pero se replica que aquel mundo ya no existe: Irán no era el actual, Rusia no tenía combatientes en Siria y China padecía hambrunas.
La trampa de las glorias pasadas
La discusión deriva hacia la mitificación de las guerras relámpago. Se recuerda que Alemania invadió Polonia con un millón y medio de soldados y que una guerra relámpago conlleva muchas bajas. Hoy, con satélites y drones, es muy difícil concentrar efectivos sin ser detectado. Según un participante, Israel está consiguiendo que hasta sus enemigos históricos se unan contra él, y cada nuevo frente que abre multiplica los adversarios.
¿Puede Israel ganar una guerra de desgaste?
El modelo de ejército de reservistas, copia del suizo, no permite sostener una guerra de desgaste: si hay miles de bajas, no hay reemplazos aunque se obligue a servir a los ultraortodoxos, según se afirma en el debate. Israel es fuerte en guerras relámpago, pero no puede permitirse perder ninguna. La pregunta sobrevuela el análisis: ¿cuánto ha avanzado realmente el ejército israelí en Líbano? ¿Está dispuesto a perder treinta o cuarenta mil soldados?
El dato que descoloca no es el número de movilizados, sino el de los que realmente combaten. Con esos mimbres, la superioridad tecnológica se queda en un cesto que no basta para tapar el agujero humano.