Italia: «Suspender Schengen es lo correcto»
La crisis de Ceuta ha abierto un nuevo frente diplomático entre Italia y España. El Gobierno de Giorgia Meloni ha respondido a las críticas del ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, con una amenaza concreta: la suspensión del espacio Schengen es, a su juicio, la medida correcta. El pulso no es solo retórico: afecta a la libre circulación en la UE y expone la fragilidad de la posición española ante Marruecos.
Un pulso con el telón de fondo de Ceuta
Italia ha decidido contestar con dureza a los últimos ataques verbales de Albares. La respuesta no es nueva: el Ejecutivo de Meloni ya ha planteado en varias ocasiones la necesidad de revisar las reglas de Schengen ante la presión migratoria en las fronteras exteriores. Ahora, la crisis de Ceuta ha servido de excusa para elevar el tono. La postura italiana es clara: si la frontera española con Marruecos no se controla, el resto de países del espacio sin fronteras interiores tiene derecho a proteger sus límites.
En el análisis geopolítico, la amenaza de suspender Schengen se interpreta como una presión directa sobre España para que endurezca su política migratoria y su relación con Marruecos. No es casualidad que la disputa coincida con la última crisis en Ceuta, donde cientos de personas intentaron cruzar la frontera desde el país vecino.
La gestión española ante Marruecos, cuestionada
Mientras Italia adopta un perfil duro, la respuesta de España ante Marruecos ha sido vista por muchos como desproporcionada o incluso humillante. La imagen de un país que cede ante la presión marroquí mientras se enfrenta a sus socios europeos ha alimentado las críticas internas. Hay quien sostiene que el Ejecutivo español es «débil con los fuertes y fuerte con los débiles», una fórmula que circula en los análisis políticos de estos días.
El resultado es un escenario contradictorio: España pide solidaridad europea en materia migratoria a la vez que no logra contener los episodios de presión en Ceuta. Italia, por su parte, convierte esa contradicción en argumento para cuestionar el funcionamiento de Schengen.
La pregunta queda en el aire: ¿hasta dónde está dispuesto a llegar Italia para defender su frontera exterior, y qué hará España si Schengen se convierte en moneda de cambio?