Izan y Neizan son Ethan y Nathan escritos como suenan
Un stand del PSOE en pleno día de la Hispanidad. Bandera de España bien grande en unos folletos que, según quien lo cuenta, tenían forma de corazón. Dos jóvenes repartiendo propaganda y un viandante al que no le cuadraba nada: ni la fecha, ni el cartel, ni el público. Y en mitad de esa incongruencia le cayó encima la revelación que, según cuenta, llevaba años delante de las narices.
Según la teoría que este forero defiende, Izan es Ethan escrito como suena en español. Neizan es Nathan. No hay espíritu del bosque, no hay santo de nueva era, no hay fantasía de saga nórdica. Hay una transliteración.
La teoría tiene un problema y una virtud. El problema es que suena demasiado bien. La virtud es que explica, de golpe, la lista de nombres que aparecen en cualquier aula de primaria.
Ethan Hawke, Ethan Coen y el nombre que ya existía
El nombre venía de lejos. Ethan es el de Ethan Hawke y el de Ethan Coen, uno de los hermanos Coen; Nathan es el de Nathan Mayer Rothschild. Llevan décadas en el imaginario anglosajón. Lo llamativo, para quien lo cuenta, no es que se pongan, sino que se hayan camuflado con grafía nueva.
Izan suena a invento local y es la misma palabra con otro traje.
El resultado es un nombre que se lee igual en un patio de colegio de Madrid y de Bilbao, y que casi nadie asocia ya a un actor de Hollywood.
¿Es Izan un nombre vasco o viene del inglés?
Según los estudios de antroponimia que se citan,
Izan es una variante del hebreo Eitan, con el significado de fuerte, permanente o constante. Se popularizó primero en Inglaterra y los países anglosajones y llegó a España durante el siglo XX. Otra línea, en absoluto incompatible, lo enlaza con el euskera:
izan es el verbo ser, así que el nombre vendría a decir
el que es. Existe incluso una forma vasca, Izani, registrada en el monasterio de Valpues.
Lo interesante es que las dos explicaciones se sostienen a la vez y ninguna se verifica mirando el DNI. Quien defiende la raíz vasca dice conocer niños vascos con ese nombre; quien defiende la fonética inglesa no conoce a ninguno y lo asocia a otro tipo de estética. Ahí empieza el atasco.
La clase de tu hijo parece de Italia
El fenómeno no se limita a Izan. Se apunta que los nombres italianos se han convertido en la marca del padre que se cree original:
Enzo, Luca, Mateo. «La clase de mi hijo parece de Italia», resume alguien que dice haber mantenido seis meses la broma de que iba a poner a su hijo un nombre que la gente se creía. En paralelo, los nombres castellanos han vuelto como reacción: Jose, Luis, Juan, Pedro, Lucas y Martín se presentan como lo nuevo, o como lo viejo reciclado. Mateo, directamente, como el destino final de toda la clase.
Añádase la curiosidad ajena: se cuenta que a Taylor Swift la llamaron así porque el nombre sirve para hombre y para mujer, y sus padres pensaban que uno neutro tendría más recorrido en la tarjeta de visita de la empresa.
Iloveny, Usnavy y Quevincosner
Si Izan parece raro, la lista de al lado lo deja en un ejercicio de sobriedad. Iloveny, de
I love NY, copiado de una camiseta y pronunciado tal cual hasta que alguien lo escribió y se dio cuenta.
Usnavy, Usmail y Email como variantes documentadas de la misma familia. Quevincosner, esto es, Kevin Costner, apuntado en la casilla de nombre de un formulario hospitalario en 1999. Kevin Kosner de Jesús, para rizar el rizo. Y un Kázerin que se comenta como techo de la categoría.
Gumiel de Izán existe y está en Burgos
Hay un detalle que desmonta medio prejuicio: en Burgos hay un pueblo medieval llamado Gumiel de Izán. El nombre tiene donde agarrarse en el mapa y no solo en la fonética.
El nombre que salió en la DANA
El giro llegó cuando el nombre dejó de ser anécdota de patio. Las informaciones sobre la DANA mencionaban a un Izan y un Neizan entre los voluntarios, niños que aparecían en la crónica de la catástrofe con esos nombres. De golpe, la discusión sobre la fonética se cruzaba con algo más serio y el tono cambió. Ya no era una gracia: era un dato.
Queda la propuesta que circula en la propia conversación: bautizar al niño
Trabucodonosor, nombre que aúna origen histórico, referencia al arma de los bandoleros y promesa de buena dotación. Es una broma, pero apunta al fondo. Nadie discute el derecho de los padres a elegir; lo que chirría es la mezcla de pretensión y despiste. Y ahí se atasca todo: mirando la lista del aula no hay forma de saber si el padre de Izan leyó a los hermanos Coen o abrió un diccionario de euskera. Las dos cosas caben. Ninguna se demuestra.