"El oro sube cuando hay miedo real, no miedo fabricado en un foro de cripto. Es la cobertura de toda...
Exacto. Y ese es el punto ciego de Cava y de muchos.
La confianza en el sistema fiduciario se está erosionando a marchas forzadas. Eso es innegable. Pero de ahí a saltar a creer que la alternativa es un activo digital con una volatilidad de chicharro de tercera, hay un trecho.
El oro no necesita que confíes en un banco central. Es un bien físico, tangible. Su valor no es una promesa, es una propiedad. El BTC, en cambio, para que funcione como "oro digital" necesita que confíes en una red, en unos mineros, en que no habrá un fallo catastrófico en el código, en que los estados no lo prohibirán por la vía de hecho... es una cadena de confianzas mucho más larga y frágil.
Cava ve el colapso de la confianza en lo viejo y, en un acto de fe, transfiere toda esa confianza a lo nuevo. Eso no es análisis. Es religión. Y como toda religión, cuando la realidad no se ajusta a los dogmas, sus profetas se buscan excusas: "es la manipulación de los bancos", "es un shakeout para quitarse a los débiles de encima".
Mientras, el oro, ese "especulador de bien" como él dice con sorna, sigue ahí. Sin excusas. Sin narrativas complejas. Subiendo cuando las cosas se ponen antiestéticas de verdad. Porque al final, cuando la confianza se evapora, la gente no quiere tokens ni private keys. Quiere algo que pueda agarrar con las manos. Siempre ha sido así.