Japón, el país más endeudado: por qué no ha quebrado y qué riesgo se enciende
¿Por qué Japón, con una deuda que supera el 250% de su PIB, sigue sin caer en default? La respuesta clásica tiene tres patas: casi toda la deuda está en manos de japoneses, los intereses son bajísimos y el banco central actúa como comprador de última instancia. Esa estabilidad, sin embargo, empieza a agrietarse.
El blindaje de la financiación interna
El país financia su deuda mayoritariamente con ahorro doméstico: ciudadanos e instituciones japonesas compran los bonos del Estado, lo que reduce la dependencia del inversor externo y mantiene el coste de los intereses en mínimos. Frente a este modelo, Estados Unidos, con una deuda cercana al 120% del PIB, paga más caro y depende de capital extranjero. Por eso, un ratio menor puede resultar a la larga más arriesgado.
Ese equilibrio, sin embargo, tiene fecha de caducidad. Japón envejece a gran velocidad, y el ahorro de los jubilados que sostiene la deuda es un colchón que se encoge.
Señales de alarma en los mercados
En el último año han aparecido grietas: la rentabilidad del bono a 10 años alcanzó el 1,71%, máximo desde 2008, y después llegó al 2,94%, un nivel que no se veía desde 1996. El Nikkei se desplomó un 2,5% ante la expectativa de nuevas subidas de tipos del Banco de Japón, y los fondos de pensiones japoneses retiraron 1,1 billones de dólares de deuda estadounidense.
Si el mercado pierde la confianza en las subastas de bonos o los tipos suben con fuerza, el efecto dominó podría sentirse en todo el sistema financiero global. Hay quien lo resume con una metáfora marinera: la deuda empuja con viento, pero hunde cuando llega la tormenta. El viento acaba de cambiar.