Javier Lambán, expresidente de Aragón, muere a los 67 años
El expresidente de Aragón y exsecretario general del
PSOE aragonés, Javier Lambán, ha fallecido a los 67 años, según anunció Pedro Sánchez en sus redes sociales. La noticia, difundida en un mensaje que califica su trayectoria como «una huella imborrable», llega después de un largo periodo de enfermedad:
cáncer de colon desde 2021, según los datos que manejan quienes han seguido su evolución. Lambán deja un legado político incómodo para su propia formación, con críticas frontales a la dirección nacional por la amnistía y el cupo catalán, y una defensa cerrada de la igualdad entre españoles que le valió tanto respaldos como reproches internos.
Una muerte que reabre la guerra interna del PSOE
Lambán no era un socialista cualquiera. En sus últimos años se convirtió en una de las pocas voces críticas con la actual dirección nacional, como recuerdan varios mensajes del debate. Se enfrentó a una multa de hasta 600 euros por no acudir a la votación de la amnistía en el Senado, un gesto que algunos interpretan como coherencia y otros como cálculo político. Su tuit más compartido en ese sentido fue tajante: «El “cupo” acaba con la igualdad y la solidaridad entre los españoles. Rompe la Hacienda común. Es un paso de gigante hacia la soberanía plena de Cataluña». Esa postura le granjeó enemigos en Ferraz y simpatías entre quienes ven en Sánchez un peligro para la unidad del partido.
La reacción del presidente del Gobierno no se hizo esperar. Sánchez expresó sus condolencias en un tono institucional, pero muchos lectores no tardaron en recordar episodios como el funeral de Alfredo Pérez Rubalcaba, donde, según relatan, Lambán habría mostrado una aflicción que luego se reveló distante. «Menuda persona más falsa», escribió un participante, citando una entrevista en la que Rubalcaba confesaba que Sánchez había dejado de hablarle tras criticar su gobierno. La hipocresía, real o percibida, sobrevuela el hilo.
Vacunas, pensiones y el legado incómodo
El paso de Lambán por la política sanitaria dejó heridas. Durante la pandemia, defendió con dureza las restricciones y el pasaporte COVID en Aragón, lo que le valió el rechazo de los antivacunas. «En Aragón los no vacunados no podíamos entrar a un hospital a cuidar un familiar. ¿Cómo voy a lamentar su muerte?», escribe un participante. La frase, reproducida sin ambages, muestra hasta qué punto la gestión de la crisis sanitaria sigue dividiendo. También se recuerda su condena a la Generalitat por no vacunar a policías y guardias civiles, a lo que llamó «miseria moral y humana».
En el plano económico, su figura se asocia a la defensa de la pensión pública y a la crítica del cupo catalán, que según él rompe la solidaridad interterritorial. Algunos mensajes ironizan con que su muerte supone «una pensión máxima menos que pagar», una muestra del cinismo que recorre el debate. Pero otros reconocen su talla: «Aunque con sus limitaciones, me parecía una persona honrada y comprometida con Aragón», señala un comentario. La división es total.
Aragón, del blanqueo al ajuste de cuentas
La televisión autonómica aragonesa, según varios mensajes, se ha apresurado a blanquear su figura, equiparándola incluso a la de Labordeta. No todos lo aceptan. «Ha sido una peste para Aragón», llega a decir un participante, mientras otro recuerda que «Aragón está ahora en el mapa y con un prometedor futuro». La discrepancia sobre su gestión es el retrato de una España dividida.
El hilo también aborda la relación de Lambán con Pedro Sánchez, a quien algunos consideran un «autócrata-psicópata» que controla las listas electorales. «Los diputados los pone Ferraz, los presidentes autonómicos no pinchan ni cortan nada», se afirma. Esa visión choca con quienes creen que Lambán sí hizo algo desde el Senado, como su negativa a votar la amnistía. La discusión deriva hacia el control del partido y la falta de democracia interna.
El futuro del PSOE y la sombra de 2027
Lambán advirtió en vida que, sin un cambio radical, el PSOE perdería en el resto de España mientras los socialistas catalanes ganarían en Cataluña. Esa profecía, lanzada en un tuit, resuena ahora con más fuerza. Los mensajes del debate recogen ese testigo: algunos piden que su muerte sirva para abrir los ojos, otros simplemente pasan página. La pregunta sobre quién ocupará su espacio crítico queda en el aire.
Mientras tanto, las condolencias oficiales se suceden y las redes se llenan de mensajes que mezclan el respeto con el ajuste de cuentas. La muerte de Lambán cierra una biografía política, pero abre un capítulo de incógnitas sobre el rumbo del socialismo español. Como resume un participante: «Un socialista que se ha reunido con su jefe». La ironía, una vez más, gana terreno.