El cupo vasco: 10.000 millones al año y una población que se hunde
Cada año, el 10% de la riqueza del País Vasco —unos 10.000 millones de euros— cruza la frontera fiscal sin contraprestación. Lo sostiene un artículo dominical que ha reabierto la vieja pregunta: ¿por qué el resto de España financia a una comunidad que pierde población a raudales, que ve marchar a su juventud más cualificada y que arrastra el récord absoluto de absentismo laboral? El texto, firmado por Jesús Cacho, ha servido para que el debate sobre el cupo y el concierto económico vuelva a la mesa. Y no solo por el dinero.
Un territorio rico que se vacía por dentro
El País Vasco es, según los datos que maneja el artículo, un caso único: territorio rico que pierde población a raudales. La élite vasca, sostiene, ya asume que los magrebíes y sahelianos serán clave para intentar frenar la sangría demográfica. Para colmo, pierde a gran velocidad a su juventud más cualificada. El diagnóstico no es nuevo, pero el tono —el pudor de Pradales, Esteban y compañía— sí.
La demografía vasca no pasa por un invierno: pasa por una glaciación. Hay quien lo resume con una imagen: en diez años estarán pidiendo el despliegue del ejército. La tasa de reproducción es mínima, el feminismo imperante en un matriarcado estéril —así lo describen— y la incapacidad de pronunciar según qué palabras completan el cuadro. Vitoria, que es lo más español que hay allí, no escapa.
El cuponazo: 10.000 millones sin contraprestación
El cálculo que circula es contundente: el 10% de la riqueza vasca, unos 10.000 millones anuales, es transferida por la patilla por el resto del país. No hay auditoría oficial que lo desmienta. De hecho, se denuncia que desde el Gobierno —no solo del PSOE, también del PP— siempre se ha dicho que «es muy complejo» y no se dan cifras exactas. La petición de una auditoría real, partida a partida, es una constante.
La mecánica recaudatoria tiene su trampa: la autonomía vasca recauda cero. Recaudan las diputaciones de Vizcaya, Gipuzkoa y Álava. Ese detalle, que parece menor, desmonta más de un titular. El cupo no lo gestiona el Gobierno vasco, sino las diputaciones forales. Y el resultado es el mismo: una transferencia directa sin contraprestación que lastra al resto.
¿Por qué no se les da la independencia?
La pregunta recorre el artículo y el debate posterior: si solo aporta problemas políticos —y eso que ya no siembran las calles de terror— y supone una carga económica que va a más, ¿por qué no se les da la independencia? El sentimiento de españolidad es mínimo, en torno al 9%, aunque en el caso navarro es mucho más bajo. Hay quien no entiende nada.
La respuesta más repetida es que la independencia sería el golpe de gracia: en una década estarían suplicando volver. Otros proponen un muro desde el Pirineo al Cantábrico y dejar que se cocieran en su propia salsa durante un par de décadas. Y una tercera vía: partición territorial, como en Cataluña, con Barcelona y Tarragona para España y Lérida y Gerona independientes, haciendo los intercambios poblacionales oportunos.
El euskera, la vivienda y el coste de criar a un hijo
El problema no es solo macroeconómico. Un padre lo explica: antes se iría a cualquier sitio de España, e incluso a Inglaterra, Francia o Alemania, que a Bilbao. El motivo: con el euskera, o mete al niño en un colegio lumpen, o en uno de pago, o se arriesga a un fracaso escolar porque la ESO la recibe en una lengua muerta que solo sirve para opositar en una región de dos millones de habitantes. Entre la vivienda cara, los precios caros y el colegio privado, la factura sale muy alta.
La lengua, sostienen, no es un problema menor. Es un filtro económico y social que expulsa a familias que no quieren renunciar a la educación en castellano. Y mientras tanto, el tejido industrial menguante no encuentra relevo.
La respuesta del nacionalismo: «no opinamos»
La reacción desde el entorno nacionalista ha sido de desdén. El artículo es «una basura periodística», un compendio de frases hechas, estereotipos y falta de respeto absoluta, que «apesta a caspa». No hay datos, solo sesgos. Y el vídeo que lo complementa —con más de 115.000 visualizaciones— es «un truño»: la mitad de las cosas que dice son mentira, como que las pensiones se financian vía IRPF.
El contraargumento es siempre el mismo: si no os interesan los acuerdos con los que el pueblo vasco-navarro se integró en el reino de España y no estáis dispuestos a cumplirlos, nos lo decís y no pasa nada. Ojalá. Mientras, el cupo sigue corriendo y la población sigue cayendo.
El punto exacto donde el análisis se atasca es este: con estos diferenciales, la independencia debería ser una obviedad. Sigue sin serlo. Nadie cuadra del todo por qué.