Calleja vende «currar muy duro» y el debate le recuerda a Zapatero
Jesús Calleja nació en un pueblo, sus padres eran peluqueros y no había cunas de oro. Lo cuenta él mismo en un mensaje en el que resume su fórmula vital: «currar muy duro» en lugar de esperar a que las oportunidades lleguen por arte de magia. La frase ha desatado una tormenta en la que el currículum del alpinista y presentador se repasa con lupa, y en la que aparece un nombre que él no menciona: José Luis Rodríguez Zapatero.
La réplica más repetida no discute el esfuerzo. Discute el punto de partida. La relación de amistad y vecindad entre Calleja y el expresidente, con corte de pelo incluido en León, y la participación de Zapatero en un programa de
Desafío Extremo en los Picos de Europa, son los datos que una parte del público esgrime para explicar la renovación de sus espacios en televisión. El propio presentador habría reconocido esa conexión como ayuda para seguir en antena.
Qué hay detrás de la fórmula del esfuerzo
El argumento central del mensaje es que el trabajo sostenido sustituye a la suerte. La respuesta más incómoda llega desde la comparación internacional: si el esfuerzo bastara, quien trabaja quince horas al día por un euro en la India o en Camboya debería haber prosperado hace décadas. El ejemplo doméstico que se pone sobre la mesa es el de un trabajador de Zamora, diez horas diarias de lunes a sábado, horas extras sin pagar y 1.200 euros para sostener mujer, hijo e hipoteca.
Ese contraste es el que rompe el relato. El esfuerzo existe, se mide y se paga mal. La fórmula del presentador funciona como eslogan porque omite la variable que él sí tuvo: acceso. En televisión, se argumenta, el medio es endogámico y quienes entran lo hacen por conocimiento previo entre profesionales del sector.
La amistad con Zapatero y la renovación en televisión
El vínculo con el expresidente no es un rumor de pasillo. Se documenta como relación antigua de amistad y vecindad en León, donde Calleja cortaba el pelo a Zapatero antes de ser conocido. Esa cercanía facilitó la participación del expresidente en 2008 en un programa de
Desafío Extremo en los Picos de Europa. El propio presentador ha reconocido que la conexión ayudó a renovar sus programas en Cuatro.
A partir de ahí, cada cual coloca el peso donde quiere. Hay quien sostiene que sin ese empujón seguiría de peluquero. Otros matizan que el empujón abre la puerta, pero alguien tiene que estar preparado para cruzarla. La discusión se desplaza entonces al terreno de la suerte: no basta con tenerla, hay que pillarla con el carné sacado y los requisitos cumplidos.
El azar, los contactos y el mérito que no se cuenta
La literatura económica ha insistido en el papel del azar en los casos de éxito empresarial y profesional. Bajo ese eufemismo se esconden palabras menos presentables: relaciones, contactos, entorno. Incluso el interés por una materia concreta es fruto del azar, porque alguien o algo te mete en el mundillo o enciende la chispa de la curiosidad.
El ejemplo del transporte lo ilustra bien. Es más probable que quien tiene familiares o amigos camioneros conozca los requisitos, el modo de vida y dónde se busca trabajo. Nada impide a nadie ser físico nuclear, pero la probabilidad de desarrollar ese interés depende del entorno. Somos producto de un cúmulo de circunstancias que nadie elige.
El desgaste del personaje público
Más allá del mensaje, el debate deja un poso de desgaste personal. Hay quien admite una tirria creciente hacia el personaje y la atribuye a algo visceral, sin pretender racionalizarlo. Se le reprocha el papel de escaparate: mostrar el medio rural y a sus habitantes como curiosidades para consumo urbano, como piezas de un zoo o de un paisaje.
También se le coloca en la órbita del PSOE por amistad con Pedro Sánchez y con Zapatero, y se especula con productoras y subvenciones. Son afirmaciones que circulan sin prueba aportada y que conviene tratar como lo que son: sospechas lanzadas al calor de la discusión. Lo que sí está sobre la mesa es una pregunta que el mensaje original no responde: si el esfuerzo lo explica todo, ¿por qué hay tantos que se esfuerzan y tan pocos que llegan?
La respuesta del presentador no ha llegado. La del público, en cambio, es unánime en un punto: nadie discute que haya que trabajar. Lo que se discute es a quién le toca la puerta cuando llama la oportunidad.