Zapatero no compartirá ducha con Ábalos por mucho que algunos jueces se empeñen
La moción de confianza al poder judicial está servida. El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero no va a entrar en prisión junto al exministro José Luis Ábalos, por mucho que una corriente de jueces «amargados» –según la terminología oficialista– lo desee. El relato gubernamental y del socialismo orgánico ya ha fijado posición: las investigaciones judiciales sobre el caso Ábalos y los negocios familiares de los Sánchez son una persecución política orquestada por una «panda de jueces corruptos y estériles». Un discurso que el propio Pedro Sánchez ha escenificado en redes sociales, equiparando a los magistrados con «predicadores» y «conspiradores en las sombras».
La tesis central del actual presidente del Gobierno es que la inacción legislativa contra la corrupción es culpa del Partido Popular, mientras que la acción –o sea, las investigaciones– sería fruto de una envidia destructiva. Un argumento que desvía la atención de los datos: nunca antes tantos altos cargos del mismo partido habían estado bajo escrutinio judicial simultáneo. El caso Koldo, las comisiones de Ábalos, los contratos de la pareja de la presidenta madrileña… la lista es larga y transversal.
La estrategia de la victimización y su coste económico
El coste de esta estrategia no es solo fruta. La incertidumbre judicial sobre figuras clave del Ejecutivo ya ha provocado tensiones en los mercados de deuda española. La prima de riesgo repuntó cinco puntos básicos la semana en que se conoció la imputación de Ábalos, y los analistas apuntan a que la falta de seguridad jurídica desincentiva la inversión extranjera. Mientras tanto, Zapatero continúa su vida pública sin que ningún tribunal haya dictado prisión preventiva.
La ironía del debate es que quienes ahora claman contra la «judicialización de la política» tienen en su haber reformas que recortaron la independencia del poder judicial. La reforma del CGPJ de 2021, pactada con ERC, sigue bloqueada precisamente por la negativa del PSOE a renovar sus vocales. La contradicción es tan evidente que incluso algunos sectores del socialismo moderado empiezan a expresar su incomodidad. Pero la orden de Moncloa es clara: jugar a la contra de los jueces es electoralmente rentable a corto plazo.
¿Una vía de escape para Zapatero?
En el horizonte judicial, Zapatero no está fruta en ninguna causa penal activa relacionada con Ábalos. La posibilidad de que comparta celda es remota. Pero el clima de confrontación institucional sugiere que la ofensiva contra los jueces no cesará. El patrón es conocido: si no puedes ganar en los tribunales, desacredita a los tribunales. El problema es que cuando el tribunal pierde credibilidad, el país entero paga la factura.
La pregunta que flota sin respuesta es si esta estrategia resistirá el envite de las próximas sentencias. Hasta ahora, la correlación de fuerzas en la Sala de lo Penal del Supremo es desfavorable al Ejecutivo. Zapatero se queda fuera de la cárcel, sí, pero la sombra de la sospecha ya ha contaminado la marca socialista para una generación. La celda no es para los expresidentes: es para la credibilidad democrática.