Condena a joyero que mató a dos atracadores: 14 años y 9 meses de cárcel
¿Qué haría usted si unos delincuentes asaltan su negocio, golpean a su mujer y aterrorizan a su hija? El italiano Mario Roggero, de 72 años, no lo dudó: tras sufrir un violento atraco en su joyería, agarró su arma y persiguió a los asaltantes, matando a dos de ellos. El tribunal le ha impuesto una condena de 14 años y 9 meses de prisión, una indemnización millonaria a las familias de los fallecidos (que se estima en unos 3,3 millones de euros por cada vida) y el pago de las costas. Para un hombre de 72 años sin antecedentes, la sentencia equivale a una condena de por vida.
¿Legítima defensa o exceso?
El caso divide profundamente. Por un lado, hay quien ve en Roggero a un ciudadano ejemplar que actuó para proteger a su familia en un contexto de reiterados robos. Durante 49 años trabajó sin mácula; sus atacantes eran reincidentes violentos. Se argumenta que el sistema penal protege a los delincuentes y castiga a las víctimas que se atreven a defenderse. «Si hubiera disparado dentro de la tienda, sería un héroe», se ha dicho. La asimetría entre la violencia del atracador y la respuesta judicial es calificada de «pornográfica».
En el extremo opuesto, los que defienden el Estado de Derecho recuerdan que Roggero no disparó en el momento del robo, sino minutos después, cuando los atracadores huían en coche. Las grabaciones muestran que el joyero les disparó por la espalda desde la calle, una acción que en ningún ordenamiento permite la eximente de legítima defensa, ni siquiera en Estados Unidos bajo las leyes de «stand your ground». El peligro inmediato había cesado, y la persecución convirtió al joyero en justiciero, no en víctima.
Indemnización: ¿justicia o incentivo perverso?
Uno de los puntos más polémicos es la indemnización multimillonaria ordenada: unos 3,3 millones de euros por cada atracador fallecido. Para muchos, esa cifra supone un premio para las familias de los delincuentes, que se benefician económicamente de la muerte de sus seres queridos a manos de la víctima. «Si el robo les sale bien, ganan; si les sale mal, indemnización. Win-win», ironizaban algunos análisis. En el debate se ha planteado incluso que los familiares deberían ser corresponsables de los actos delictivos.
¿Indulto a la vista?
La presión social y mediática ha hecho que el ministro de Justicia italiano inicie el proceso formal de revisión para la concesión del indulto presidencial. La decisión final recae ahora en el presidente de la República, Sergio Mattarella. Mientras tanto, Roggero podría beneficiarse de permisos penitenciarios en unos pocos años, como señalan algunos expertos. Pero la sombra de la indemnización —una deuda millonaria— condicionará el resto de su vida, esté dentro o fuera de la prisión.
El caso expone la tensión irresuelta entre el derecho a la defensa y el monopolio estatal de la violencia. Mientras tanto, los atracadores —dos muertos, uno huido— siguen siendo los grandes ganadores de esta historia. Qué paradoja: proteger a tu familia te cuesta la libertad y una fortuna. Como decía un analista, «el mensaje es claro: si te roban, mejor no te defiendas; el sistema ya se encargará de castigarte».