Juan, el español herido en Ucrania tras cinco meses de frente
La guerra de Ucrania no la sostienen solo los ejércitos regulares. También hombres como Juan: un español con
13 años de experiencia militar que combatió cinco meses contra los invasores rusos y que, a fecha del reportaje que EFE publicó el
7 de agosto de 2022, seguía hospitalizado con parte de los dedos de la mano derecha amputados y el hígado y un riñón dañados. El
29 de julio había recibido la visita de Volodímir Zelenski, que le agradeció haberse alistado y le prometió volver para condecorarle. La historia, sin embargo, ha caído en un país donde hasta el heroísmo se discute con la calculadora a mano.
Quién es Juan, el voluntario español que combate en Ucrania
Su currículum antes de alistarse eran
13 años de servicio militar. Con esa carta se presentó voluntario y ayudó a repeler el intento ruso de capturar Kiev. Después se incorporó a la unidad «Arey» del Ejército de Voluntarios de Ucrania, integrada en la defensa territorial de Kryvyi Rih. Primero ejerció de instructor. Luego pasó a disparar como francotirador en una zona rural de la región de Jersón.
Es el único extranjero de su unidad, aprende ucraniano y tira de Google Translate para entenderse con sus compañeros. Stepan Kovalchyk, jefe de Estado Mayor de la unidad, sostiene que los soldados ucranianos le vieron alcanzar objetivos en combate en varias ocasiones. Su propia explicación del porqué cabe en tres frases: «Si fuera rico hubiera donado para ayudar a Ucrania. Si fuera médico, habría venido a tratar a los heridos. Pero puedo pelear bien así que decidí ayudar de la mejor manera posible».
Cinco días en la UCI y un dron derribado con explosivos
El edificio donde se alojaba con su unidad recibió golpes de artillería rusa de forma regular mientras impedían que los rusos cruzaran el río cercano. Varios proyectiles explotaron cerca de él. Uno entró por una ventana. «Mi corazón se detuvo dos veces camino al hospital. Me salvaron mis compañeros y paramédicos que me reanimaron», relató. Pasó
cinco días en una UCI y fue trasladado después a un hospital de Odesa.
Su unidad le atribuye haber salvado a tres soldados ucranianos. Él lo cuenta así: vio un dron sobrevolando a los soldados con explosivos listos para soltarlos —algo que, dice, aparece en muchos vídeos de internet— y disparó contra el aparato. Por esos tres hombres, Zelenski le prometió una condecoración personal. A fecha del reportaje, esa condecoración seguía pendiente.
¿Cobra un voluntario extranjero por luchar en Ucrania?
Buena parte del ruido que ha generado su caso no va de la herida, sino de la nómina. Hay quien da por hecho que un extranjero no se mete en un frente ajeno sin cobrar y lo clasifica directamente como mercenario. En el reportaje publicado no hay ningún dato que respalde esa retribución, ni ninguna cifra sobre pagos, sueldos o compensaciones.
El matiz importa, y también la simetría. El mismo ecosistema informativo que discute el caso de Juan ha documentado la existencia de españoles alistados en batallones prorrusos en Ucrania. El voluntariado extranjero, en esta guerra, no es patrimonio de un solo bando. Y esa doble vara de medir, cuando aparece, no suele venir acompañada de datos.
El soldado que defiende un país que no es el suyo
La segunda línea de fricción no es económica, sino de identidad: por qué un español arriesga el pellejo en una guerra que no es la suya. Una corriente lo considera un error de cálculo de manual —«bastantes problemas tenemos ya», viene a resumir— y defiende que cada cual luche por su propio país. La respuesta contraria es que Ucrania no invadió a nadie y que quien se defiende de una invasión tiene derecho a recibir ayuda de quien quiera darla.
Juan añade su propio argumento: Ucrania necesita «más soldados extranjeros experimentados que amen a Ucrania», además de mucha más artillería, tanques y aviación. «Renunciamos a Crimea y parte de Donbás antes, pero Rusia no se detuvo», zanja. Su unidad, por lo demás, le considera uno más: el jefe de Estado Mayor insiste en que un profesional con su experiencia podría enseñar mucho a otros soldados.
Secuelas, pensión y quién paga la factura cuando vuelva
Sus lesiones son permanentes: partes de los dedos de la mano derecha, parte del músculo del muslo derecho, el hígado y un riñón dañados. La pregunta que sobrevuela cualquier discusión sobre voluntarios heridos es quién asume después el coste sanitario y la pérdida de capacidad laboral. En el reportaje no hay ningún dato sobre eso: ni sobre pensiones, ni sobre atención médica futura en España, ni sobre compensaciones ucranianas. Solo un deseo explícito: volver a la unidad, como instructor o como combatiente.
El detalle humano, el que descoloca, lo pone su jefe de Estado Mayor. Cuenta que el español le prometió llevarle algún día de vuelta por Ibiza. Después de lo del dron, es lo menos arriesgado que ha prometido en meses.