La derecha 'cipaya': el debate sobre la sumisión de España a intereses extranjeros
En un artículo publicado en ABC, Juan Manuel de Prada acusaba a ciertos sectores de la derecha española de comportarse como 'cipayos' al aplaudir la retórica de Donald Trump contra Cuba y justificar las sanciones que asfixian a la isla. El escritor recordaba que, durante el franquismo, España mantuvo una relación pragmática con el régimen castrista, basada en la comunidad histórica, y que hoy debería sublevar a cualquier español con sangre en las venas escuchar a un presidente estadounidense alardear de que puede hacer con Cuba 'lo que le dé la gana'.
La reacción no se ha hecho esperar. Un sector del análisis sostiene que la democracia de 1978 ha convertido a todos los partidos en terminales de potencias extranjeras: el PSOE, del Partido Demócrata y la CIA; el PP, de la Obra y sobres múltiples; Vox, de Israel. Otros, sin embargo, defienden que la crítica a De Prada es un lavado de cerebro que simplifica el mundo en buenos y malos, y que Cuba ha tenido más de 120 años para reincorporarse a España y no ha querido. Hay quien incluso compara la posición del escritor con la de un 'asalariado del Kremlin', mientras varios foros recuerdan que Franco y Fidel Castro mantuvieron buenas relaciones, y que fue la izquierda la que rompió el puente.
¿Quién sirve a quién?
El debate ha desenterrado viejas heridas: la dependencia española de Estados Unidos, la pérdida de soberanía desde 1973 (cuando se abandonó el programa nuclear), y la percepción de que la OTAN es un instrumento de dominación. Unos ven en la derecha 'cipaya' la prolongación de una élite que siempre ha mirado al Atlántico, otros en la izquierda un espejismo de solidaridad con Cuba que en realidad esconde intereses ideológicos. Lo cierto es que ninguna formación política parece defender los intereses de los españoles, al menos según la lectura de los participantes.
La paradoja de la Hispanidad
De Prada apela a la Hispanidad como comunidad de pueblos, pero sus críticos señalan que esa misma comunidad fue rota por los propios cubanos, que echaron a España a patadas. La pregunta que flota es: ¿puede España defender sus intereses en un mundo donde sus élites son marionetas de otros? El debate deja más preguntas que respuestas.
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