De Prada avisa: el pucherazo de la ley de nietos sigue vivo
En 1939, medio millar de exiliados republicanos embarcaron hacia Cuba. Ochenta y siete años después, las solicitudes de pasaporte atribuidas a sus descendientes se cuentan por cientos de miles: 350.000, según la cifra que se maneja en la controversia. Ese desfase —entre el puñado que cruzó el charco y la masa que hoy reclama nacionalidad— está en el centro del asunto. El detonante, esta vez, es el artículo que Juan Manuel de Prada publicó en ABC el 11 de septiembre de 2026 con un titular elocuente: «El pucherazo no se ha desactivado».
El Supremo suspende, pero no deroga
La ley de nietos no ha caído. La suspensión acordada por el Tribunal Supremo alcanza a un grupo concreto de solicitantes, no al conjunto de la norma. Quienes acreditan cumplir los requisitos originales conservan intactos los dos elementos que importan: el pasaporte y la inscripción para votar. Suspender sin derogar deja el mecanismo en pie, y ahí se apoya el argumento de que el fraude sigue en ciernes.
Quién vigila el voto CERA
El punto débil señalado es el Censo Electoral de Residentes Ausentes. La pregunta que se repite: quién comprueba, y con qué medios, que el inscrito en el CERA acredita de verdad ser descendiente de exiliado político. En los consulados puede depositarse el voto de registrados que nunca pasaron ese filtro. Una vez emitido, no hay trazabilidad. Nadie reconstruye después si la papeleta correspondía a un votante verificado.
Tres vías y una salida legislativa
Se enumeran al menos tres: el voto de los nacionalizados al amparo de la ley de nietos, la manipulación del voto por correo y la ausencia de control sobre las urnas. La salida que se propone desde varios frentes es de ley electoral, no de tribunal: prohibir el voto por correo, eliminar la votación consular y crear una circunscripción exterior que elija cuatro o cinco diputados.
Queda el problema que ninguna sentencia resuelve: los ya nacionalizados. Revisar expediente por expediente y revocar la nacionalidad donde proceda no es técnicamente imposible, pero sí lento. La cifra —la del pasaporte ya entregado— no la desactiva un auto.