Jugar en Linux con gráficos híbridos AMD: cinco segundos de gloria
¿Por qué Windows mueve el juego a la GPU dedicada y Linux se rinde a los cinco segundos? Un portátil
MSI GX70 3CC, con todo su hardware AMD, intenta volver de entre los muertos. La secuencia se repite con puntualidad de relojería: se lanza el juego, la gráfica dedicada enciende su LED y, cinco segundos después, se apaga. Idéntico resultado en Ubuntu, Zorin OS y Pop OS. En Windows el mismo cacharro funciona sin dramas. Su dueño lo resume con una imagen que vale más que un informe técnico: es
el equivalente a un Seat 600 con motor de Ferrari.
Qué falla en los gráficos híbridos de un MSI GX70
El portátil combina una gráfica integrada y otra dedicada, y reparte el trabajo según lo que se ejecute. Ese reparto es lo que se rompe. En Windows el sistema conmuta cuando detecta un juego; en las distribuciones probadas, la dedicada no llega a quedarse al mando.
El LED que se enciende y se apaga es la prueba física de un traspaso de mando que nunca se completa.
El detalle que descarta la avería es sencillo: el mismo equipo juega sin problemas con Windows instalado. No hay hardware muerto, hay una cadena de software —kernel, controladores, capa de compatibilidad— que no se entiende con esta configuración. Varios participantes sostienen que el soporte de los gráficos híbridos ha sido siempre el talón de Aquiles del escritorio libre.
El parámetro del kernel que fuerza el módulo amdgpu
La solución que circula para esta familia de tarjetas pasa por bloquear el módulo antiguo y activar el moderno. Se arranca el sistema con
radeon.si_support=0 amdgpu.si_support=1. Si el gestor de arranque es grub, esa línea se coloca en /etc/default/grub, dentro de GRUB_CMDLINE_LINUX_DEFAULT, se rehace la configuración con grub-mkconfig -o /boot/grub/grub.cfg y se reinicia.
El argumento de fondo, según quien lo defiende, es que las instrucciones están publicadas en miles de páginas y no hace falta ninguna lotería. El contraargumento pesa igual: si para jugar hay que editar el cargador de arranque, media audiencia potencial ya se ha bajado del barco. Un LED de cinco segundos es todo el diagnóstico que recibe quien solo quería instalar Steam.
¿Cuántas distribuciones hay que probar antes de rendirse?
Ubuntu, Zorin OS y Pop OS comparten ascendencia, así que probar tres sabores del mismo tronco no es probar tres sistemas. La recomendación que hace un participante es saltar a Fedora, openSUSE o Mageia, y quedarse en las grandes antes que en derivados con nombre propio y promesas de rendimiento milagroso.
El inventario de candidatas es apabullante.
Entre 15 y 20 distribuciones distintas ha llegado a contar el afectado, ediciones específicas para jugar incluidas. Para quien lleva años, casi todas descienden de un puñado de troncos: Debian, Red Hat, Slackware, Arch Linux y Gentoo. Para quien llega nuevo, el panorama es un laberinto donde cada voz recomienda una cosa distinta.
Vulkan 1.3 recupera gráficas AMD antiguas y Vulkan 1.4 las deja atrás
Mientras se discute todo lo anterior, el ecosistema se mueve por debajo. Algunas gráficas AMD antiguas han recibido soporte para
Vulkan 1.3, el mínimo que exigen las versiones modernas de Proton. Son justo las que, según este relato, necesitan bloquear el módulo radeon a mano y tirar de amdgpu: las familias GCN1/GFX6 y GCN2/GFX7.
El respiro trae fecha de caducidad. El anuncio de Vulkan 1.4 sube el listón: hará falta como mínimo una GPU GCN 3 en AMD o una Maxwell en Nvidia para mover las versiones modernas de Proton. Las que acaban de recuperar el soporte se quedan fuera por límites físicos del silicio. Una HD 7950 comprada hace doce años vuelve a mover la última versión de Proton con Mesa 24.3. Triunfo con la fecha impresa dentro.
¿Es el hardware del siglo pasado o la falta de soporte?
Aquí chocan dos relatos. Uno sostiene que un cacharro con esos años no merece el esfuerzo y que con hardware decente y algo de oficio esto vuela. Otro apunta al soporte, y trae ejemplos mejores que el portátil protagonista: máquinas de
13 años con 8 GB de RAM, un SSD y una GTX 1050 Ti moviendo Resident Evil 2 Remake sin despeinarse y con un consumo ridículo.
También aparece la prueba de que el problema no es Linux en abstracto. Hay juegos que se colgaban en Windows y funcionan con Proton, y casos del revés. El resultado depende del título, de la gráfica y de la versión del controlador. Para quien no quiere pelearse quedan atajos: mantener Windows en otro disco o pagar cinco euros al mes por juego en la nube.
Cierre
El portátil acabó con Linux para tareas de oficina, y ni para eso: una gestión terminó en Windows porque el navegador no daba acceso a la cámara. Años después la escena sigue siendo reconocible. Consola, parámetro del kernel, reinicio. Y a rezar.