Julio Iglesias, la lengua, el ano y el escepticismo que genera
Dos extrabajadoras denuncian que Julio Iglesias las obligó a practicarle sexo oral anal durante horas, alegando que "él sentía mucho dolor y eso lo calmaba". La denuncia, publicada por El Diario.es y recogida por La Vanguardia, no ha sido presentada formalmente en juzgados. La respuesta del cantante: comunicado negando los hechos, lamentando "tanta maldad" y prometiendo defender su dignidad. El debate público oscila entre la credibilidad de las denunciantes, el timing de las acusaciones y la ausencia de pruebas.
El relato de las denunciantes: limpieza y sexo oral
Las mujeres aseguran que, durante su empleo como limpiadoras en una de las mansiones caribeñas del cantante, fueron obligadas a lamerle el ano y el pene durante horas. Una de ellas relata: "Me tuvo durante horas pasándole la lengua por el ano y chupándole el pito… porque él sentía mucho dolor y eso lo calmaba". La otra denuncia similar, pero sin especificar tiempos. Según la fuente, "nunca pudo dormir" porque la requirió toda la noche. La defensa de Julio Iglesias se basa en la negativa absoluta: "Niego haber abusado, coaccionado o faltado al respeto a ninguna mujer".
El contexto: cortina de humo o ajuste de cuentas
Una corriente de opinión mayoritaria muestra escepticismo. Los argumentos se centran en la ausencia de denuncia judicial, la falta de pruebas audiovisuales ("mujeres que llevan el móvil hasta para cagar pero ninguna ha grabado nada"), y el momento político: "Ya no saben qué cortina de humo montar", "llegan tarde, esto se denunció hace 5 años". Se menciona el caso del presidente del gobierno, cuyo suegro se enriqueció con saunas gays y explotación de menores, sugiriendo que se ataca a "pilares del sistema" para desviar la atención. Otros señalan incentivos económicos: "Si no hubiese incentivo económico, me gustaría ver las denuncias que habría…".
La presunción de inocencia y el relato oficial
Frente a quienes se lo creen al 100%, la postura contraria —minoritaria— sostiene que "cualquier tipa se inventa lo que sea y te destruye la vida" y que "en España cualquier chorrada que salga de la boca de una mujer va a misa y prevalece sobre ninguna prueba". Se ironiza: "¿Las foreras que creían a pies juntillas a estas furcias van a recoger cable?". También se cuestiona que Julio Iglesias, con acceso a prostitución de lujo, necesitara forzar a sus empleadas: "Ese tío no tiene necesidad de forzar a nadie. Si quiere mambo se puede pagar tres volquetes de putas al día".
La mecánica de la acusación: dolor, horas y falta de sueño
El detalle más comentado es la justificación: "él sentía mucho dolor y eso lo calmaba". Los comentarios burlones apuntan a que la práctica sexual se presenta como "terapéutica" y que la denunciante no se queja del acto en sí, sino de no poder dormir: "lo jodido es que no durmiera". También se bromea con la posibilidad de un "careo de anos" para identificar al cantante. El comunicado de Julio Iglesias, si bien niega, no ofrece más detalles.
La pregunta que queda en el aire es si la denuncia llegará a los tribunales y si habrá más testimonios. Por ahora, el debate se ha convertido en un termómetro del hartazgo ciudadano ante lo que muchos consideran un uso partidista de las acusaciones de abuso sexual. La presunción de inocencia choca con la credibilidad concedida a las víctimas en la narrativa oficial, y el resultado es una brecha entre quienes ya no se creen nada y quienes sostienen que hay que escuchar a las mujeres.
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