El lobo terrible vuelve: dos cachorros y un debate sobre qué es exactamente
Dos cachorros llamados
Romulus y Remus nacieron el
1 de octubre de 2024 y la empresa que los creó,
Colossal Biosciences, los presentó como los primeros animales «desextinguidos» de la historia. El lobo terrible llevaba más de
10.000 años fuera del mapa. La reacción inmediata fue la esperada: ganas de ver un dodo asado y chistes sobre safaris con taparrabos. La segunda reacción, más incómoda, fue preguntar qué hay de lobo real en esos dos animales y qué hay de marketing.
La técnica, resumida sin adornos: se toma ADN de restos del animal extinto, se copia mediante edición genética y se implanta en una especie viva que hace de madre de alquiler. El resultado es un híbrido, no un clon. La discusión técnica que recorre todo el asunto es cuánto porcentaje de ese genoma pertenece al lobo original y cuánto al lobo actual que prestó el útero y el ADN que faltaba.
¿Qué es en realidad el animal que han creado?
Según un participante, el lobo terrible no es un
Canis lupus. Comparte antepasado remoto con el lobo gris, pero está más cerca del chacal que del lobo común. Eso significa que, en su opinión, lo presentado como resurrección es, en la práctica, un
lobo gris con un puñado de genes quiméricos insertados. No es una subespecie recuperada: es un organismo nuevo con retales de otro.
Hay quien lo compara con cruzar subespecies de lobo entre sí, algo que ocurre de forma natural —los coyotes y lobos ya producen descendencia fértil en Estados Unidos— y quien sostiene que la distancia genética aquí es de otro orden. La discrepancia no es menor: si el genoma donante domina, lo que hay en el cercado es un lobo gris caro.
Por qué el mamut sigue siendo el verdadero examen
El siguiente objetivo declarado es el mamut lanudo, y ahí aparece el problema que, según un participante, la propaganda omite. Se tienen muestras relativamente completas del ADN nuclear del mamut, pero falta el
ADN mitocondrial del óvulo, que solo puede aportar una hembra de la propia especie. Lo más que se puede hacer es meter el núcleo en un óvulo de elefanta y confiar en que la parte mitocondrial haga su trabajo. No lo hará: son especies demasiado distintas.
El mamut, además, sobrevivió en el norte de Rusia hasta fechas bastante recientes y no era mucho más grande que un elefante adulto, según un participante. No se ha clonado antes porque no era rentable. Nadie quiere un elefante lanudo como mascota.
El negocio detrás de la resurrección
La pregunta que ordena todo lo demás es quién paga. La investigación de estas técnicas exige capital privado, y quien pone la pasta elige la especie. El primer zoológico que exhiba un mamut se forra. No hay enmienda ecológica en el horizonte: hay taquilla.
Eso no invalida el avance técnico. Refinada la herramienta, el escenario que se dibuja es el de cuerpos resucitados vendidos al mejor postor, con el añadido de que soltar un animal extinto hace 10.000 años en el monte y declararlo autóctono tiene implicaciones para ganaderos y gestores de fauna que nadie ha discutido en público.
El dodo y el lobo de Tasmania: los candidatos lógicos
Si el criterio es la viabilidad técnica y no el espectáculo, hay dos nombres que aparecen una y otra vez. El dodo, porque un huevo es más sencillo de manipular que un útero de mamífero. Y el lobo de Tasmania, cuyo ADN está secuenciado y que podría usar marsupiales más pequeños, como el diablo de Tasmania, como úteros de alquiler.
El cuello de botella real está en el ADN mitocondrial del óvulo, que tiene que ser de la especie original. Sin eso, todo lo demás es aproximación. Con eso, la puerta se abre de verdad.
Al final, la pregunta que descoloca no es si pueden hacerlo. Es si el animal que han traído de vuelta es el que se extinguió o el que les convenía fabricar.