Se revenden chabolas en Ceuta: 25 euros por una casa sin título
¿Se puede poner precio a una chabola levantada sobre un suelo que no es tuyo y venderla como quien traspasa un bar? En la Playa del Trampolín, en Ceuta, alguien ha hecho exactamente eso: desprenderse de su caseta —y del sitio que ocupa— pidiendo 25 euros, negociables. Lo emitió En Boca de Todos, el espacio de Cuatro con Nacho Abad, en un reportaje de diez minutos disponible en Mediaset Player. El asunto tiene guasa, pero también fondo: en el margen del mercado inmobiliario ha brotado un mercado secundario de infravivienda que replica sus peores vicios.
Qué se vende exactamente en la Playa del Trampolín
No hay contrato, ni escritura, ni título. Hay una transmisión de hecho: quien se va cobra, quien llega ocupa. Esa es la mecánica que describe el reportaje y la que ha disparado las comparaciones. Hay quien sostiene que se trata de la misma especulación inmobiliaria de siempre, solo que sin catastro ni notaría de por medio. En contra pesa un detalle incómodo: el suelo tampoco pertenece a quien lo vende.
El argumento del mercado, sin ironía ninguna
La frase que resume el fenómeno —«es el mercado»— se ha repetido con retintín. En la práctica funciona igual: si alguien paga por una construcción sin papeles, el asentamiento entra en una lógica de precios y de expectativas. De ahí salen los escenarios que la propia dinámica hace verosímiles: segundas y terceras plantas para ampliar, una declaración de zona tensionada sobre el barrio, o el chiste serio de que un fondo de inversión compre el conjunto y multiplique la cifra por cien. Nada de eso está encima de la mesa hoy. Son hipótesis que el caso permite imaginar.
Las comparaciones históricas —la ocupación de tierras en Norteamérica, con cuerdas y escopetas— funcionan como recurso retórico, no como dato.
El reportaje también se lleva su parte de reproche
No toda la crítica apunta al asentamiento. Una parte del análisis sostiene que el interés televisivo por el barrio tiene más que ver con la audiencia que con la situación real de quienes viven allí, y apunta que la mirada se detiene en la anécdota y no en por qué existe ese suelo. También circulan descalificaciones por el origen de los ocupantes: son opiniones sin datos que las sostengan y aquí no se reproducen.
Queda lo evidente. Un Estado que no aparece para dar títulos, ni para urbanizar, ni para garantizar servicios aparece siempre justo a tiempo de declarar zona tensionada.