Kissy Chandiramani, vicepresidenta de Ceuta: el apellido que incomoda
El nombramiento de Kissy Chandiramani como vicepresidenta de Ceuta ha trasladado a la primera línea un asunto incómodo: de dónde vienen quienes gobiernan las dos ciudades autónomas. Lo que se discute no es su gestión, todavía sin recorrido, sino su apellido.
El apellido como termómetro del poder
Como señala un participante en el debate, buena parte de la población se apellida Rodríguez, Sánchez o García. Según su impresión, en las papeletas electorales abundan en cambio los apellidos compuestos y de origen extranjero. Ese contraste, señalado con sorna en la conversación pública, alimenta una sospecha recurrente: que la clase política no se parece a quien la vota. La discusión sobre Chandiramani es la última versión de ese recelo.
Ceuta, Melilla y el peso del comercio
En el debate se da por hecha la existencia, en las dos ciudades autónomas, de una comunidad de origen hindú con presencia histórica en el comercio. Se sostiene que su capacidad económica le ha abierto la puerta a la política local. Es un argumento que circula, no un hecho probado. Junto a él aparecen reacciones hostiles hacia el origen de la vicepresidenta, con afirmaciones conspirativas sobre comunidades enteras que no se sostienen.
Hay quien lee el caso como simple pluralidad: la democracia no exige apellidos castellanos. Otros lo interpretan como síntoma de una élite desconectada del votante. Con el foco puesto en su apellido, la pregunta sigue sin respuesta: ¿molesta el apellido o molesta que gobierne?