Fitch avisa: frenar inmigración ralentiza el PIB, pero la renta per cápita es otra historia
¿Es la inmigración un motor indispensable del crecimiento económico español o es un espejismo que maquilla las cifras agregadas? La agencia Fitch, a través de su consejero delegado Ian Linnell, advierte de que cualquier freno mínimo a la inmigración ralentizaría el crecimiento del PIB en España. Sin embargo, el debate se centra en si ese crecimiento agregado se traduce en mayor bienestar por habitante.
Los defensores del control migratorio señalan que el PIB per cápita podría aumentar si se reduce el denominador poblacional, aunque el numerador también caiga. Recuerdan el caso de Polonia, que creció al mismo ritmo que España el año pasado pese a perder población. Por su parte, los partidarios de mantener el flujo migratorio se apoyan en datos del Banco de España: la población extranjera aportó entre 0,4 y 0,7 puntos al crecimiento anual del PIB per cápita entre 2022 y 2024, sobre un 2,9% total. Eso sí, la contribución a la productividad por hora fue ligeramente negativa.
La cuestión de fondo es si la inmigración cubre necesidades estructurales del mercado laboral o si, como apuntan algunos, agrava problemas como la vivienda y la saturación de servicios públicos. Mientras Fitch pone el foco en el PIB agregado —el indicador que mira Wall Street—, el ciudadano de a pie observa la evolución de su salario real y el precio de los alquileres. El consenso brilla por su ausencia. Ironías del destino: la misma agencia que advierte del freno migratorio es la que califica la deuda soberana española, una deuda que crece con cada nuevo habitante que consume servicios públicos sin haber cotizado toda una vida.