El rescate que delata la burbuja: Altman pide 50.000 millones a Trump
Sam Altman ha cruzado la línea roja. El CEO de OpenAI ha solicitado al presidente Donald Trump una inyección de 50.000 millones de dólares a cambio del 5% de la compañía. Cuando una empresa privada, con la valoración más alta del sector, llama a la puerta del gobierno, es que algo huele mal. Las cuentas no cuadran: la IA es demasiado cara para las empresas, los tokens se disparan y su implementación real está a años vista, según datos del debate.
El escenario recuerda a las vísperas de otras burbujas. Mientras las grandes tecnológicas chinas absorben startups del Valle del Silicio, los inversores empiezan a recoger velas. Nadie quiere ser el último en salir, como ocurrió con la plataforma Terra. Hay quien ya lo llama el 'momento Burry', en referencia al inversor que anticipó la crisis de 2005. La diferencia es que aquí no harán falta dos años para ver el desplome.
¿Estallido o corrección?
No todos lo ven tan claro. Algunos analistas señalan que lo que ha estallado es solo OpenAI, mientras que otras empresas –como xAI de Elon Musk con su modelo Grok– siguen operando a pérdidas pero con planes de gasto multimillonarios, incluyendo centros de datos en el espacio. El problema, como advierten otros más escépticos, es que se ha pronosticado la burbuja tantas veces que cuando realmente caiga –y caerá más de un 20%– la reacción será un tibio 'y a mí qué'.
Pero el dato clave no admite discusión: una compañía que pide al gobierno que la compre no está en su mejor momento. Las matemáticas son tozudas. La pregunta es si el resto del sector seguirá el mismo camino o si, como algunos creen, los mercados ya están controlados por la propia IA y será ella quien decida su destino. Hasta entonces, el escepticismo es la postura más sensata.