Ceuta: el problema es la falta de humanidad, según el buenismo
Imaginen la frontera de Ceuta: una valla, una ciudad autónoma y una frase que ha sentado como un tiro. «El problema en Ceuta es la falta de humanidad», soltó la Cadena Ser. La reacción no se hizo esperar, y no precisamente para aplaudir.
Quienes se oponen al discurso humanitario responden con ironía: si falta humanidad, que los que predican empiecen por abrir sus casas. Se menciona a responsables públicos que reclaman solidaridad sin dar ejemplo. La acusación de «buenismo» —esa actitud que evita decisiones firmes bajo una apariencia moral— planea sobre cada intervención.
El buenismo como coartada
El término, popularizado en el debate político, se usa para desactivar cualquier crítica que ponga los derechos por delante del control. En esta discusión, el buenismo se convierte en la coartada perfecta para no hablar de cifras ni de gestión. Se argumenta que el humanitarismo abstracto no resuelve la presión migratoria, y que la falta de humanidad no es solo un problema de actitud, sino de recursos.
La cifra que nadie contextualiza
A lo largo de la controversia, la única cifra que circula es la de 40.000, sin fuente ni contexto. Es la prueba de que el debate se mueve en el terreno de los principios, no de los datos. Mientras unos hablan de humanidad, otros hablan de invasión, y nadie aporta una estadística oficial sobre llegadas.
El problema de Ceuta podría ser la falta de humanidad. O la falta de datos. O, sencillamente, la incapacidad de ponerse de acuerdo en lo que significa la palabra «humanidad» cuando hay una valla de por medio.