La clase media española ya no puede pagar vivienda ni coche
¿Cuánto hay que ganar para comprar un piso y un coche nuevo en España? La respuesta, con los datos encima de la mesa, es que ni siquiera el salario medio llega. El precio de la vivienda ha subido varias veces más rápido que los salarios, y prácticamente todos los coches de primera mano resultan inaccesibles para el trabajador corriente. Mientras tanto, la sanidad y la educación se han deteriorado y masificado. Esta es la fotografía que las estadísticas oficiales no acaban de mostrar.
La ecuación del salario medio: no cuadra
Un desglose tipo del coste de la vida en España arroja estas cifras: un coche normal cuesta 30.000 euros; un piso, 240.000 como poco, más la entrada y los gastos; alquilar una habitación sale por 500-600 euros al mes; un piso completo, por 1.000-1.200; y un bocata con bebida y café, por 15 euros. Para el salario más habitual, de 1.300 euros al mes, la ecuación es imposible. La pregunta entonces es: ¿por qué se empeñan en llamarse clase media quienes están a una semana de la indigencia? Como se ha señalado, trabajar debería dar para vivir con unos mínimos, pero hoy un sueldo medio solo permite una tienda de campaña, una habitación de las chungas y mal comer.
Vivienda: el 50% del precio es suelo e impuestos
La clave está en la vivienda. Nadie construye pisos baratos porque el suelo urbanizable es escaso y los impuestos se llevan la mitad del precio final. La demanda, además, está disparada: cada año entran 500.000 nuevos habitantes en un país que ya ronda los 50 millones. Oferta mínima y demanda brutal: la receta perfecta para que los precios se disparen. No hay monopolio de alquileres, sino escasez artificial para hacer subir los precios y recaudar en proporción. Mientras tanto, los rentistas que proveen vivienda en alquiler son pocos y exigen rendimientos que el mercado no da, así que la oferta se estrangula aún más. El resultado es un juego de la silla inmobiliaria, donde quien no tiene patrimonio se queda fuera.
El coche nuevo es un espejismo
El otro gran indicador de clase media, el coche nuevo, también se ha vuelto inaccesible. Pero no porque no se vean: se ven como nunca. La trampa es el endeudamiento. El 80% de los coches nuevos en España se adquiere ahora mediante renting, leasing o financiación a 7-8 años. Un chaval de 24 años con un BMW de 45.000 euros está pagando 450 euros al mes durante 8 años y no tiene 1.000 euros ahorrados. Tú ves el coche, no ves la deuda. Y mientras tanto, los que no pueden endeudarse se conforman con un Dacia o un MG, también en renting, porque el mercado ha decidido que el trabajador corriente no puede comprar.
Las dos velocidades de España
La consecuencia es la consolidación de un país a dos velocidades. De un lado, los que tienen vivienda pagada o heredada, funcionarios, jubilados y afortunados, que pueden permitirse viajes y terrazas. Del otro, los trabajadores de la privada con puestos poco cualificados, incorporados al mercado laboral en los últimos 5 años, que no llegan a fin de mes y dependen de casa de papis o de una habitación de alquiler. Como se ha repetido, si alguien no tiene ya vivienda en propiedad y pagada, no es clase media, es clase trabajadora y pobre. El mercado, por su parte, es eficiente para subir precios pero vago para subir sueldos: la oferta y la demanda solo funcionan en una dirección. Sube el aceite de oliva un 300% y es el mercado; sube el alquiler un 50% en 4 años y es el mercado; pides que tu sueldo suba un 10% para compensar y no se puede, hay que ser competitivos.
El modelo económico: parque temático y deuda
Detrás de todo esto hay un modelo económico que ha apostado por el turismo y el sol y playa, con poco valor añadido. España se ha convertido en el parque temático de Europa, pero eso no genera riqueza para el trabajador. Además, la sostenibilidad es dudosa: se argumenta que el 70% de la población cobra un salario público financiado con deuda, un espejismo que se caerá cuando el dinero del futuro se acabe. Los fondos de inversión ya se están deshaciendo de los pisos para poner el foco en tierras agrícolas, lo que sugiere que la rentabilidad inmobiliaria tiene fecha de caducidad. Y cuando el turismo caiga, la caída será dura.
La ironía final: mientras los analistas discutimos sobre si esto es una nueva Edad Media o un tecnofeudalismo, la clase media, que fue la piedra angular de la sociedad de consumo pos-SGM, está desapareciendo sin que las estadísticas lo reflejen. Los que quedan se endeudan para parecer que siguen ahí. Pero como se ha dicho, España es un juego de sillas musicales en el que, cuando pare la música, el 70% se quedará sin asiento. Y entonces no habrá ni siquiera un coche financiado para llorar.