CEOE apuesta por inmigración para cubrir vacantes técnicas
¿De dónde van a salir los ingenieros que necesita España? La patronal CEOE tiene clara la respuesta: de la inmigración. En un contexto de envejecimiento demográfico y déficit de talento técnico, la organización que preside Antonio Garamendi ha puesto sobre la mesa una apuesta polémica: los trabajadores extranjeros no solo cubrirán empleos básicos, sino que serán los ingenieros que la economía digital reclama.
El problema de fondo: ni se forma ni se retiene
El planteamiento de la CEOE choca con una realidad tozuda: España forma ingenieros, pero los pierde. La fuga de talento hacia el norte de Europa y la precariedad laboral en sectores técnicos desincentivan la vocación. Mientras tanto, los procesos de automatización avanzan despacio comparados con Japón o Alemania. Alguien tendrá que manejar las máquinas, y si no hay nacionales, la solución es traerlos de fuera.
Escepticismo ante el relato oficial
Lejos del optimismo de la CEOE, una corriente de análisis sostiene que el discurso choca con la realidad del mercado laboral. Se señala que muchos de los puestos que se ofrecen son temporales y mal pagados, muy lejos de la imagen del ingeniero cualificado. La promesa de un futuro técnico brillante para los inmigrantes suena a unos oídos como un brindis al sol, cuando la experiencia muestra que la mayor parte de la demanda se concentra en hostelería y servicios básicos.
El debate sobre la inmigración cualificada
Hay quien defiende que la inmigración siempre ha sido motor de innovación, y que las cifras de entrada de titulados superiores son significativas. La CEOE se agarra a esos datos para justificar su postura, aunque no ofrece cifras concretas sobre cuántos ingenieros extranjeros acaban realmente en puestos acordes a su formación. La sospecha de que se busca mano de obra barata disfrazada de relato modernizador recorre el debate.
Ironía final: el mismo cuento de siempre
Lo curioso es que el argumento no es nuevo. Cada ciclo expansivo, la patronal redescubre las virtudes de la inmigración para cubrir los puestos que nadie quiere - o que no se pagan lo suficiente -. Mientras la automatización siga siendo una asignatura pendiente y los salarios técnicos no se equiparen a los de nuestros vecinos, el discurso del ingeniero inmigrante sonará más a parche que a plan de futuro.