Portbou, 1990: la turista hallada colgada y el forense que no fue
Una joven centroeuropea aparece colgada de un pino en Portbou, en el verano de 1990. Tenía poco más de veinte años, viajaba sola por Europa y su plan era pasar el día en Siena. Nunca llegó. El cuerpo se encontró en un terreno encrespado, de noche, sin heridas en las plantas de los pies. Ese detalle, que hoy parece obvio, tardó años en llegar a manos de quien debía interpretarlo: el forense no se personó el día del levantamiento.
El caso, cerrado en falso durante décadas, ha vuelto a la conversación pública gracias a un documental de
Crims, el programa de Carles Porta en TV3. Lo que el relato oficial despachó como un suicidio choca con una pregunta incómoda: ¿por qué una chica sin problemas conocidos, sin dinero suficiente para volver y con un billete de tren a Italia acaba ahorcada a 900 kilómetros de su ruta?
Qué pasó en Portbou aquel verano
El municipio gerundense era entonces un puesto fronterizo con Francia por carretera y ferrocarril. La presencia policial era densa: un cuartel de la Guardia Civil y una plantilla de la Policía Armada en la estación que, según una fotografía de la época, rondaba los catorce agentes. Según un cálculo que circula en el debate, entre unos y otros podía haber una treintena de efectivos en un pueblo pequeño.
En ese contexto, un grupo de jóvenes austriacos acampaba cerca del lugar donde apareció el cuerpo. Hablaban alemán, el mismo idioma que la víctima, originaria de una región del norte de Italia donde se habla esa lengua. Se quedaron en la zona, declararon que no habían visto ni oído nada y regresaron a su país. Años después, cuando los periodistas han intentado contactar con ellos, la respuesta ha sido seca y esquiva: uno de ellos se habría negado incluso a facilitar los datos del resto del grupo.
El forense que no fue y el informe que llegó tarde
El forense Lacacci no se desplazó el día del suceso. Alegó, según se recoge, problemas de desplazamiento con su coche personal y discrepancias con la administración. Cuando años después revisó las fotografías del expediente de la Guardia Civil que no había visto entonces, su conclusión cambió: fue un asesinato, y probablemente dos personas colgaron a la chica cuando esta se encontraba privada de sentido.
Ese giro es el corazón del caso. Si el forense hubiera estado allí el primer día, habría identificado a una joven centroeuropea, habría visto que no llevaba las piernas depiladas —un indicio que apuntaba a un origen alemán— y habría descartado el suicidio en solitario en un terreno abrupto y de noche. La cadena de errores no terminó ahí: el cuerpo fue enviado a la fosa común sin autorización judicial, lo que dejó a la familia sin restos sobre los que llorar.
La hipótesis de los austriacos: qué sostiene y qué no
La corriente de análisis más repetida apunta al grupo de jóvenes austriacos. Los argumentos: hablaban el mismo idioma, acamparon a pocos metros, no colaboraron después y uno de ellos tenía conocimientos de nudos. Se sostiene que la chica pudo subir a su furgoneta en Francia, viajar con ellos hasta España y que algo se torció esa noche: una discusión, una sobredosis accidental, una asfixia. Después, colgarla para simular un suicidio.
En contra pesa un dato físico: cruzar dos fronteras con un cadáver en una furgoneta atestada de gente es, cuando menos, temerario. Y no hay análisis de sangre que confirme la ingesta de drogas. Nunca se practicó. La Guardia Civil no retuvo ni interrogó a fondo a los jóvenes, que se marcharon a su país sin que se les volviera a molestar.
Por qué el caso sigue abierto en la práctica
En Austria e Italia el homicidio no prescribe. En España, sí. Esa asimetría jurídica explica la rabia de quien sigue el caso: si los sospechosos hubieran sido investigados en su país, el expediente seguiría vivo. Aquí, la causa se cerró y la familia se quedó sin justicia y sin restos.
El documental de TV3 logró lo que ni la Guardia Civil ni la Justicia habían conseguido: identificar a la chica. Un programa de televisión hizo el trabajo que el Estado había abandonado. La pregunta que sobrevuela todo el caso no es quién la mató, sino por qué nadie quiso averiguarlo.
Nota: este artículo se basa en el material del debate y en las informaciones publicadas sobre el caso. Las hipótesis sobre la autoría no han sido confirmadas judicialmente.