El relevo de Sánchez no arreglará la economía española
El debate no es si Sánchez debe irse. Es si su salida cambia algo. La tesis que recorre la discusión es que el sucesor más probable, Feijóo, aplicará las mismas políticas económicas con otro envoltorio: más torpeza, menos margen y la misma sumisión a Bruselas. El ejemplo alemán se usa como espejo: el electorado echó al gobierno socialista de Scholz y el supuesto centroderecha mantuvo el rumbo, endureció la represión y no frenó la inmigración. El diagnóstico compartido es que el problema no es el inquilino, sino el edificio.
Qué pasó en Alemania y por qué se usa como aviso
El caso alemán funciona como experimento natural. Se argumenta que el electorado castigó al gobierno socialista de Scholz para poner al «PP alemán» y el resultado fue continuidad: más inmigración, más destrucción económica y niveles de represión que, según esta lectura, alcanzan máximos. La conclusión que se extrae es que el centroderecha gestiona el mismo programa con otra cara.
Hay quien sostiene que España repetirá el guion. El sucesor de Sánchez, se recuerda, propuso multar con 60.000 euros a quien no se vacunara contra el Covid, una medida que solo la justicia frenó. Ese precedente se usa para desmontar la etiqueta de moderado. La pregunta que sobrevuela es si alguien que intentó eso puede presentarse como garantía de libertades.
La crítica se extiende a Bruselas. Se señala que el mismo candidato votó por renovar a Von der Leyen, impulsora de las leyes DSA y Chatcontrol y del euro digital, y por políticas que, según esta corriente, destruyen los sectores agrícola y ganadero europeos. El argumento es que el eje PP-PSOE comparte proyecto continental.
El cálculo que nadie discute: la caja se vacía igual
El núcleo económico del debate es más prosaico. Se sostiene que ningún partido tocará inmigración, vivienda, tejido productivo ni déficit mientras haya dinero en la caja. La razón es electoral: hacer política real implicaría ir contra los ingresos de millones de pensionistas y de una parte de la población que recibe nómina del Estado. El cálculo que circula habla de hasta 15 millones de votantes afectados.
La conclusión es incómoda: no habría fraude, habría mayoría. La sociedad, se argumenta, quiere este sistema porque una parte vive de él. El dinero sale de la economía productiva y el ajuste llegará cuando no quede margen. Entonces, y solo entonces, vendrán las medidas.
Los datos fiscales que se manejan apuntan en la misma dirección. Las subvenciones a fondo perdido por ministerios muestran cifras que se citan como ejemplo del despilfarro: Asuntos Exteriores, 177 subvenciones y 1.092 millones; Inclusión y Seguridad Social, 76 subvenciones y 1.334 millones; Juventud e Infancia, 7 subvenciones y 144 millones. El desglose completo, partida a partida, deja una imagen que sorprende.
El escenario que se dibuja tras el relevo
La predicción dominante es que un gobierno de PP y Vox no mejorará nada y probablemente empeore la calle. Se esperan huelgas, sabotajes y violencia, con una diferencia clave: la izquierda mediática dejaría de defender al gobierno y usaría toda su energía para amplificar cada error. La aquiescencia cómplice que hoy existe desaparecería.
Hay quien va más lejos y sostiene que el sucesor es «más tonto que Rajoy» y un peligro, hasta el punto de preferir que siga Sánchez. Otros creen que la represión brutal sería el acicate para que la población reaccione. Y una tercera corriente avisa de que el nuevo gobierno heredaría datos económicos y de empleo tan poco fiables como los que Grecia presentaba antes del rescate.
La única coincidencia real es que el malestar no se irá con Sánchez. Se quedará, con otro inquilino en La Moncloa y la misma estructura intacta.
Al final, el dato que descoloca no es político. Es aritmético: mientras la caja aguante, nadie tocará nada. Y la caja, según los números que se manejan, tiene fecha de caducidad.