La cuenta 123 del Santander pierde brillo: del 3% al 1,9% real
La cuenta 1|2|3 del Banco Santander se vendió como la cuenta remunerada definitiva: un
3% de interés para todo el saldo por encima de los 3.000 euros, sin permanencia y con la promesa de que el dinero estaría disponible en cualquier momento. Meses después, el propio contrato que el banco pone delante a un clic de la firma desmonta parte del folleto. El tipo se aplica
por tramos de saldo, no al total, y la letra pequeña añade comisiones que recortan la rentabilidad anunciada. La pregunta que sobrevuela el asunto es sencilla: ¿cuánto queda de aquel 3% cuando se descuentan mantenimiento, tarjeta e impuestos?
El desembarco de la cuenta en el mercado minorista español se produjo con una campaña agresiva. Nómina domiciliada, recibos, compras con tarjeta y un saldo mínimo de 3.000 euros. A cambio, remuneración sobre el ahorro y devolución de recibos. Sobre el papel, un producto redondo para la clase media que había sobrevivido a lo peor de la crisis. En la práctica, un laberinto de condiciones que cada año se estrecha un poco más.
Qué exige realmente la cuenta 1|2|3
El contrato que el banco muestra antes de aceptar la contratación ocupa decenas de páginas y modifica de paso otros contratos vinculados: cuenta, tarjeta, banca online y custodia de valores. Entre las condiciones, la domiciliación de nómina o transferencia periódica de al menos
600 euros, tres recibos domiciliados y un uso mínimo de la tarjeta. Hay quien sostiene que basta con una transferencia programada desde otra entidad y que el banco no comprueba el origen de los fondos; el propio servicio de atención telefónica habría confirmado esa vía, aunque la respuesta cambia según con quién se hable.
El perfil al que se dirige el producto no es el del ahorrador con dos ceros en la cuenta. Un director de sucursal lo resumía sin paños calientes: la cuenta es para quien tiene nómina, recibos y al menos
12.000 euros ahorrados. Quien no encaje en ese molde y se meta, acaba pagando. La advertencia no es menor en un país donde la mitad de los hogares no tiene colchón para imprevistos.
El 3% que se queda en un 1,9%
La remuneración estrella se aplica, según la versión oficial, a todo el saldo por encima de 3.000 euros. Con 15.000 euros en cuenta, el titular recibiría intereses por el total. Pero el contrato introduce una escala por tramos y un ejemplo numérico que contradice el texto: la suma de intereses de cada tramo no coincide con el cálculo sobre el total. Ni el propio banco se aclara, y quien ha llamado varias veces al teléfono de atención ha recibido respuestas distintas.
A eso se añaden las comisiones. La tarjeta de crédito, antes opcional, pasa a ser obligatoria y cuesta
3 euros al mes. El mantenimiento ya existía y no sube, pero el resultado es el mismo: la rentabilidad neta cae. El cálculo que circula entre los clientes más meticulosos es contundente. Si antes se ingresaban
27 euros al mes por 15.000 euros, ahora quedan 24. Anualizado, eso deja un
1,68% bruto antes de impuestos, o un
1,9% real una vez descontadas comisiones. La TAE, según esa misma contabilidad, baja del 2,7% al 2,4%.
La trampa de la acción regalada
Entre las condiciones de contratación aparece un obsequio que se ha convertido en chiste recurrente: una acción del banco valorada en
6,6 euros. El problema es que la comisión mínima de venta de esa acción es de
7,5 euros. Es decir, el regalo cuesta dinero si el cliente quiere convertirlo en efectivo. Un detalle que resume el espíritu del producto mejor que cualquier folleto publicitario.
La letra pequeña también incluye la renuncia al correo postal y la firma de contratos de custodia de valores que el cliente no había pedido. Todo ello en el mismo paquete, a un solo clic de aceptación. La sensación que queda es la de un producto diseñado para que el cliente no lea, o para que lea cuando ya es tarde.
El fondo de garantía y el riesgo que no se cuenta
Una de las advertencias más serias que ha salido a la luz es la cobertura del Fondo de Garantía de Depósitos. Según una información publicada por
ctxt, la cuenta 1|2|3 no estaría cubierta hasta los
100.000 euros por titular, lo que introduce un riesgo que la publicidad omite. Es un punto que ha pasado desapercibido en la mayoría de las comparativas y que conviene verificar con el propio banco antes de mover el patrimonio.
La alternativa que muchos clientes manejan es sencilla: repartir el dinero entre varias entidades.
50.000 euros en COINC y
15.000 en el Santander es la combinación que algunos consideran la menos mala del mercado para quien no quiere asumir riesgo. No es una gran rentabilidad, pero es la que hay. Y quien tenga 15.000 euros y busque algo mejor sin riesgo, tiene difícil encontrar dónde.
La cuenta no tiene permanencia, pero el banco sí cambia las reglas
El argumento oficial es que la cuenta no tiene permanencia y que el cliente puede irse cuando quiera. Cierto. También es cierto que el banco puede cambiar las condiciones cuando le convenga, como ha hecho. La rebaja de la rentabilidad real ha sido del
2,2% al 1,9% en un solo año. Si el ritmo se mantiene, el próximo movimiento dejará la cuenta por debajo de lo que ofrece cualquier depósito a plazo. Y entonces la pregunta ya no será si merece la pena, sino cuánto tiempo se ha perdido en el camino.
La historia de la cuenta 1|2|3 es la historia de la banca minorista española en miniatura. Un producto que nace con una oferta imbatible, se populariza, y poco a poco se va recortando hasta que el cliente se da cuenta de que el 3% del cartel nunca fue del todo cierto. El que avisa no es traidor, pero el que firma sin leer, paga.