Ceuta y Ucrania: dos invasiones, el mismo doble rasero de las élites
España soporta, según la cifra que circula en el análisis, la llegada de diez millones de personas en situación irregular. A eso no se le llama invasión: se le llama gestión migratoria. Rusia invade Ucrania con tanques y misiles, y ahí el relato moviliza a toda la maquinaria política. La paradoja es que, en ambos escenarios, es la misma capa social la que dicta la regla moral, con consecuencias opuestas para los de abajo.
El mismo engranaje, dos guiones distintos
En Ceuta, la presión migratoria compite con los trabajadores locales por empleos precarios. El que protesta se enfrenta al sambenito del delito de odio. En Ucrania, lo que se disputa es el control de los ministerios y de las grandes empresas; el que duda recibe el marbete de traidor. En ambos casos, quienes dictan la moral son los mismos: una élite que no comparte barrio con quien sufre la competencia. La solidaridad, se ha dicho, es un lujo para el que tiene los hijos en un colegio de pago y una sicav con la que cubrirse las espaldas.
Cuando el bolsillo de arriba tiembla, la bandera se agita sola
El ejemplo que lo ilustra es YPF. La expropiación argentina provocó un escándalo nacional y titulares sobre la agresión exterior. Los perjudicados eran accionistas de Repsol, en su mayoría residentes fuera de España. Sin embargo, por los diez millones de pensiones que sostienen el sistema, no hay telediario que se moje. A eso se llama gestión económica responsable. El patriotismo de la élite, se concluye en el análisis, es directamente proporcional al tamaño de su patrimonio.
La pregunta que queda flotando: si el puesto de un consejero delegado en el Ibex 35 estuviera en juego por una amenaza exterior, ¿cuántas vidas estaría dispuesta a quemar la misma clase que ahora exige sacrificios por Ucrania? Nadie lo ha respondido con datos sobre la mesa.