Cientos de inmigrantes cruzan a nado a Ceuta pese a la vigilancia
Cuatro cadáveres en 24 horas, más de cien menores entre los que llegaron a nado, y un sistema de vigilancia con drones, láser y cámaras térmicas. La frontera marítima de Ceuta, una de las más sensibles de Europa, ha vuelto a escenificar la brecha entre el despliegue tecnológico y la realidad sobre el terreno.
Drones, láser y un coladero en el Tarajal
El operativo se activa al caer el sol. Mientras los bañistas abandonan la playa del Tarajal, la Guardia Civil despliega un dron que sobrevuela el agua en busca de nadadores. Un sistema láser marca su posición para las patrulleras. Los datos, sin embargo, dibujan otra imagen: cientos de personas entran en la ciudad autónoma, y la cifra de menores supera el centenar. La localización de cuatro cadáveres en la costa eleva la tragedia a otra dimensión.
El efecto de prohibir las devoluciones en caliente
El debate sobre la legalidad de las expulsiones inmediatas condiciona la respuesta. Desde que el Tribunal Supremo limitó las devoluciones en caliente, las redes en Marruecos se han convertido en altavoz de los intentos de cruce, con vídeos que animan a las tentativas y un embolsamiento de más de 5.000 personas dispuestas a arriesgarse. La Guardia Civil, entre obligaciones legales y presión migratoria, se limita a contener sin poder devolver.
La sombra de la soberanía: EEUU y Netanyahu
La crisis no es solo humanitaria: es también geopolítica. Un informe del Congreso de Estados Unidos cita Ceuta y Melilla como “territorios de Marruecos”, y Yair Netanyahu, hijo del primer ministro israelí, ha sugerido a los “árabes y musulmanes” que empiecen por estos enclaves si quieren liberar territorios ocupados. Declaraciones que enfatizan la debilidad de la posición española y alimentan la tensión con el vecino.
Mientras unos reclaman más mano dura y otros exigen acogida para los menores, el sistema camina sobre una cuerda floja: la tecnología ha encarecido la vigilancia, pero no ha disuadido a quienes arriesgan la vida. La pregunta incómoda sigue en el aire: ¿cuánto dinero y qué modelo de frontera hacen falta para que Ceuta deje de ser noticia por estas razones?