CUATERBAC
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El modelo económico actual, centrado en el crecimiento constante, parece beneficiar a las élites mientras la mayoría de la población sufre. Surge la propuesta de una economía local y pública que priorice las necesidades reales.
La economía, ese motor que mueve el mundo, se ha convertido en un tema de debate candente. ¿A quién sirve realmente? ¿A la mayoría de la gente, o a un grupo reducido que acumula fortunas sin aparente fin? La idea de que el sistema actual, a menudo descrito como liberaloide, está diseñado para exprimir a la población en beneficio de unas élites es una preocupación que resuena. Se nos dice constantemente que necesitamos crecer y crecer, que más producción y más consumo son la clave, pero la pregunta es: ¿qué es lo que realmente crece para la gente común?
El mantra del crecimiento económico constante se ha instalado en nuestra mentalidad. La idea es que necesitamos que cada vez más personas trabajen y consuman más, impulsando así la economía. Pero, ¿qué significa ese crecimiento en términos prácticos para la vida de las personas? ¿Se traduce en un aumento de sus ahorros, en un mayor poder adquisitivo o en una mejora tangible de su calidad de vida y esperanza de vida? Los datos sugieren que, para muchos, la respuesta es un rotundo no. Mientras tanto, la riqueza parece concentrarse cada vez más en manos de unos pocos.
Frente a este panorama, se plantea la necesidad de un modelo económico diferente. Una propuesta apunta hacia un sistema paneuropeo, quizás con tintes fascistas en su organización, pero con un objetivo claro: que una red de compañías públicas se dedique a producir aquello que realmente se necesita. La clave estaría en la producción a nivel local, dentro de las propias fronteras, optimizando los medios de producción y distribución. El fin último sería un reparto de la riqueza que permita a la gente vivir bien, en lugar de que esta se acumule en pocas manos mientras la vida de la mayoría se convierte en un infierno.
La pregunta fundamental que surge es por qué tantos parecen defender los intereses de quienes, según esta visión, actúan como verdugos o esclavistas, en lugar de apostar por aquello que podría beneficiar directamente sus propias vidas. Es un llamado a reflexionar sobre las prioridades y a cuestionar el modelo que, para muchos, no está cumpliendo su promesa de bienestar general.
Me parece flipante que a…
Como siempre, clamas…
Esto me lleva…