Ceuta y Melilla: la sangría demográfica silenciosa desde 2015
Ceuta y Melilla pierden población nacida en España desde 2015. Las estadísticas oficiales reflejan una salida silenciosa mientras crece el peso de los residentes de origen marroquí. Un informe que recoge este cambio apunta a dos motores: la influencia creciente de la comunidad musulmana-magrebí en la vida pública —con hitos como la imposición de menús halal en los colegios públicos en 2025— y una tasa de paro que sigue siendo la más alta de España.
El paro y el cambio social como motores de la salida
La tasa de desempleo en ambas ciudades autónomas es la más alta del país, pero lo es mucho más entre los extranjeros. Esa brecha, junto con la percepción de un cambio cultural acelerado, explicaría la «apreciable salida» de españoles nativos que documentan las estadísticas desde mediados de la pasada década. «Cuando la fruta esté madura caerá sola» no es una expresión inocente: resume la visión de quienes creen que el cambio demográfico es una estrategia a largo plazo.
¿Estrategia de Marruecos o deriva socioeconómica?
Hay quien ve detrás una operación calculada. Marruecos actuaría como en el Sáhara Occidental: sin conflicto armado, con presión demográfica y política. La referencia a la idea de «conquista demográfica» —atribuida al expresidente argelino Houari Boumédiène— aparece en el debate para nombrar ese proceso. Frente a esa lectura, otra corriente sostiene que no hay ningún plan: es la economía la que expulsa a unos y atrae a otros, y los cambios culturales son consecuencia, no causa.
También se argumenta que las cifras oficiales no discriminan por origen nacional, lo que impide medir la magnitud real del cambio. Los censos electorales, sin embargo, apuntan a una tendencia: cuando la demografía se vuelque, la decisión política puede no depender de Madrid.
La pregunta que queda sobre la mesa es si Ceuta y Melilla se están «entregando» o simplemente transformándose. Quienes viven allí hace tiempo que eligieron bando; quienes analizan los datos, aún no. El tiempo —y los próximos censos— dará la respuesta.