La falta de personalidad en los jóvenes actuales: ¿qué pasa?

Grupo de adolescentes sentados en un bordillo con el mismo corte de pelo y móviles en la mano en una plaza

La uniformidad adolescente que incomoda a los que crecieron entre tribus​

Un grupo de quince chicos y siete chicas de instituto, sentados en la Plaza de Oriente escuchando a un profesor, disparó una observación incómoda: los quince chavales llevaban el mismo corte de pelo, y las siete chicas, el mismo pelo largo y liso con gafas de sol. Ninguno destacaba. La escena, contada por un usuario que pasaba por allí en bici, se convirtió en el punto de partida de una discusión más amplia sobre si la juventud actual ha perdido la personalidad o si, simplemente, la personalidad se expresa hoy de otra manera.

El diagnóstico inicial del usuario fue tajante: «son borregos totales». A los pocos metros, otro grupo de escolares más jóvenes, todos con el móvil en la mano, sin jugar ni gritar, confirmaba su percepción. La conclusión que extrajo fue que la juventud está agilipollada y que la sociedad europea no tiene solución. Un bonus track cerró el arranque: un trípode con un móvil plantado en medio de un paso de cebra en Atocha, y un grito al aire que una transeúnte celebró con una carcajada.

El peinado de moda como síntoma de homogeneización​

La primera reacción mayoritaria fue de acuerdo. Hace veinte años, cuando los que ahora escriben eran adolescentes, había jebis, raperos, kinkis y pijos. Había grupos diferenciados, estéticas enfrentadas y un esfuerzo consciente por no parecerse al de al lado. Hoy, el diagnóstico que se repite es que son clones sin personalidad, cortados por el mismo patrón.

La queja no es solo estética. Se apunta a que la uniformidad alcanza también al ocio, a la música y a la forma de relacionarse. Los referentes musicales que se citan son los mismos para todos, y cuando alguien descubre una canción de décadas anteriores, se convierte en fenómeno viral porque nadie de su entorno la había escuchado antes. La variedad de estímulos existe, pero el consumo es idéntico.

Hay quien va más allá y sostiene que la homogeneidad no es un accidente, sino una tendencia estructural. La sociedad tiende a igualarse, y en un horizonte de cien o doscientos años el individuo podría quedar prácticamente anulado en música, moda, trabajo e incluso genética. Las distopías que antes parecían ficción se estarían cumpliendo de forma más sutil, y frenarlas exigiría una revolución cultural que se antoja improbable.

El móvil como nuevo chupete colectivo​

La segunda escena del relato inicial —los escolares sentados, cada uno con su pantalla, sin interactuar— concentró buena parte de las críticas. La imagen del grupo mirando el teléfono en silencio se interpretó como una pérdida de infancia: nada de jugar, reírse, gritar o gastarse bromas. El móvil aparece como el nuevo elemento que uniformiza la atención y sustituye al juego compartido.

El bonus track del trípode en el paso de cebra añadió una capa más: la grabación permanente de la vida cotidiana como actividad en sí misma. La anécdota del ciclista que grita su frustración y provoca la risa de una viandante resume el malestar de una parte de la población ante lo que percibe como una invasión del espacio público por parte de las cámaras y las pantallas.

La queja se extiende al carril bici. Un ciclista equipado con casco y ropa técnica, al que se esperaba ver acelerar, se puso a manipular el manillar. No era un GPS: era el teléfono. La conclusión que se extrae es que ni siquiera en una actividad que exige atención se renuncia a la pantalla, y que la solución —pararse a hablar— no se contempla.

Los que defienden a la juventud: más variedad, no menos​

No todos comparten el diagnóstico. Una corriente minoritaria pero persistente sostiene que hay más variedad de todo ahora que hace treinta años, y que criticar lo actual se ha convertido en un deporte generacional. La mirada nostálgica sobre las tribus urbanas ignora que aquellas estéticas también eran uniformes dentro de cada grupo: los jebis vestían como jebis y los pijos como pijos. La diferencia no era individual, era tribal.

Se argumenta también que las tribus urbanas de los ochenta y noventa no eran un paraíso de personalidad, sino una grandísima basura en muchos aspectos. Ser adolescente hoy, sin esas etiquetas rígidas, podría dar más libertad que entonces. La crítica a los jóvenes se lee, desde esta óptica, como envidia disfrazada de análisis sociológico.

La discusión derivó hacia el papel de la familia y los referentes. Se apunta a que muchos adolescentes llegan a casa sin nadie que les escuche, con padres que trabajan hasta tarde, y que la falta de modelos adultos —no de peinados— es el problema de fondo. La merienda preparada y la conversación con la madre se citan como un recuerdo que hoy no siempre tiene equivalente.

La brecha generacional y el desprecio mutuo​

El tono del intercambio subió de temperatura. Una parte de los mensajes se dedicó a descalificar a los mayores que critican a los jóvenes, y otra a descalificar a los jóvenes por su supuesta falta de desarrollo. Aparecieron acusaciones de envidia, de amargura y de nostalgia mal digerida, junto a respuestas que insistían en que la juventud actual es una generación perdida.

La conversación derivó hacia terrenos más amplios: la guerra, la demografía, la inmigración y el futuro de Europa. Algunos mensajes vincularon la supuesta falta de carácter de los jóvenes con la incapacidad de afrontar conflictos futuros. Otros respondieron que esos jóvenes son exactamente los que sostendrán el país cuando los que ahora escriben ya no estén.

El intercambio se cerró sin consenso. La única coincidencia fue que algo ha cambiado en la forma de ser adolescente, aunque no hay acuerdo sobre si ese cambio es una pérdida, una adaptación o simplemente la enésima versión de una queja que cada generación lanza contra la siguiente. La escena de la Plaza de Oriente sigue ahí, y los chavales, con el mismo peinado, siguen sin enterarse de que alguien les está diagnosticando desde la acera.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Hace 20 años, cuando yo era adolescente, habían distintos grupos... los jebis, los raperos, los kinkis, los pijos... ahora son todos iguales, clones sin personalidad.»
— Manteka · Comparación generacional de estilos
«No es que sean subnormales por ir todos iguales o gilipollas porque estén siempre con el movil. Es que no tienen referentes y nadie les escucha.»
— Karl Konrad Koreander · Falta de referentes adultos
«Posiblemente hay más variedad de todo ahora que hace 30 años, pero algunos si no criticáis lo actual por criticar no os quedáis a gusto.»
— Survivor101 · Defensa de la juventud actual
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La juventud actual es uniforme y sin personalidad55%
Siempre hubo modas y la crítica es generacional30%
El problema es la falta de referentes familiares15%
📌 DATOS
Quince chicos y siete chicas de unos 15 o 16 años formaban el grupo de instituto observado
Los quince chicos llevaban el mismo peinado de moda y las siete chicas el mismo pelo largo y liso con gafas de sol
Un segundo grupo de escolares más jóvenes estaba sentado, todos mirando el móvil, sin jugar ni interactuar
Un trípode con un móvil grababa en medio de un paso de cebra en la zona de Atocha Delicias
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Por qué los adolescentes de ahora se peinan todos igual?
No hay una causa única confirmada. En el material se apunta a la imitación de referentes musicales y digitales, a la falta de tribus urbanas diferenciadas y a la ausencia de modelos adultos cercanos. La uniformidad estética se interpreta como síntoma de un consumo cultural homogéneo, no como una decisión consciente de parecerse.
¿Es cierto que los jóvenes de antes tenían más personalidad?
Depende de cómo se mida. Los que defienden a la juventud actual sostienen que había tribus urbanas, pero dentro de cada tribu también se vestía igual. La diferencia era grupal, no individual. La percepción de mayor personalidad pasada puede estar sesgada por la nostalgia de quien la evoca.
📅 EVOLUCIÓN
Mes 1 Se describe un grupo de instituto en la Plaza de Oriente con peinados idénticos y se abre el diagnóstico de uniformidad
Mes 1 Se añade el episodio del trípode con móvil en un paso de cebra y el grito del ciclista
Mes 1 Varios mensajes comparan la juventud actual con las tribus urbanas de hace veinte años
Mes 2 Aparecen defensas de la juventud actual y se cuestiona la nostalgia generacional
Mes 3 La discusión deriva hacia la familia, los referentes y el papel del móvil
Mes 6 El intercambio se cierra sin consenso sobre si la uniformidad es pérdida o adaptación
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El relato inicial describe con detalle la escena de la Plaza de Oriente y el bonus track del trípode en el paso de cebra
✓El contraste entre quienes defienden a la juventud actual y quienes la consideran una generación perdida, con argumentos de ambos lados
✓La hipótesis de la homogeneización social a largo plazo y su relación con las distopías clásicas
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