Lo que te ofrecen casi nunca es un regalo
La semana pasada, alguien preguntó en voz alta cuándo fue la última vez que alguien te ofreció algo bueno sin pedir nada a cambio. La respuesta, en nueve de cada diez casos, fue la misma: un marrón. No una oportunidad, no un chollo: un problema. Y el dato tiene más miga de lo que parece.
La economía del ofrecimiento funciona con una asimetría brutal. Quien tiene una buena oportunidad la guarda para sí o la vende al mejor postor. Quien tiene un problema busca a alguien a quien endosarlo. Por eso la mayoría de ofrecimientos que recibimos son, en realidad, transferencias de trabajo, culpa o papeleo. Una encuesta improvisada entre personas de a pie arroja un resultado contundente: la gente no viene a darte nada, viene a que te ocupes de lo suyo.
Las excepciones que confirman la regla
Hay excepciones, por supuesto. Un par de botes de miel artesanal. Un favor desinteresado. Pero son tan raras que quien las cuenta las recuerda con una precisión sospechosa. Y luego está el otro lado: a veces te ofrecen algo que parece bueno pero tiene trampa. Ofertas de dudosa procedencia, precios demasiado buenos, y al final acabas con un problema mayor. Incluso hay quien recurre a San Miguel Arcángel para que le proteja de los marrones ajenos, último recurso de quien ya no sabe decir que no.
Así que la próxima vez que alguien te prometa algo bueno, cuenta los marrones que te ha dejado antes. Y si de verdad tienes un chollo, no se lo digas a nadie: acabarás convirtiéndolo en marrón. Pero, dicho esto, ¿cuándo fue la última vez que recibiste una buena oferta? Si tienes que pensarlo demasiado, ya tienes la respuesta.