La vivienda no sube solo por el decreto: el crédito también manda
España construyó en
2007 más vivienda que Francia, Alemania e Italia juntas. Los precios no bajaron: se desbocaron. La cifra, esgrimida por quien niega que la oferta sea el único resorte del mercado, es el mejor punto de partida para discutir por qué comprar o alquilar una casa se ha vuelto una hazaña. Y sirve para lo mismo que una ducha fría: para recordar que el precio de la vivienda no se mueve con un solo mando.
El relato dominante culpa a la intervención del Estado y a las medidas del Gobierno de la escasez actual. La crítica tiene munición: hay quien sostiene que los decretos que gravan o retraen el alquiler reducen la oferta y empujan los precios hacia arriba. Pero el diagnóstico se rompe en cuanto se tira del hilo histórico.
El SAREB de 2012 no explica el alquiler de hoy
El primer golpe a la tesis intervencionista llega desde el propio rescate financiero.
El SAREB nació en 2012, en pleno hundimiento del ladrillo, para sacar de los bancos quebrados los activos tóxicos que amenazaban al sistema. Su objetivo era evitar una liquidación a precio de derribo, sí. Pero aquel organismo gestionaba los escombros de una burbuja que ya había reventado, no impedía que hoy se construya o se alquile.
Usar el SAREB para explicar la escasez actual es confundir el incendio de ayer con la gasolina de hoy. La
memoria de pez es una tentación cómoda: culpar al Estado de todo, del rescate de 2012 y de la subida de 2026, según convenga.
¿Es cierto que construir más baja el precio? El dato de 2007
Aquí el debate se gira. El cálculo más optimista del liberal asume que liberar suelo y agilizar licencias hunde los precios por pura oferta y demanda. En contra pesa el ejemplo español: se construyó como nunca y el precio no cedió.
Se tardó una década en vender el stock sobrante y solo cuando ese remanente se agotó y no se repuso con obra nueva empezó a notarse la escasez.
Hay quien responde que aquello fue una burbuja de crédito, no de oferta y demanda, y que
todo empezó en Lehman Brothers. El argumento no es menor: si el precio lo movió el dinero barato y no el ladrillo, la palanca pública no está donde dice el titular.
500.000 personas al año y 50 millones censados: la demanda desatada
El segundo frente es demográfico. Se argumenta que
la demanda se ha disparado por encima de los 50 millones de habitantes censados y que la natalidad propia no explica el salto. Un dato repetido insiste en las
500.000 entradas anuales por Barajas y El Prat sin que se relacione ese aumento de población con la presión sobre el alquiler.
Reducir la demanda —controlando el flujo— o ampliar la oferta —construyendo— son las dos salidas que se pelean. Ninguna es gratis.
Euríbor, crédito barato y rentabilidad del alquiler
Los números del crédito descolocan a más de uno. Con el
euríbor al 0 y pico por ciento en 2014, los precios estaban en mínimos. Con el euríbor
por encima del 4% en 2023, la demanda estaba en máximos. La teoría del tipo de interés como termómetro se queda corta.
Manda otra cosa: la rentabilidad esperada. En el centro de las grandes ciudades cuesta superar el
5% bruto de alquiler; en la periferia se puede llegar al doble. Ahí está el imán que sostiene el precio aun con coste de dinero alto.
Lo que sigue sin resolverse es cuánto de esta escalada es plan y cuánto simple torpeza acumulada. Con estos mimbres, sorprende que la conversación siga buscando un único culpable. Probablemente no lo haya, y esa es la mala noticia para quien esperaba una receta simple.