La Cyberspace desapareció en Barakaldo y reapareció en Nueva York
En pleno agosto de 2003, la Cyberspace era la reina de las fiestas de Bilbao: una montaña rusa de 450 toneladas, modelo Xtended SC 2000 del fabricante alemán Maurer AG, que recorría las ferias españolas. Un embargo judicial la sacó de la circulación. La Justicia ordenó desmontarla y depositarla en una parcela vallada de Barakaldo. Y allí se esfumó.
La desaparición no fue un misterio para los vecinos, pero tardó en convertirse en escándalo. La atracción reapareció años después funcionando en Nueva York. Para que se entienda la magnitud: mover 450 toneladas exige una flota de 11 trailers, con permisos, grúas y escolta. No es cuestión de una furgoneta y dos amigos.
El depositario judicial, principal sospechoso
La reconstrucción del caso, documentada en la prensa vasca, apunta a que no hubo ladrones de película. El Juzgado de Primera Instancia número 7 de Bilbao embargó la atracción en 2003 por deudas con el propio fabricante alemán y nombró a un depositario judicial. Fue precisamente ese depositario el que se la llevó, según las informaciones publicadas. La teoría del chatarrero que carga 450 toneladas sin que nadie se entere no se sostiene ni por la vía física ni por la burocrática.
El caso ilustra la fragilidad de los depósitos judiciales españoles. Hay antecedentes que quitan el hipo: en 2006, el Museo Reina Sofía “perdió” una escultura de acero de Richard Serra de 38 toneladas. Y en Gijón, la estibadora controlada por la Autoridad Portuaria remitió a la Fiscalía la desaparición de 123.000 toneladas de carbón de sus instalaciones. La montaña rusa no es una excepción, es un patrón.
¿Quién responde cuando se pierde una montaña rusa?
La pregunta es sencilla y la respuesta no aparece por ningún lado. El proceso judicial se ha alargado durante años y las responsabilidades administrativas siguen difusas. La maquinaria del Estado es capaz de embargar, precintar y almacenar, pero no de custodiar. Y cuando el bien desaparece, la instrucción se convierte en un laberinto del que nadie sale malparado.
Mientras tanto, en Nueva York la Cyberspace funciona. La anécdota tiene su punto de comedia negra: si la montaña no va a la montaña, la montaña rusa irá a Nueva York. Lo que descoloca no es que la atracción reapareciera al otro lado del Atlántico. Es que, con 450 toneladas como prueba, siga sin haber una explicación oficial que cuadre.