DiCaprio, el 'thigh gap' y el estatus de la élite
Que Leonardo DiCaprio tiene una querencia por un físico femenino muy concreto es un lugar común. Que esa querencia responda a una lógica de clase, y no a un simple gusto, es lo que ha vuelto a encender la conversación. La chispa: un comentarista provocador ha resumido el asunto con una crudeza deliberada — el actor solo se relaciona con mujeres extremadamente delgadas, con el 'thigh gap' como frontera intocable.
El caso de Camila Morrone, la modelo y actriz que fue pareja del actor, funciona como ejemplo perfecto. Complexión atlética, sin curvas llamativas: el arquetipo que algunos llaman 'genética premium'. Frente a la lectura del gusto personal, otra corriente sostiene que el cuerpo femenino se ha convertido en un marcador de estatus para los hombres con poder. Si los ricos casi nunca aparecen con cuerpos con curvas no es casualidad: la delgadez se asocia a disciplina, recursos y a una biología de élite.
Hay quien lleva la tesis más lejos. La 'ley de la coherencia incesante', en su versión más cáustica, sostiene que el hombre falto de carisma necesita que la multitud envidie sus conquistas para no sentirse ridículo. Por eso elegiría un canon aplaudido por la masa antes que un gusto propio. Ironía: la mayoría de quienes aplauden ese canon jamás podrán alcanzarlo.
¿Cuánto hay de preferencia auténtica y cuánto de dictado social en las elecciones de cama de un multimillonario? La polémica queda en tierra de nadie. Una frase de barra resume el cinismo general: anda que hacerte rico haciendo lo que te gusta.