La nueva Rapunzel de Disney desata la polémica antes de su estreno
Disney vuelve a convertir un clásico en un campo de batalla cultural. La versión de acción real de Rapunzel ya está en rodaje y las primeras imágenes filtradas han encendido las redes antes de tiempo. El detonante: la elección de una actriz negra para el papel principal, según apuntan las filtraciones. La compañía no ha confirmado el casting, pero el runrún ya no tiene marcha atrás.
Hay quien ve en esta decisión un nuevo paso de la deriva ideológica que atribuyen a Disney: el llamado «woke» como criterio de selección por encima del talento o de la fidelidad al cuento. En el lado opuesto, los análisis defienden que la industria del entretenimiento no puede seguir anclada en una infancia blanca y europea que ya no responde a la audiencia real. La discusión, como suele ocurrir, mezcla el legítimo debate sobre representación con la provocación identitaria de quien busca rédito político.
En el centro queda un problema comercial de primera magnitud. Disney lleva años apostando por el live-action como mina de oro: estas versiones de sus clásicos recaudan cientos de millones con poco riesgo creativo. Pero la controversia de casting añade un factor de volatilidad que no estaba en los planes. La taquilla de producciones recientes ha enseñado que la polémica puede convertir un estreno en un acto político.
El patrón se repite con cada anuncio. Los críticos anuncian el fin de la compañía; los partidarios celebran un avance social. La realidad suele quedar en medio: ruido en redes, colas en el estreno y, cuatro meses después, nadie recuerda la polémica. A la espera del primer tráiler oficial, una certeza: la nueva Rapunzel ya ha conseguido que muchos hablen de ella. Lo que sigue sin saberse es si lo harán para verla o para quemarla.