De las tecnológicas a las mineras: una cartera para la burbuja
El 28 de junio de 2020, con el barril de WTI cerrando en 38,91 dólares, quedaba fijada una orden de compra limitada sobre el ETF que replica el contrato de futuros de septiembre: 3,1712 euros por participación y un stop loss del 5%. Poca cosa en apariencia. Lo relevante es el marco: aprovechar la liquidez que desborda los mercados para tomar posiciones en activos considerados burbuja, no en empresas consideradas sólidas. La tesis de partida no era el análisis fundamental clásico, sino la conocida como K marshalliana: cuando la liquidez excede el crecimiento económico nominal, se desborda hacia los activos y forma burbujas.
Una cartera que arrancó en tecnológicas y acabó en materias primas
La primera foto de la operativa mezclaba nombres muy reconocibles con resultados concretos: NEE aportaba 87,19 euros en la semana del 20 de julio de 2020, eBay 96,49, B2Gold 129,55, mientras Apple restaba 72,46 euros, Microsoft 35,90 y JD 58,30. Tesla sumaba 94,82 euros y NIO, 72,48. La lógica declarada era participar de la fiesta de liquidez —el autor del seguimiento sostiene que el mercado estaba en niveles solo comparables a 1921 y superados por la burbuja de las puntocom— pero entrando con paquetes pequeños y reduciendo riesgo en cuanto la posición subía.
El giro hacia las materias primas fue gradual y decidido. Primero el petróleo y BASF —paquete de 1.000 euros con stop loss en 48 euros, zona que se identificaba como soporte fuerte—, más tarde el oro, la plata y el cobre. Sobre el oro, la tesis era contundente: se describía como una materia prima «hipermanipulada», atrapada entre 1.680 y 1.780 dólares la onza cuando, según el análisis, debería haber roto los 1.800.
Dónde entra la plata física y qué pasa con el bróker
La exposición a metales no se limitó a mineras. Se acumularon 500 onzas troy de plata a una media de 24,2 dólares, con precios de entrada prefijados para ampliar: cobre en 2,91, plata en 23,5 y oro en 1.850. La compra se hizo a través del producto de metales al contado de Interactive Brokers, tras detectar que la cuenta avisaba de un «margin cushion» demasiado bajo, señal de que el apalancamiento empezaba a apretar. La estrategia prevista consistía en doblar posición si la plata despegaba y vender un 25% del total ante subidas del 50%, para poder aguantar el resto con mayor tolerancia a la volatilidad.
Exploradoras, penny stocks y un boleto de lotería
El tramo más agresivo llegó con las compañías de exploración y las pequeñas capitalizaciones. Se abrió una sección específica para valores que capitalizaran menos de unos 60 millones de euros, con un peso objetivo del 5% al 7% de la cartera. Entre las apuestas aparecían Powerband Solutions, llamada a ser «el Amazon de la automoción»; Decklar, con pozos en Nigeria bajo un Risk Service Agreement y potencial de hasta 20.000 barriles diarios cuando esté desarrollado; i3 Energy, con producción de 9.500 barriles al día y reservas probadas más probables de 58 millones de barriles equivalentes por una capitalización de 122 millones de dólares canadienses; o Afentra, que presentó una expresión de interés no vinculante por activos en Angola.
Hubo también espacio para el uranio. Tras tres meses aguantando una minera del sector, la posición se dio por buena cuando un comité del Senado estadounidense desbloqueó un plan de reserva estratégica. El argumento: el mundo habría dejado morir la industria minera y ahora descubriría que no era un sector muerto. Todo el detalle numérico de las tesis, con los modelos y los cálculos de valor actual neto desglosados, es donde de verdad se mide si la apuesta tenía fundamento o era ruido.
Los errores que quedaron por escrito
El propio seguimiento registra las heridas. Una llamada a margen en la cuenta de Binance donde se guardaba parte de las posiciones en bitcoin, liquidada después. Ventas con grandes pérdidas en Windfall y Nevada Silver Corp, esta última por un management descrito como incapaz de mantener una web decente. Una posición en Fortinet que se quedó enganchada por no haber colocado el stop loss. Y una minera de oro en Turquía, Eldorado Gold, que se comió la caída entera tras subir impuestos el país, por no haber podado la posición cuando cotizaba en positivo.
El método detrás de la especulación
Más allá de los aciertos, la operativa tiene una disciplina reconocible: stop loss del 5% casi por defecto, ventas parciales para liberar riesgo cuando la posición acumula un 20% o un 30% de ganancia, y una liquidez mantenida por encima del 30% de la cuenta en algunos tramos. También aparece la idea de invertir solo dinero que no se necesita ni hoy, ni mañana, ni dentro de cinco años. Esa frase, en una cartera con penny stocks y mineras de exploración, funciona como cinturón de seguridad.
La trayectoria se cierra, en los últimos tramos registrados, con presentaciones públicas en un canal de YouTube —Adriatic Metals a las 18:00— y con el reconocimiento, casi inevitable, de que algunas posiciones no se sostuvieron. El dato que descoloca no es ninguna de las ganancias. Es que buena parte de los valores citados, años después, siguen sin tener precio de salida: seguían a la espera de que estallara lo que llamaban burbuja.