Asaja reclama más migrantes para el olivar y los cítricos
La patronal agraria de Córdoba ha pedido por carta a la Subdelegación del Gobierno que active la Comisión de Flujos Migratorios ante la próxima campaña del olivar y los cítricos de 2024-2025. Lo hace, según su propio comunicado, por una «enorme preocupación» ante la falta de mano de obra. El presidente de Asaja Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, advierte de que el problema se extiende por varias zonas y amenaza con dejar fruta en el árbol. La petición ha caído como un jarro de agua fría entre quienes llevan años oyendo que aquí sobran trabajadores.
Qué pide exactamente la patronal agraria
La carta de Asaja Córdoba solicita convocar la Comisión de Flujos Migratorios, el mecanismo que coordina la llegada de trabajadores extranjeros para campañas agrícolas concretas. Fernández de Mesa sostiene que la escasez de jornaleros afecta ya a varias provincias y que el olivar y los cítricos son los cultivos más expuestos. La patronal no habla de traer trabajadores indefinidos ni de regularizar a nadie: habla de cubrir picos de recolección.
El detalle importa porque el debate público suele mezclar dos cosas distintas. Una es la política migratoria general; otra, la contratación en origen para una cosecha que dura semanas. La patronal pide lo segundo. Y lo pide, según su propio texto, porque no encuentra trabajadores nacionales dispuestos a hacerlo.
Por qué no encuentran jornaleros nacionales
El argumento que más se repite en la conversación pública es el del esfuerzo físico. Recoger aceituna en pleno invierno, con frío y jornadas a destajo, es un trabajo duro y mal pagado en comparación con otros sectores. Hay quien sostiene que la solución pasa por subir salarios y mejorar condiciones; en contra pesa el cálculo empresarial de que el margen del olivar no da para mucho más.
La comparación con la vendimia francesa aparece una y otra vez. Allí se paga mejor y, según este razonamiento, no faltan manos. La conclusión que se extrae es incómoda para el sector: si el problema es el precio, el problema no es la oferta de trabajadores, sino la disposición a pagar por ellos.
El choque con el discurso de la mano de obra que ya está aquí
Una parte del debate sostiene que en España ya hay personas migrantes suficientes y que bastaría con obligar a trabajar en el campo a quienes fueron regularizados para ello. El argumento es que muchos habrían abandonado la actividad agrícola para dedicarse a otras cosas, incluidas las ayudas públicas. No hay en el material ningún dato que cuantifique ese supuesto abandono.
La respuesta a esa tesis suele ser doble. Primero, que los nacionales tampoco cubren esos puestos. Segundo, que la patronal no pide regularizar a nadie, sino traer trabajadores temporales con contrato en origen. La discusión se enreda porque cada bando responde a una pregunta distinta.
El modelo japonés como espejo
Uno de los argumentos más citados en el análisis es el de Japón. El país asiático mantiene un desempleo por debajo del 1% y limita la contratación de extranjeros a sectores concretos, con cupos y requisitos estrictos. La idea que se extrae es que se puede tener producción agrícola y ganadera sin recurrir a mano de obra masiva y precaria.
El contraste sirve para señalar una hipocresía: se exige a los trabajadores locales lo que no se exige a los empresarios. Si el sector no es rentable sin salarios de miseria, la pregunta no es de dónde traer más gente, sino si ese modelo de explotación tiene futuro.
La crítica a la clase empresarial española
El hilo deriva hacia un diagnóstico más amplio. Se argumenta que el empresariado español solo sabe competir bajando costes laborales y que la palabra productividad le suena a chino. La queja no es nueva: falta inversión en tecnología, en mecanización y en formación, y sobra dependencia de mano de obra barata.
El contrapunto es que el campo no es una fábrica. Mecanizar la recolección del olivar es caro y no siempre posible. Pero esa objeción también admite vuelta: si no se puede mecanizar, quizá el problema sea el tamaño de las explotaciones o el precio que se paga por el producto.
Qué pasa si no se cubren las campañas
El escenario que describe la patronal es el de fruta sin recoger y pérdidas directas para el agricultor. La campaña del olivar y los cítricos de 2024-2025 está en el centro de la petición. Si no se convoca la comisión y no llegan trabajadores, el sector dice que no podrá recolectar a tiempo.
Nadie discute que la recolección tiene un calendario. Lo que se discute es quién paga la factura de cubrirlo. ¿Está dispuesto el consumidor a pagar más por el aceite y la naranja, o preferimos seguir importando manos que no pueden decir no?