Plaza de España: los reproches vecinales a la reforma
El proyecto aprobado para remodelar la Plaza de España de Madrid recogía, según los críticos con la obra,
dos carriles de bajada y dos de subida para vehículos. La plaza que quedó tiene uno, y solo para bus y taxi. Entre una cosa y la otra,
dos años de obras, la tala de los árboles que daban sombra y toneladas de cemento donde antes había césped. La queja vecinal no es estética. Es de reloj.
¿Cuánto tarda un vecino en salir del barrio?
Según los vecinos, salir del barrio en coche ha pasado de unos cinco minutos a entre
15 y 20. El cierre del carril de bajada a la Cuesta de San Vicente —reservado a bus y taxi— ha dejado a los residentes de la zona de Ópera obligados a alargar la vuelta para alcanzar la M-30, en muchos casos hasta
Ventura Rodríguez. Una calle residencial que era de paso se ha convertido en un atasco permanente.
El resultado tiene su propia escenificación: agentes de movilidad plantados a diario porque los conductores se cuelan por el carril reservado. Humo, frenazos y una patrulla fija como mobiliario urbano de la reforma que iba a ordenar el tráfico.
La crítica: el proyecto votado no es el que se inauguró
Aquí está el meollo del enfado. Los críticos sostienen que el diseño que se llevó a votación recogía
dos carriles de bajada y dos de subida y que la realidad entregada tiene uno, exclusivo para transporte público. Según ese reproche, no es que el resultado guste más o menos: es que no se construyó lo que se aprobó. Quien defiende la obra responde que la plaza era antes un espacio difícil de transitar y que ahora el peatón gana. Cierto en parte. Pero el carril que falta no lo recupera nadie.
¿Qué ha pasado con los árboles de la plaza?
Los árboles antiguos se talaron y se sustituyeron por plantones que, según la queja más repetida, tardarán décadas en dar lo que ya había. Conviene desconfiar de la comparación fotográfica de manual: el antes suele retratarse en primavera, con la arboleda frondosa, y el después en otoño, con el follaje oscuro y el césped nuevo sin crecer. Aun así, la tala es un hecho y lo que se ve hoy es una explanada dura.
Hay quien añade un detalle doméstico que enerva: podar un árbol en una finca privada exige trámites de sobra; aquí se ha quitado de cuajo la arboleda centenaria.
¿Hacía falta una plaza sin verde?
Hay una defensa con lógica interna: una plaza monumental no lleva jardines, eso sería un parque. El ejemplo que se pone es la Plaza de España de Sevilla o la Plaza Mayor de Madrid, cemento y edificación. El problema es que ese argumento choca con la votación de la que salió la reforma, que según los críticos apuntaba a un pulmón verde junto a la Gran Vía y el Palacio Real.
La otra objeción es de uso: según los reproches,
no hay un solo banco. Sin asientos, la plaza deja de ser lugar de estancia y se convierte en pasillo. El reproche, con retranca, es que el objetivo era acabar con las tertulias de los jubilados y con el paseo tranquilo.
¿Qué ha ganado y qué ha perdido el centro?
La explanada se ha llenado de mercadillos, espectáculos y desembarco turístico. Frente a eso se recuerda que la plaza ya tenía su mercadillo navideño bien ubicado en la forma anterior. El reproche de fondo es de
gentrificación: menos comercio de toda la vida, más franquicias, y un centro convertido en paseódromo para el visitante mientras el residente paga el atasco.
Hay contexto para el matiz. Según uno de los participantes, el confinamiento de marzo de 2020 dejó datos insólitos sobre qué pasa cuando se suprime el tráfico con las calefacciones todavía encendidas, y cree que aquel parón podría servir para estudiar la contaminación a escala de ciudad. Lo llamativo es que, con esos mimbres, la reforma haya priorizado el consumo turístico sobre el uso vecinal.
Por qué el resultado escuece más allá de la estética
Se argumenta que el diseño no se juzga solo por si es bonito, sino por lo que cuesta mantener, por lo que aguanta el vandalismo y por lo que aporta en verano. El verde no es una cuestión de ecologismo de salón; es sombra y menos superficie atacable con spray. El cemento, cuando se ensucia, se pinta o se llena de chicles, envejece a la vista de todos.
Y sobrevuela la sospecha de siempre, la de cualquier obra pública en España: hacer, deshacer y rehacer como forma de alimentar presupuestos. La aprobación de la reforma actual se atribuye a una votación telemática de la que, según los críticos, la mayoría del barrio ni se enteró.
Con estos mimbres, lo previsible es que la próxima corporación anuncie su propia reforma, con su correspondiente sobrecoste. La plaza lleva décadas dando de comer a sucesivos presupuestos. Y no parece que vaya a dejar de hacerlo.
Ficha rápida
- Salida del barrio en coche: de 5 min a 15-20 min, según los vecinos.
- Proyecto aprobado, según los críticos: 2 carriles de bajada y 2 de subida. Construido: 1, solo bus y taxi.
- Duración de las obras: 2 años.
- Bancos instalados: ninguno, según los reproches.