Francia paga su deuda al mismo precio que Grecia: 86 puntos
Un dato rompe la lógica que sostuvo la última década de política económica europea. Según los datos que se citan en el debate, la
prima de riesgo de Francia se sitúa en 86 puntos básicos, exactamente el mismo nivel que la de Grecia, el país que durante años encarnó el desastre fiscal del euro. España, en cambio, cotiza a 71 puntos y se ha instalado en lo que un análisis del debate llama la
champiñones league.
El detonante sería el déficit francés, que ronda el
6% del PIB en un periodo de expansión económica. Para los estándares del Pacto de Estabilidad, incluso el 3% se considera discutible; el 6% en ciclo favorable se lee como una señal de que el país no tiene intención de ajustar. Si Francia se ve atrapada con el pie cambiado, el escenario que se maneja es superar el 10%.
El problema no es Grecia, es el eje franco-alemán
La comparación con Grecia distrae de lo importante. El riesgo real es que
Francia y Alemania estén renqueando a la vez, algo que no ocurría en la crisis anterior. Si el BCE tiene que rescatar simultáneamente a las dos mayores economías del euro, la capacidad de intervención se pone en cuestión y se abre la puerta a los eurobonos perpetuos, una idea que se atribuye a Soros y que ya se impulsó en el verano de 2020.
Hay quien sostiene que el BCE nunca puede quebrar porque es quien fabrica el dinero. El corolario es incómodo: los que quiebran son los ciudadanos. La receta que se describe en el debate es conocida: el banco central compra deuda pública con euros recién impresos y, cuando la inflación moleste, se atribuye a Putin o al clima.
¿Por qué la prima de riesgo francesa ha subido tanto?
Porque el déficit no se corrige ni por recorte ni por subida de impuestos. Francia afronta una moción de censura con un gobierno que puede ser el más breve de su historia, y el escenario político no ayuda: la ultraderecha y la izquierda radical votando juntas contra el ejecutivo. Sin mayoría estable, la prima de riesgo se convierte en el termómetro de la desconfianza.
El paralelismo con España en los años de la crisis es inevitable. Entonces se relajaron las normas de déficit para Alemania y Francia, y los tipos se mantuvieron bajos, lo que alimentó la burbuja inmobiliaria española. Veinte años después, el patrón se repite: si el eje franco-alemán no levanta cabeza, el euro puede perder valor y España volvería a quedar expuesta.
La desindustrialización que nadie quiere mirar
El debate sobre la prima de riesgo tapa un problema más profundo. Las fábricas europeas se están trasladando a Estados Unidos, y el proceso se acelera por las sanciones energéticas y la agenda verde. Sin capacidad industrial, la hipótesis de que un euro débil impulse las exportaciones pierde sentido: no habría nada que exportar.
La consecuencia se traslada al bolsillo. Un análisis del hilo lo resume con una frase que se ha convertido en lo más citado:
no es que ahora todo lo que compras tenga peor calidad, es que las calidades de antes ya no te las puedes permitir. La entrada de producto barato de China o India enmascara una pérdida real de poder adquisitivo.
Qué pasaría si España tuviera que salir del euro
La pregunta sobrevuela el debate. La respuesta mayoritaria es pesimista: una moneda propia se revalorizaría a largo plazo, pero durante una década desaparecerían los viajes de fin de semana, las cenas fuera y buena parte del consumo corriente. España se parece más a Argentina que a Dinamarca, y sin capacidad de imprimir billetes el ajuste sería brutal.
El escenario que se dibuja es el de una Alemania que abandona el euro, compra empresas, propiedades y tierras en el sur, y deja a España y otros países con una moneda devaluada. Los ahorros en euros se convertirían en
neopesetas o
neobolívares. Nadie sabe si el euro existiría tal y como lo conocemos.
El dato que descoloca no es la prima francesa. Es que el mercado considere a Francia y a Grecia el mismo riesgo, y que España, con un diferencial de 71 puntos, se haya convertido en el alumno aplicado. Con estos números, la pregunta ya no es si el euro aguanta, sino cuánto tiempo tarda el mercado en volver a mirar hacia el sur.