Dugin y Gaza: el escenario que se quedó en el tuit
El escenario de Alexander Dugin para Oriente Medio no se ha cumplido, pero el rastro que dejó sigue dando material. El autor del tuit describió un levantamiento palestino en Cisjordania y Jerusalén Este, la incapacidad de Mahmoud Abbas para contener la situación y una revuelta total ante lo que su texto llama el genocidio israelí en la Franja de
Gaza. Sobre ese cuadro, protestas crecientes en todo el mundo contra las élites liberales occidentales. La comprobación llegó pronto y sin adornos: «3 meses después no ha habido ningún levantamiento. Fail.»
Lo interesante no es el fallo. Él mismo presentó el suyo como
uno de los posibles escenarios. Lo jugoso es ver qué se construye alrededor de una predicción así y cómo aguanta —o no— que el calendario le pase por encima.
Quién es Alexander Dugin y por qué su tuit se sigue
La primera discrepancia es sobre el personaje. Hay quien sostiene que en Rusia no es nadie, más allá de la notoriedad que le dio el asesinato de su hija y el apoyo que recibió después. La versión contraria, defendida por otro participante, es más incómoda:
Dugin es próximo a Putin, fue objetivo de un atentado y aparece con frecuencia en la televisión rusa para lanzar mensajes políticos. «No es un don nadie», zanja esa corriente.
Ese es el terreno real de la discusión. Si se trata de un opinador marginal, su prospectiva no vale el tiempo de lectura. Si se trata de alguien con línea directa con el poder, cada escenario es también un globo sonda. La respuesta honesta es que ninguna de las dos cosas se puede demostrar desde fuera, y que la utilidad del texto no depende de la respuesta.
El escenario completo: de Cisjordania a la Franja de Gaza
El tuit encadena piezas conocidas. Comienza el levantamiento en Cisjordania y Jerusalén Este, Abbas no puede contener la situación, los palestinos lanzan una revuelta total y las fuerzas israelíes siguen masacrando civiles en la Franja. A partir de ahí, el texto se abre a las protestas mundiales contra las élites liberales pro estadounidenses.
Sobre esa base, las predicciones se multiplican. Un participante sostiene que
para derrotar a Hamás Israel tendrá que ocupar el 100% del territorio gazatí, y que a partir de ahí el conflicto escalará porque los países árabes vecinos no podrán quedarse de perfil. Otra predicción, también de un participante, apunta a que Israel se hará con las reservas de gas de Gaza.
Rusia, Irán y Siria: la geopolítica que arrastra el escenario
El argumento ruso se apoya en un dato que un participante da por hecho:
Rusia mantiene firmado un tratado internacional de defensa con Irán, activable si Irán es atacado y siempre que no haya iniciado las hostilidades. La lectura es de manual: si Teherán cae, el Cáucaso queda expuesto.
El eslabón débil es Siria. Aquí la discusión se rompe en dos. Unos dan por hecho que Damasco entra en la guerra; otros recuerdan que
Siria ya no existe como actor capaz de atacar a nadie, y que citarla como baza militar descalifica el resto del análisis. Saudíes y cataríes completan la ecuación: con dinero y con población movilizada, tendrían dificultades para mirar a otro lado.
El tercer templo, el anticristo y la bomba sobre Damasco
Aquí el asunto se despeña hacia otro registro. Una parte del seguimiento lee la escalada como cumplimiento de un guion apocalíptico: reconstrucción del tercer templo, aparición del anticristo y un inicio de la tercera guerra mundial con una detonación nuclear sobre Damasco. Se cita como lectura de apoyo una serie de novelas de ficción sobre el fin de los tiempos, con la advertencia de que la adaptación audiovisual no está a la altura del original.
La objeción llega desde dentro: el esoterismo hebreo y la cábala se despachan como entretenimiento de gente ociosa, y la magia como asunto de enfermos. Que la discusión derive a reliquias, apariciones y estudios sobre telas antiguas da la medida del desorden argumental.
Las predicciones alternativas: el gas de Gaza y los desplazados
Frente al catastrofismo, hay una línea más pragmática y bastante más cínica. Una predicción de un participante la resume en cuatro puntos: Israel bombardea Gaza y se queda con sus reservas de gas; los países árabes protestan con vehemencia pero no mueven un solo batallón que pueda enfrentarlos a Israel y a la OTAN; China sigue vendiendo productos por internet; y
los palestinos desplazados acaban acogidos en España.
Es la versión que menos épica tiene y la que más se parece a lo que suele ocurrir. Sin profecías, sin templos y sin anticristos: intereses, comercio y una crisis humanitaria que se descarga en la periferia europea.
Las conspiraciones sin prueba y el derrape final
En el tramo final aparecen acusaciones que se lanzan sin ningún respaldo documental: que un financiero conocido paga a determinadas oenegés de rescate en el Mediterráneo, que los atentados del 11-M y los de Moscú de 1999 fueron operaciones de falsa bandera, que un presidente del Gobierno español trabajaba para esos mismos intereses. Son afirmaciones sin pruebas, y como tales se leen.
El cierre del seguimiento es un correctivo al entusiasmo: tres meses después del escenario, ni levantamiento ni revuelta ni escalada regional. El
fail lo firma quien había ido siguiendo el asunto con interés, no un detractor.
Se puede predecir con cierta tranquilidad, y con la prudencia que exige cualquier ejercicio de prospectiva, que habrá otro escenario de escalada en Oriente Medio, otro tuit y otra ronda de comprobaciones. La duda razonable es si alguien volverá a mirar el calendario tres meses después.