La realidad del Voto CERA, sin desinformación.

Ilustración editorial de una urna precintada con bandas numeradas y firmas, junto a un sobre de voto CERA y una valija diplom
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

El consulado no emite el certificado censal. Ese papel lo manda la Oficina del Censo Electoral desde España al domicilio del votante en el extranjero, no a la oficina diplomática. De ahí que, por mucho que un cónsul sepa quién no ha votado, no pueda inventarse un elector: sin certificado no hay voto que contabilizar ni censo que tachar.

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Nefersen

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En vista del desconocimiento de los procesos de votación, y dada la polémica en torno al voto CERA y al posible embeleco electoral, quiero exponer aquí lo que he podido averiguar respecto a cómo se lleva realmente a cabo el voto CERA. Agradeceré las críticas constructivas, dado que mi tesis es que, si bien la compra de votos o la militancia de votos es posible, no así la alteración burda de los votos, o la fabricación de votos ex nihilo (de gente que no ha votado).


Guía rápida del voto CERA: Cómo funciona y por qué es prácticamente imposible de manipular.
​

A continuación, resumo las 4 fases del proceso y las garantías de seguridad que impiden el embeleco o la alteración de resultados.

Las 4 fases del procedimiento​

  1. Inscripción y Censo: Estar dado de alta en el Consulado correspondiente. La Oficina del Censo Electoral (OCE) elabora el censo cerrado para cada convocatoria.

  2. Envío de la Documentación: La OCE envía de oficio a tu domicilio en el extranjero los sobres, la hoja informativa, el certificado censal y las papeletas (estas últimas también descargables por internet). (Por lo tanto, el consulado no emite ni dispone de la capacidad de "fabricar" un falso certificado).

  3. Emisión del Voto: El elector decide si vota presencialmente en urna en su Consulado/Embajada o si lo remite por correo postal a la citada oficina consular.

  4. Recuento Final en España: Los votos no se cuentan en el extranjero. Tras cerrarse la votación, los sobres viajan a España en valijas diplomáticas precintadas y se escrutan el viernes posterior a los comicios en la Junta Electoral Provincial.

¿Por qué es imposible alterar el resultado? Las garantías clave​

A menudo surgen dudas sobre si un cargo diplomático o un equipo con intereses partidistas podría sustituir o alterar las sacas de votos en el extranjero. El sistema electoral español (LOREG) está diseñado para neutralizar esta posibilidad mediante tres niveles de seguridad:

  • Trazabilidad y firma de precintos: Tras finalizar la votación presencial y el recuento de sobres en el consulado, los votos se introducen en paquetes o sacas especiales. Sobre las bandas de precinto —que llevan números de serie únicos— firman físicamente los interventores de los distintos partidos políticos. Para sustituir un paquete habría que falsificar a mano y a contrarreloj las firmas de los representantes de la oposición directamente sobre los sellos.

  • Acta Consular inmediata: Nada más cerrar el recuento de sobres, se redacta un Acta Consular con la cifra exacta de votos emitidos y los números de precinto utilizados. Esta acta se transmite de forma telemática e inmediata a la Junta Electoral en España y se entrega a los interventores. No es posible añadir o quitar sobres más tarde sin que el cómputo descuadre de forma automática al llegar a España. Así mismo, contiene las firmas de los interventores y el número de serie de las sacas, para permitir el cotejo en España.

  • Apertura y cotejo judicial: Las sacas solo se abren en España, ante la Junta Electoral Provincial (presidida por jueces y catedráticos) y en presencia de los apoderados de todos los partidos. Antes de abrir una sola saca, los jueces examinan que los números de serie coincidan con el acta recibida el domingo, que las firmas cruzadas de los interventores estén intactas y que los precintos no hayan sido manipulados o sustituidos.
En definitiva, la combinación de presencia de partidos rivales, precintados cruzados, transmisión telemática de actas y custodia judicial en el recuento final convierte cualquier intento de manipulación en el extranjero en una operación impracticable sin dejar un rastro evidente e invalidante.
 
Una cosa es lo que la ley dice que hay que hacer y otra lo que realmente se hace.

Ejemplo: se supone que las actas de cada mesa van a las Juntas Electorales Provinciales y allí se suman y se obtienen los totales, pero no se hace, sino que se toma el resultado provisional recogido por Indra en las mesas y se da por bueno. Y esto es así por mucho que internet esté lleno de "anti bulos" que dicen "no, Indra no recuenta los votos", cosa que NADIE dice que hagan.
 
Pero creo que el voto CERA se cierra diez días antes de las elecciones (corregidme si me equivoco). O sea que tienen algunos días para saber cuánta gente NO ha votado.

En este punto, colocar unas cuantas papeletas a conveniencia junto a las otras a nombre de los que saben que no van a votar es posible, sobre todo si los que hay en los consulados/embajadas son amiguetes y no hay interventores de otros partidos como en las mesas electorales.

Luego se sigue el protocolo y ya.
 
Una cosa es lo que la ley dice que hay que hacer y otra lo que realmente se hace.

Ejemplo: se supone que las actas de cada mesa van a las Juntas Electorales Provinciales y allí se suman y se obtienen los totales, pero no se hace, sino que se toma el resultado provisional recogido por Indra en las mesas y se da por bueno. Y esto es así por mucho que internet esté lleno de "anti bulos" que dicen "no, Indra no recuenta los votos", cosa que NADIE dice que hagan.
Si la oposición no cumple con su deber y no exije que se cumpla la ley electoral... ¿De qué estamos hablando?
 
Pero creo que el voto CERA se cierra diez días antes de las elecciones (corregidme si me equivoco). O sea que tienen algunos días para saber cuánta gente NO ha votado.

En este punto, colocar unas cuantas papeletas a conveniencia junto a las otras a nombre de los que saben que no van a votar es posible, sobre todo si los que hay en los consulados/embajadas son amiguetes y no hay interventores de otros partidos como en las mesas electorales.

Luego se sigue el protocolo y ya.
Lee bien el post.

No se puede "votar" sin el certificado que emite el OCE desde España y que envía al domicilio del votante, no al Consulado. Por lo tanto, el consulado no dispone de los certificados para poder contabilizar al votante y reportarlo luego al OCE -a fin de que este organismo lo tache en el censo y no pueda votar dos veces.

Así que el Consulado, aunque sepa quien no ha votado, no puede "fabricar" esos votos.
 
Todas esas nacionalidades exprés no van a cambiar mucho más de un fruta, si cambian algo. Primero, si acaso, votará un porcentaje mínimo (el voto CERA no sobrepasa nunca el 10% del censo en el extranjero). Y luego, según las encuestas dirigidas a esa gente, ni mucho menos hay grandísima diferencia entre el voto a un lado o al otro, un poco a favor a la "izquierda" si sumamos países, pero también hay mucho voto al otro lado.
 
 
El voto extranjero no es el problema ya que se escruta aparte , el problema es el voto por correo que sino se mezclará se escrutaria aparte también y lógicamente guardaría una proporción de votos similar a la presencial..
Pero mezclándose con el presencial ¿cómo sabemos que las sacas no han sido dadas el cambiazo por unas del 100 por cien PSOE.?
Rebateme esto; una votación pública con nombre y apellidos no admitiría trampas.
Todo el mundo podría consultar su nombre y su voto y el del resto
 
El voto extranjero no es el problema ya que se escruta aparte , el problema es el voto por correo que sino se mezclará se escrutaria aparte también y lógicamente guardaría una proporción de votos similar a la presencial..
Pero mezclándose con el presencial ¿cómo sabemos que las sacas no han sido dadas el cambiazo por unas del 100 por cien PSOE.?
Rebateme esto; una votación pública con nombre y apellidos no admitiría trampas.
Todo el mundo podría consultar su nombre y su voto y el del resto
Imagina que te da por trampear 1.000 votos a favor del PSOE en Villar de Arriba, ahí en la parroquia de Tamón, en Carreño (Asturias). La primera en la frente: resulta que esos 1.000 votantes con derecho a voto por correo no viven juntos en tres calles del pueblo, sino que están repartidos por 20 ciudades de toda España.

Para empezar a mover la rueda, tendrías que conseguir a un soplón metido hasta las cejas en la Oficina del Censo Electoral para que te pase la lista secreta de quién ha pedido el voto desde Madrid, Barcelona o Sevilla, y además altere el sistema informático para que no salten las alarmas. Con que a ese funcionario o informático le entre un ataque de pánico y se vaya al juzgado, tu plan maestro se va al traste antes de empezar.

Pero supongamos que lo consigues. Ahora te toca la parte divertida: interceptar los 1.000 sobres con la documentación electoral. Esos sobres los entrega un cartero en mano y te pide el DNI. Eso significa que tienes que estudiar las rutas de entrega en medio país y sobornar o amenazar a docenas de carteros repartidos por toda España para que te den los sobres a ti en vez de al ciudadano real, o para que firmen los albaranes falsificando la firma.

Imaginemos que por arte de magia ya tienes los 1.000 sobres en tu mesa. Toca rellenarlos y enviarlos de vuelta. Como hoy en día en Correos te exigen enseñar el DNI para entregar el voto, necesitarías desplegar a decenas de compinches por oficinas de toda España enseñando DNI falsos o sobornar a otra tanda de empleados de ventanilla para que hagan la vista fuerte y no miren ni la foto.

Si echas la cuenta de la vieja, para colar míseros 1.000 votos tendrías que comprobar rutas, falsificar documentos y meter en el ajo a más de 100 personas, entre informáticos, decenas de carteros, empleados de ventanilla y compinches. Muchos de ellos funcionarios con plaza fija jugándose la cárcel y la inhabilitación. Y todo esto rezando para que ninguno de los 1.000 ciudadanos decida ir a correos y pedir votar, que le digan que ya lo ha hecho y denuncie el robo. Vamos, que trampear el voto por correo en España no es darle a un botón en un ordenador, sino montar una conspiración a nivel nacional donde basta que una sola persona hable para que todo el pastel se descubra en 24 horas.


Pero suponiendo que no quieras falsificar los documentos del Censo, sino sólo sustituir los votos que hay en las sacas de Correos en cada una de las oficinas donde cada uno de los votantes está residiendo.

Esos votos no van a ningún sitio centralizado, sino que van desde la oficina de Barcelona al colegio electoral de Villar de Arriba, desde la oficina de Madrid al colegio electoral de Villar de Arriba, y así con 20 ciudades. O sea, que necesites un equipo de agentes en las 20 ciudades que sean capaces de hacer el pucherazo y que nadie en esas oficinas se dé cuenta ni note alteración en las sacas, además teniendo en cuenta que si se descubre, esos funcionarios se ven metidos en un lio donde pierden el trabajo y van a la cárcel...

Para más inri, los sobres del voto por correo no son cartas anónimas tiradas en un saco: son envíos certificados registrados con un código de barras único en el sistema informático. Para cambiar 1.000 votos repartidos por media España, tus compinches en las 20 oficinas tendrían que abrir las valijas de seguridad sin dejar marca, despegar el sobre exterior, cambiar la papeleta del sobre interior sin romper el precinto, volver a pegarlo todo impecable y registrar los códigos de trazabilidad exactos para que la red postal no detecte el descuadre.

Cualquier empleado o jefe de turno que vea un sobre manipulado, una saca abierta fuera de hora o una discrepancia en el escaneo de entrada y salida daría el aviso. Es decir, tus «agentes» tendrían que convencer a los funcionarios de esas 20 oficinas para que miren hacia otro lado, arriesgándose todos a perder su plaza fija de por vida y acabar en la cárcel por delito electoral.

Pero es que la cosa se vuelve de chiste si escalamos los números. Si para colar 1.000 votos en un solo municipio necesitabas coordinar a decenas de infiltrados en 20 ciudades, imagina lo que supondría intentar colar 100.000 votos a nivel nacional.

Estaríamos hablando de desplazar y coordinar una red de miles de saboteadores actuando simultáneamente en cientos de oficinas postales de toda España. Necesitarías sobornar o chantajear a miles de funcionarios de Correos, transportistas de valijas y personal de clasificación, logrando que absolutamente NADIE en toda la plantilla lo grabe con el móvil, lo denuncie a la Policía o se vaya de la lengua en un grupo de WhatsApp.

Creer que es viable manipular 100.000 votos por correo cambiando sobres en la cadena de custodia no es sospechar de un pucherazo: es creer que se puede organizar una conspiración multitudinaria con miles de cómplices cometiendo delitos graves a la vista de todo el mundo y que durante semanas reine un silencio absoluto. Basta que falle un solo enlace en un solo pueblo para que toda la operación salte por los aires en los informativos de las tres de la tarde.


¿Lo ves viable?
 
Última edición:
 
Pero vamos a ver, estamos hablando de Pedro Sánchez, un político que ha demostrado trampear y engañar, ese es un hecho incontestable.

Otro hecho incontestable es todo el esfuerzo que ha realizado para mover cielo y tierra y que ese censo de la Ley de nietos se engorde al máximo y además lo haga con una celeridad inusitada y sospechosa, luego tenemos, cómo otro hecho incontestable también, la reacción vehemente ante el recurso y la cautelar que ha pronunciado el Supremo para bloquear esos cientos de miles de votos.

¿Qué más necesitáis para tener claro que estamos ante una trampa más de este político?

Es obvio.
 
No necesitas la tarjeta o certificado censal físico para votar, es suficiente con identificarte con DNI o pasaporte y estar en el censo. Si no, imagínate, españoles que quieren votar pero no les llega la tarjeta en aquellos lugares alejados. Seguro que muchos hasta hacen confianza y ponen como dirección de correos el consulado.

En Argentina se descubrió que directamente no pedían documento oficial para justificar la emisión del voto, con presentar fotocopia del pasaporte (que el consulado tiene) se emitían votos. Se les fue tanto la olla, que hasta localizaban fallecidos a conciencia de que no se darían cuenta. No sé de qué manera los descendientes de alguno descubrieron que su padre fallecido había votado.

El recuento se hace en la oficina consular y antes del cierre precintado. Son los consulados puestos por el gobierno los que cuentan y certifican el número de votos emitidos y que posteriormente se añaden al voto total.

A la hora del recuento, importa un malos lo que digan las actas. La ley oficializa el resultado del recuento emitido por el gobierno-Indra pasado un tiempo. Ese periodo de tiempo es inferior a la que jueces y policía tiene para realizar una investigación. A los tres días se destruyen votos, actas y ya no queda rastro de nada. El juez da carpetazo.

La oposición tiene dos opciones. No dar legitimidad al resultado y llamar a una guerra; o coger su acta de fruta y vivir como un Dios el resto de su vida. Adivina qué haríamos el 99,99999999% de mortales.

Como anécdota comentar que miembros de mesa se han encontrado con más votos en las urnas que votos emitidos, su solución fue sacar votos al azar porque presuntamente no influían. Casos de mesas + interventores que se repartían los votos de partidos minoritarios.

Y poner sobre la mesa aquel municipio donde decían que no habían votantes de VOX y luego salían los votantes denunciando que ellos habían votado. Era algún municipio andaluz que no recuerdo. Ejemplo torticero de manipulación extrema de votos.

En España no hay democracia. Ni formal, ni práctica. Y tampoco justicia.
 
Imagina que te da por trampear 1.000 votos a favor del PSOE en Villar de Arriba, ahí en la parroquia de Tamón, en Carreño (Asturias). La primera en la frente: resulta que esos 1.000 votantes con derecho a voto por correo no viven juntos en tres calles del pueblo, sino que están repartidos por 20 ciudades de toda España.

Para empezar a mover la rueda, tendrías que conseguir a un soplón metido hasta las cejas en la Oficina del Censo Electoral para que te pase la lista secreta de quién ha pedido el voto desde Madrid, Barcelona o Sevilla, y además altere el sistema informático para que no salten las alarmas. Con que a ese funcionario o informático le entre un ataque de pánico y se vaya al juzgado, tu plan maestro se va al traste antes de empezar.

Pero supongamos que lo consigues. Ahora te toca la parte divertida: interceptar los 1.000 sobres con la documentación electoral. Esos sobres los entrega un cartero en mano y te pide el DNI. Eso significa que tienes que estudiar las rutas de entrega en medio país y sobornar o amenazar a docenas de carteros repartidos por toda España para que te den los sobres a ti en vez de al ciudadano real, o para que firmen los albaranes falsificando la firma.

Imaginemos que por arte de magia ya tienes los 1.000 sobres en tu mesa. Toca rellenarlos y enviarlos de vuelta. Como hoy en día en Correos te exigen enseñar el DNI para entregar el voto, necesitarías desplegar a decenas de compinches por oficinas de toda España enseñando DNI falsos o sobornar a otra tanda de empleados de ventanilla para que hagan la vista fuerte y no miren ni la foto.

Si echas la cuenta de la vieja, para colar míseros 1.000 votos tendrías que comprobar rutas, falsificar documentos y meter en el ajo a más de 100 personas, entre informáticos, decenas de carteros, empleados de ventanilla y compinches. Muchos de ellos funcionarios con plaza fija jugándose la cárcel y la inhabilitación. Y todo esto rezando para que ninguno de los 1.000 ciudadanos decida ir a correos y pedir votar, que le digan que ya lo ha hecho y denuncie el robo. Vamos, que trampear el voto por correo en España no es darle a un botón en un ordenador, sino montar una conspiración a nivel nacional donde basta que una sola persona hable para que todo el pastel se descubra en 24 horas.


Pero suponiendo que no quieras falsificar los documentos del Censo, sino sólo sustituir los votos que hay en las sacas de Correos en cada una de las oficinas donde cada uno de los votantes está residiendo.

Esos votos no van a ningún sitio centralizado, sino que van desde la oficina de Barcelona al colegio electoral de Villar de Arriba, desde la oficina de Madrid al colegio electoral de Villar de Arriba, y así con 20 ciudades. O sea, que necesites un equipo de agentes en las 20 ciudades que sean capaces de hacer el pucherazo y que nadie en esas oficinas se dé cuenta ni note alteración en las sacas, además teniendo en cuenta que si se descubre, esos funcionarios se ven metidos en un lio donde pierden el trabajo y van a la cárcel...

Para más inri, los sobres del voto por correo no son cartas anónimas tiradas en un saco: son envíos certificados registrados con un código de barras único en el sistema informático. Para cambiar 1.000 votos repartidos por media España, tus compinches en las 20 oficinas tendrían que abrir las valijas de seguridad sin dejar marca, despegar el sobre exterior, cambiar la papeleta del sobre interior sin romper el precinto, volver a pegarlo todo impecable y registrar los códigos de trazabilidad exactos para que la red postal no detecte el descuadre.

Cualquier empleado o jefe de turno que vea un sobre manipulado, una saca abierta fuera de hora o una discrepancia en el escaneo de entrada y salida daría el aviso. Es decir, tus «agentes» tendrían que convencer a los funcionarios de esas 20 oficinas para que miren hacia otro lado, arriesgándose todos a perder su plaza fija de por vida y acabar en la cárcel por delito electoral.

Pero es que la cosa se vuelve de chiste si escalamos los números. Si para colar 1.000 votos en un solo municipio necesitabas coordinar a decenas de infiltrados en 20 ciudades, imagina lo que supondría intentar colar 100.000 votos a nivel nacional.

Estaríamos hablando de desplazar y coordinar una red de miles de saboteadores actuando simultáneamente en cientos de oficinas postales de toda España. Necesitarías sobornar o chantajear a miles de funcionarios de Correos, transportistas de valijas y personal de clasificación, logrando que absolutamente NADIE en toda la plantilla lo grabe con el móvil, lo denuncie a la Policía o se vaya de la lengua en un grupo de WhatsApp.

Creer que es viable manipular 100.000 votos por correo cambiando sobres en la cadena de custodia no es sospechar de un pucherazo: es creer que se puede organizar una conspiración multitudinaria con miles de cómplices cometiendo delitos graves a la vista de todo el mundo y que durante semanas reine un silencio absoluto. Basta que falle un solo enlace en un solo pueblo para que toda la operación salte por los aires en los informativos de las tres de la tarde.


¿Lo ves viable?
¿Cuántos cómplices (conscientes unos e inconscientes otros) fueron necesarios para organizar el asesinato de Kennedy o el 11S?
¿Cuántos cantaron?
 
Imagina que te da por trampear 1.000 votos a favor del PSOE en Villar de Arriba, ahí en la parroquia de Tamón, en Carreño (Asturias). La primera en la frente: resulta que esos 1.000 votantes con derecho a voto por correo no viven juntos en tres calles del pueblo, sino que están repartidos por 20 ciudades de toda España.

Para empezar a mover la rueda, tendrías que conseguir a un soplón metido hasta las cejas en la Oficina del Censo Electoral para que te pase la lista secreta de quién ha pedido el voto desde Madrid, Barcelona o Sevilla, y además altere el sistema informático para que no salten las alarmas. Con que a ese funcionario o informático le entre un ataque de pánico y se vaya al juzgado, tu plan maestro se va al traste antes de empezar.

Pero supongamos que lo consigues. Ahora te toca la parte divertida: interceptar los 1.000 sobres con la documentación electoral. Esos sobres los entrega un cartero en mano y te pide el DNI. Eso significa que tienes que estudiar las rutas de entrega en medio país y sobornar o amenazar a docenas de carteros repartidos por toda España para que te den los sobres a ti en vez de al ciudadano real, o para que firmen los albaranes falsificando la firma.

Imaginemos que por arte de magia ya tienes los 1.000 sobres en tu mesa. Toca rellenarlos y enviarlos de vuelta. Como hoy en día en Correos te exigen enseñar el DNI para entregar el voto, necesitarías desplegar a decenas de compinches por oficinas de toda España enseñando DNI falsos o sobornar a otra tanda de empleados de ventanilla para que hagan la vista fuerte y no miren ni la foto.

Si echas la cuenta de la vieja, para colar míseros 1.000 votos tendrías que comprobar rutas, falsificar documentos y meter en el ajo a más de 100 personas, entre informáticos, decenas de carteros, empleados de ventanilla y compinches. Muchos de ellos funcionarios con plaza fija jugándose la cárcel y la inhabilitación. Y todo esto rezando para que ninguno de los 1.000 ciudadanos decida ir a correos y pedir votar, que le digan que ya lo ha hecho y denuncie el robo. Vamos, que trampear el voto por correo en España no es darle a un botón en un ordenador, sino montar una conspiración a nivel nacional donde basta que una sola persona hable para que todo el pastel se descubra en 24 horas.


Pero suponiendo que no quieras falsificar los documentos del Censo, sino sólo sustituir los votos que hay en las sacas de Correos en cada una de las oficinas donde cada uno de los votantes está residiendo.

Esos votos no van a ningún sitio centralizado, sino que van desde la oficina de Barcelona al colegio electoral de Villar de Arriba, desde la oficina de Madrid al colegio electoral de Villar de Arriba, y así con 20 ciudades. O sea, que necesites un equipo de agentes en las 20 ciudades que sean capaces de hacer el pucherazo y que nadie en esas oficinas se dé cuenta ni note alteración en las sacas, además teniendo en cuenta que si se descubre, esos funcionarios se ven metidos en un lio donde pierden el trabajo y van a la cárcel...

Para más inri, los sobres del voto por correo no son cartas anónimas tiradas en un saco: son envíos certificados registrados con un código de barras único en el sistema informático. Para cambiar 1.000 votos repartidos por media España, tus compinches en las 20 oficinas tendrían que abrir las valijas de seguridad sin dejar marca, despegar el sobre exterior, cambiar la papeleta del sobre interior sin romper el precinto, volver a pegarlo todo impecable y registrar los códigos de trazabilidad exactos para que la red postal no detecte el descuadre.

Cualquier empleado o jefe de turno que vea un sobre manipulado, una saca abierta fuera de hora o una discrepancia en el escaneo de entrada y salida daría el aviso. Es decir, tus «agentes» tendrían que convencer a los funcionarios de esas 20 oficinas para que miren hacia otro lado, arriesgándose todos a perder su plaza fija de por vida y acabar en la cárcel por delito electoral.

Pero es que la cosa se vuelve de chiste si escalamos los números. Si para colar 1.000 votos en un solo municipio necesitabas coordinar a decenas de infiltrados en 20 ciudades, imagina lo que supondría intentar colar 100.000 votos a nivel nacional.

Estaríamos hablando de desplazar y coordinar una red de miles de saboteadores actuando simultáneamente en cientos de oficinas postales de toda España. Necesitarías sobornar o chantajear a miles de funcionarios de Correos, transportistas de valijas y personal de clasificación, logrando que absolutamente NADIE en toda la plantilla lo grabe con el móvil, lo denuncie a la Policía o se vaya de la lengua en un grupo de WhatsApp.

Creer que es viable manipular 100.000 votos por correo cambiando sobres en la cadena de custodia no es sospechar de un pucherazo: es creer que se puede organizar una conspiración multitudinaria con miles de cómplices cometiendo delitos graves a la vista de todo el mundo y que durante semanas reine un silencio absoluto. Basta que falle un solo enlace en un solo pueblo para que toda la operación salte por los aires en los informativos de las tres de la tarde.


¿Lo ves viable?
Lo vuelvo a repetir, no hace falta romper nada, simplemente son sustituidos por sacas con votos "adecuados" en las oficinas centrales, pero seguid creyendo en la limpieza de un organismo dirigido por los amigos de Sánchez, que casualmente la última vez puso las elecciones coincidiendo con vacaciones de verano... cómo no va a hacer trampas.
Por cierto, si no quieren alimentar dudas, ¿por qué no los escrutan aparte?
 
En vista del desconocimiento de los procesos de votación, y dada la polémica en torno al voto CERA y al posible embeleco electoral, quiero exponer aquí lo que he podido averiguar respecto a cómo se lleva realmente a cabo el voto CERA. Agradeceré las críticas constructivas, dado que mi tesis es que, si bien la compra de votos o la militancia de votos es posible, no así la alteración burda de los votos, o la fabricación de votos ex nihilo (de gente que no ha votado).

Guía rápida del voto CERA: Cómo funciona y por qué es prácticamente imposible de manipular.
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A continuación, resumo las 4 fases del proceso y las garantías de seguridad que impiden el embeleco o la alteración de resultados.

Las 4 fases del procedimiento​

  1. Inscripción y Censo: Estar dado de alta en el Consulado correspondiente. La Oficina del Censo Electoral (OCE) elabora el censo cerrado para cada convocatoria.
  2. Envío de la Documentación: La OCE envía de oficio a tu domicilio en el extranjero los sobres, la hoja informativa, el certificado censal y las papeletas (estas últimas también descargables por internet). (Por lo tanto, el consulado no emite ni dispone de la capacidad de "fabricar" un falso certificado).
  3. Emisión del Voto: El elector decide si vota presencialmente en urna en su Consulado/Embajada o si lo remite por correo postal a la citada oficina consular.
  4. Recuento Final en España: Los votos no se cuentan en el extranjero. Tras cerrarse la votación, los sobres viajan a España en valijas diplomáticas precintadas y se escrutan el viernes posterior a los comicios en la Junta Electoral Provincial.

¿Por qué es imposible alterar el resultado? Las garantías clave​

A menudo surgen dudas sobre si un cargo diplomático o un equipo con intereses partidistas podría sustituir o alterar las sacas de votos en el extranjero. El sistema electoral español (LOREG) está diseñado para neutralizar esta posibilidad mediante tres niveles de seguridad:

  • Trazabilidad y firma de precintos: Tras finalizar la votación presencial y el recuento de sobres en el consulado, los votos se introducen en paquetes o sacas especiales. Sobre las bandas de precinto —que llevan números de serie únicos— firman físicamente los interventores de los distintos partidos políticos. Para sustituir un paquete habría que falsificar a mano y a contrarreloj las firmas de los representantes de la oposición directamente sobre los sellos.
  • Acta Consular inmediata: Nada más cerrar el recuento de sobres, se redacta un Acta Consular con la cifra exacta de votos emitidos y los números de precinto utilizados. Esta acta se transmite de forma telemática e inmediata a la Junta Electoral en España y se entrega a los interventores. No es posible añadir o quitar sobres más tarde sin que el cómputo descuadre de forma automática al llegar a España. Así mismo, contiene las firmas de los interventores y el número de serie de las sacas, para permitir el cotejo en España.
  • Apertura y cotejo judicial: Las sacas solo se abren en España, ante la Junta Electoral Provincial (presidida por jueces y catedráticos) y en presencia de los apoderados de todos los partidos. Antes de abrir una sola saca, los jueces examinan que los números de serie coincidan con el acta recibida el domingo, que las firmas cruzadas de los interventores estén intactas y que los precintos no hayan sido manipulados o sustituidos.
En definitiva, la combinación de presencia de partidos rivales, precintados cruzados, transmisión telemática de actas y custodia judicial en el recuento final convierte cualquier intento de manipulación en el extranjero en una operación impracticable sin dejar un rastro evidente e invalidante.
A mi eso me parece lógico, cuando las fuerzas que participaron en la transición hicieron el pacto para repartirse el poder se ofrecerían garantías entre ellos de que no habría adulteramiento de las elecciones. Es una intuición mía que proviene de mi conocimiento del funcionamiento del régimen.

Como no voy a ir de Sabihondo le he preguntado a la IA concretamente eso y esta es su respuesta.

Cuando las fuerzas que pactaron en la transición española para repartirse el poder ¿Se ofrecieron entre ellos garantías de no adulteramiento de los comicios? ¿Qué pruebas hay?

Durante la Transición española, la negociación para abrir paso a la democracia no fue solo un pacto de reparto de poder o una amnistía política; incluyó la construcción express de un marco legal de garantías electorales recíprocas.
Tanto el Gobierno reformista saliente del franquismo (liderado por Adolfo Suárez) como la oposición clandestina o recién legalizada (PSOE, PCE, fuerzas catalanas y vascas) recelaban profundamente de las intenciones del otro:


  • La oposición temía el pucherazo o la manipulación caciquil del aparato del Estado franquista.
  • El régimen y las fuerzas conservadoras temían perder la estabilidad institucional o que las reglas beneficiaran la fragmentación y el extremismo.
Para asegurar que los comicios fundacionales del 15 de junio de 1977 fueran creíbles y aceptados por todas las partes, se pactaron e implantaron garantías operativas y legales precisas.

Garantías pactadas contra el adulteramiento de las elecciones​

Estas salvaguardas se formalizaron principalmente en el Real Decreto-ley 20/1977, de 18 de marzo, sobre Normas Electorales (diseñado mediante intensos contactos cruzados entre el Gobierno y la comisión negociadora de la oposición):

1. Control independiente: Creación de las Juntas Electorales​

Para quitar el arbitrio del recuento al Ministerio de la Gobernación (mantenido durante la dictadura), se creó por primera vez la Junta Electoral Central (JEC), así como las provinciales y de zona.

  • La garantía: Las Juntas estuvieron presididas y formadas mayoritariamente por magistrados del Tribunal Supremo, jueces y catedráticos de Derecho, sustrayendo la gestión técnica directa del Gobierno gubernativo.

2. Presencia de Interventores y Apoderados de los partidos​

Se estableció el derecho de todos los partidos legalizados a acreditar apoderados e interventores en cada una de las mesas electorales del país.

  • La garantía: Los interventores tenían potestad de presenciar la votación, fiscalizar el censo, examinar las papeletas durante el escrutinio, firmar las actas e incluir reclamaciones formales en las mismas en el acto.

3. Ciudadanos por sorteo en las Mesas Electorales​

La administración física del voto pasó a manos de ciudadanos elegidos por sorteo público (Presidente y Vocales).

  • La garantía: Evitó que las mesas fueran controladas por alcaldes o delegados designados por la administración franquista.

4. Legalización multipartidista e igualdad de acceso a medios​

Para evitar elecciones desequilibradas o con ilegalizaciones selectivas, el compromiso asumido por Adolfo Suárez incluyó la legalización previa de la totalidad del espectro político representativo —siendo la aprobación e inscripción del PCE en abril de 1977 la prueba de fuego—, además del reparto gratuito de espacios de propaganda en Televisión Española (TVE) e radio pública de forma proporcional.

¿Qué pruebas y evidencias documentales existen?​

Existen pruebas documentales e históricas que acreditan este proceso de acuerdo y verificación:

1. Marco Normativo Oficial (BOE)​

  • Ley 1/1977 para la Reforma Política: Estableció el sufragio universal, directo y secreto, ordenando la creación de un sistema de representación proporcional (D'Hondt) para el Congreso.

2. Archivos Históricos de la Junta Electoral Central​

Los archivos de la Junta Electoral Central conservan las actas de proclamación, la tramitación de impugnaciones presentadas por los partidos de la oposición (desde el PCE hasta el PSOE) y la resolución de incidentes en los colegios. Las resoluciones de 1977 muestran cómo la JEC atendió quejas sobre censos deficientes y garantizó la corrección del escrutinio final.

3. Memorias e Historiografía de la Negociación​

Testimonios directos de los negociadores confirman que el diseño electoral fue materia de transacción directa:

  • Mesa de las Fuerzas Políticas / Comisión de los Nueve: Negociación formal entre el equipo de Suárez (con Torcuato Fernández-Miranda y Rodolfo Martín Villa) y la comisión opositora (donde figuraban representantes como Felipe González, Santiago Carrillo, Jordi Pujol, o Joaquín Satrústegui).
  • Los diarios y memorias de los participantes (como las de Martín Villa, Santiago Carrillo o Alfonso Osorio) detallan cómo la oposición condicionó su participación a contar con presencia física en la recogida de votos y a la supervisión judicial neutral del escrutinio.

Las sombras o "adulteraciones estructurales" acordadas​

Si bien se blindaron las garantías contra el embeleco directo en las urnas (el pucherazo tradicional), las partes acordaron un diseño del sistema que favorecía deliberadamente la estabilidad del bipartidismo y primaba a las provincias rurales:

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Esa distinción toca el núcleo de la crítica historiográfica y politológica a la Transición española. Lo que para la narrativa oficial fue un «pacto modélico» para evitar una nueva guerra civil, desde el análisis crítico y la teoría democrática se define a menudo como un «pacto de élites» o un «cierre oligárquico» a espaldas de la sociedad civil.

No fue un embeleco de la ley electoral en las urnas, pero sí se argumenta que constituyó un embeleco de representatividad y soberanía en varios frentes fundamentales:

1. El «Atado y bien atado»: De la Ley a la Ley sin ruptura​

En lugar de un proceso constituyente desde la base social o una ruptura democrática previa, se optó por la fórmula ideada por Torcuato Fernández-Miranda: «De la ley a la ley a través de la ley».

  • La consecuencia: Las instituciones del régimen franquista (los Procuradores de las Cortes franquistas) votaron su propia disolución en la Ley para la Reforma Política, asegurándose de dictar ellos mismos las reglas iniciales de la democracia sin participación ni consulta previa a la ciudadanía.

2. La imposición de la Monarquía sin referéndum específico​

Uno de los puntos más señalados de este "embeleco a la soberanía popular" fue la reinstauración de la monarquía parlamentaria.

  • El mecanismo: Juan Carlos I fue designado sucesor por Franco en 1969. Durante la Transición, no se permitió un referéndum independiente sobre la forma de Estado (Monarquía o República).
  • La prueba histórica: Años más tarde, Adolfo Suárez admitió en una entrevista grabada en 1995 con la periodista Victoria Prego que introdujeron la palabra "Rey" y la Monarquía dentro de la Constitución de 1978 porque las encuestas encargadas por el Gobierno indicaban que la ciudadanía votaría por la República si se hacía una consulta por separado.

3. Un sistema electoral blindado contra la democracia directa​

El sistema electoral (Real Decreto-ley 20/1977) no fue neutro; fue diseñado para moldear la representación política de la ciudadanía según las necesidades del poder saliente y la oposición mayoritaria:

  • Primas a las provincias conservadoras: La sobre-representación de provincias rurales pequeñas redujo drásticamente el valor del voto en ciudades populosas e industriales, perjudicando sistemáticamente a opciones a la izquierda del PSOE o a opciones ciudadanas independientes.
  • Listas cerradas y bloqueadas: Se expropió al elector la facultad de elegir a sus representantes individuales. Las cúpulas partidistas asumieron el control total sobre quién entraba en el Parlamento, configurando lo que politólogos denominaron una "partidocracia".

4. El "Pacto del Olvido" y la Ley de Amnistía de 1977​

Para la sociedad civil y las víctimas de la dictadura, la Ley de Amnistía de 1977 funcionó como un pacto de impunidad. Aunque sirvió para liberar a los presos políticos de la represión franquista, su articulado exoneró de responsabilidad penal a las autoridades, policías y jueces del régimen autoritario sin exigir comisiones de la verdad ni rendición de cuentas.
 

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No necesitas la tarjeta o certificado censal físico para votar, es suficiente con identificarte con DNI o pasaporte y estar en el censo. Si no, imagínate, españoles que quieren votar pero no les llega la tarjeta en aquellos lugares alejados. Seguro que muchos hasta hacen confianza y ponen como dirección de correos el consulado.

En Argentina se descubrió que directamente no pedían documento oficial para justificar la emisión del voto, con presentar fotocopia del pasaporte (que el consulado tiene) se emitían votos. Se les fue tanto la olla, que hasta localizaban fallecidos a conciencia de que no se darían cuenta. No sé de qué manera los descendientes de alguno descubrieron que su padre fallecido había votado.

El recuento se hace en la oficina consular y antes del cierre precintado. Son los consulados puestos por el gobierno los que cuentan y certifican el número de votos emitidos y que posteriormente se añaden al voto total.

A la hora del recuento, importa un malos lo que digan las actas. La ley oficializa el resultado del recuento emitido por el gobierno-Indra pasado un tiempo. Ese periodo de tiempo es inferior a la que jueces y policía tiene para realizar una investigación. A los tres días se destruyen votos, actas y ya no queda rastro de nada. El juez da carpetazo.

La oposición tiene dos opciones. No dar legitimidad al resultado y llamar a una guerra; o coger su acta de fruta y vivir como un Dios el resto de su vida. Adivina qué haríamos el 99,99999999% de mortales.

Como anécdota comentar que miembros de mesa se han encontrado con más votos en las urnas que votos emitidos, su solución fue sacar votos al azar porque presuntamente no influían. Casos de mesas + interventores que se repartían los votos de partidos minoritarios.

Y poner sobre la mesa aquel municipio donde decían que no habían votantes de VOX y luego salían los votantes denunciando que ellos habían votado. Era algún municipio andaluz que no recuerdo. Ejemplo torticero de manipulación extrema de votos.

En España no hay democracia. Ni formal, ni práctica. Y tampoco justicia.
Así es, sabiendo todo lo que sabemos cuando pasan los años, y viendo que todo es corrupción e intereses económicos bestiales, llegan las elecciones y de pronto todos los corruptos se ponen de acuerdo para decir: "qué gran sistema garantista tenemos".
 
Imagina que te da por trampear 1.000 votos a favor del PSOE en Villar de Arriba, ahí en la parroquia de Tamón, en Carreño (Asturias). La primera en la frente: resulta que esos 1.000 votantes con derecho a voto por correo no viven juntos en tres calles del pueblo, sino que están repartidos por 20 ciudades de toda España.

Para empezar a mover la rueda, tendrías que conseguir a un soplón metido hasta las cejas en la Oficina del Censo Electoral para que te pase la lista secreta de quién ha pedido el voto desde Madrid, Barcelona o Sevilla, y además altere el sistema informático para que no salten las alarmas. Con que a ese funcionario o informático le entre un ataque de pánico y se vaya al juzgado, tu plan maestro se va al traste antes de empezar.

Pero supongamos que lo consigues. Ahora te toca la parte divertida: interceptar los 1.000 sobres con la documentación electoral. Esos sobres los entrega un cartero en mano y te pide el DNI. Eso significa que tienes que estudiar las rutas de entrega en medio país y sobornar o amenazar a docenas de carteros repartidos por toda España para que te den los sobres a ti en vez de al ciudadano real, o para que firmen los albaranes falsificando la firma.

Imaginemos que por arte de magia ya tienes los 1.000 sobres en tu mesa. Toca rellenarlos y enviarlos de vuelta. Como hoy en día en Correos te exigen enseñar el DNI para entregar el voto, necesitarías desplegar a decenas de compinches por oficinas de toda España enseñando DNI falsos o sobornar a otra tanda de empleados de ventanilla para que hagan la vista fuerte y no miren ni la foto.

Si echas la cuenta de la vieja, para colar míseros 1.000 votos tendrías que comprobar rutas, falsificar documentos y meter en el ajo a más de 100 personas, entre informáticos, decenas de carteros, empleados de ventanilla y compinches. Muchos de ellos funcionarios con plaza fija jugándose la cárcel y la inhabilitación. Y todo esto rezando para que ninguno de los 1.000 ciudadanos decida ir a correos y pedir votar, que le digan que ya lo ha hecho y denuncie el robo. Vamos, que trampear el voto por correo en España no es darle a un botón en un ordenador, sino montar una conspiración a nivel nacional donde basta que una sola persona hable para que todo el pastel se descubra en 24 horas.


Pero suponiendo que no quieras falsificar los documentos del Censo, sino sólo sustituir los votos que hay en las sacas de Correos en cada una de las oficinas donde cada uno de los votantes está residiendo.

Esos votos no van a ningún sitio centralizado, sino que van desde la oficina de Barcelona al colegio electoral de Villar de Arriba, desde la oficina de Madrid al colegio electoral de Villar de Arriba, y así con 20 ciudades. O sea, que necesites un equipo de agentes en las 20 ciudades que sean capaces de hacer el pucherazo y que nadie en esas oficinas se dé cuenta ni note alteración en las sacas, además teniendo en cuenta que si se descubre, esos funcionarios se ven metidos en un lio donde pierden el trabajo y van a la cárcel...

Para más inri, los sobres del voto por correo no son cartas anónimas tiradas en un saco: son envíos certificados registrados con un código de barras único en el sistema informático. Para cambiar 1.000 votos repartidos por media España, tus compinches en las 20 oficinas tendrían que abrir las valijas de seguridad sin dejar marca, despegar el sobre exterior, cambiar la papeleta del sobre interior sin romper el precinto, volver a pegarlo todo impecable y registrar los códigos de trazabilidad exactos para que la red postal no detecte el descuadre.

Cualquier empleado o jefe de turno que vea un sobre manipulado, una saca abierta fuera de hora o una discrepancia en el escaneo de entrada y salida daría el aviso. Es decir, tus «agentes» tendrían que convencer a los funcionarios de esas 20 oficinas para que miren hacia otro lado, arriesgándose todos a perder su plaza fija de por vida y acabar en la cárcel por delito electoral.

Pero es que la cosa se vuelve de chiste si escalamos los números. Si para colar 1.000 votos en un solo municipio necesitabas coordinar a decenas de infiltrados en 20 ciudades, imagina lo que supondría intentar colar 100.000 votos a nivel nacional.

Estaríamos hablando de desplazar y coordinar una red de miles de saboteadores actuando simultáneamente en cientos de oficinas postales de toda España. Necesitarías sobornar o chantajear a miles de funcionarios de Correos, transportistas de valijas y personal de clasificación, logrando que absolutamente NADIE en toda la plantilla lo grabe con el móvil, lo denuncie a la Policía o se vaya de la lengua en un grupo de WhatsApp.

Creer que es viable manipular 100.000 votos por correo cambiando sobres en la cadena de custodia no es sospechar de un pucherazo: es creer que se puede organizar una conspiración multitudinaria con miles de cómplices cometiendo delitos graves a la vista de todo el mundo y que durante semanas reine un silencio absoluto. Basta que falle un solo enlace en un solo pueblo para que toda la operación salte por los aires en los informativos de las tres de la tarde.


¿Lo ves viable?
Yo no, no significa que sea imposible, pero hacerlo a gran escala es demasiado trabajo para mucho riesgo e incierto resultado.
 
Yo no, no significa que sea imposible, pero hacerlo a gran escala es demasiado trabajo para mucho riesgo e incierto resultado.
Probablemente esta vez ni se moleste, porque pueden ser como mucho los 4/5 fruta de diferencia, que fue lo que le dio la ventaja la otra vez (fue "casualmente" la diferencia con las encuestas), pero se creía que le permitiría gobernar sin Junts, y aun así le salió mal. Ahora, con 5 fruta de diferencia, no le salvaría de al menos tener que repetir Gobierno con socios diversos y no creo que ni se moleste, ya que está bajo sospecha y el voto por correo lógicamente debe ser menor al dado en 2023, que se disparó porque las puso en vacaciones.
 
En vista del desconocimiento de los procesos de votación, y dada la polémica en torno al voto CERA y al posible embeleco electoral, quiero exponer aquí lo que he podido averiguar respecto a cómo se lleva realmente a cabo el voto CERA. Agradeceré las críticas constructivas, dado que mi tesis es que, si bien la compra de votos o la militancia de votos es posible, no así la alteración burda de los votos, o la fabricación de votos ex nihilo (de gente que no ha votado).


Guía rápida del voto CERA: Cómo funciona y por qué es prácticamente imposible de manipular.
​

A continuación, resumo las 4 fases del proceso y las garantías de seguridad que impiden el embeleco o la alteración de resultados.

Las 4 fases del procedimiento​

  1. Inscripción y Censo: Estar dado de alta en el Consulado correspondiente. La Oficina del Censo Electoral (OCE) elabora el censo cerrado para cada convocatoria.

  2. Envío de la Documentación: La OCE envía de oficio a tu domicilio en el extranjero los sobres, la hoja informativa, el certificado censal y las papeletas (estas últimas también descargables por internet). (Por lo tanto, el consulado no emite ni dispone de la capacidad de "fabricar" un falso certificado).

  3. Emisión del Voto: El elector decide si vota presencialmente en urna en su Consulado/Embajada o si lo remite por correo postal a la citada oficina consular.

  4. Recuento Final en España: Los votos no se cuentan en el extranjero. Tras cerrarse la votación, los sobres viajan a España en valijas diplomáticas precintadas y se escrutan el viernes posterior a los comicios en la Junta Electoral Provincial.

¿Por qué es imposible alterar el resultado? Las garantías clave​

A menudo surgen dudas sobre si un cargo diplomático o un equipo con intereses partidistas podría sustituir o alterar las sacas de votos en el extranjero. El sistema electoral español (LOREG) está diseñado para neutralizar esta posibilidad mediante tres niveles de seguridad:

  • Trazabilidad y firma de precintos: Tras finalizar la votación presencial y el recuento de sobres en el consulado, los votos se introducen en paquetes o sacas especiales. Sobre las bandas de precinto —que llevan números de serie únicos— firman físicamente los interventores de los distintos partidos políticos. Para sustituir un paquete habría que falsificar a mano y a contrarreloj las firmas de los representantes de la oposición directamente sobre los sellos.

  • Acta Consular inmediata: Nada más cerrar el recuento de sobres, se redacta un Acta Consular con la cifra exacta de votos emitidos y los números de precinto utilizados. Esta acta se transmite de forma telemática e inmediata a la Junta Electoral en España y se entrega a los interventores. No es posible añadir o quitar sobres más tarde sin que el cómputo descuadre de forma automática al llegar a España. Así mismo, contiene las firmas de los interventores y el número de serie de las sacas, para permitir el cotejo en España.

  • Apertura y cotejo judicial: Las sacas solo se abren en España, ante la Junta Electoral Provincial (presidida por jueces y catedráticos) y en presencia de los apoderados de todos los partidos. Antes de abrir una sola saca, los jueces examinan que los números de serie coincidan con el acta recibida el domingo, que las firmas cruzadas de los interventores estén intactas y que los precintos no hayan sido manipulados o sustituidos.
En definitiva, la combinación de presencia de partidos rivales, precintados cruzados, transmisión telemática de actas y custodia judicial en el recuento final convierte cualquier intento de manipulación en el extranjero en una operación impracticable sin dejar un rastro evidente e invalidante.


"IMPOSIBILIDAD DE ALTERAR EL RESULTADO" jojojojo, la IA no conoce a su sanchidad y a sus secuaces meparto:meparto:meparto:


La única opción que veo más segura para evitar manipulaciones del voto CERA sería que esos "nuevos españoles" votásen el mismo día de las elecciones en los diferentes consulados españoles, con interventores de los distintos partidos vigilando la urna todo el tiempo, una vez se cierre la mesa, se debería proceder al recuento manual de dichas urnas, y luego enviar el resultado aceptado y firmado por todos los interventores a la Central Electoral de España, de forma telématica y con posibilidad de cotejo digital por todo el que quiera hacerlo desde una web pública.


Pero eso de reunir los votos, guardarlos, y que queden en el limbo durante días bajo la custodia de a saber quién, pues blanco y en botella, el pucherazo está servido, las triquiñuelas para llevarlo a cabo son lo de menos, pero que lo hay, seguro cómo que el agua moja.
 
Imagina que te da por trampear 1.000 votos a favor del PSOE en Villar de Arriba, ahí en la parroquia de Tamón, en Carreño (Asturias). La primera en la frente: resulta que esos 1.000 votantes con derecho a voto por correo no viven juntos en tres calles del pueblo, sino que están repartidos por 20 ciudades de toda España.

Para empezar a mover la rueda, tendrías que conseguir a un soplón metido hasta las cejas en la Oficina del Censo Electoral para que te pase la lista secreta de quién ha pedido el voto desde Madrid, Barcelona o Sevilla, y además altere el sistema informático para que no salten las alarmas. Con que a ese funcionario o informático le entre un ataque de pánico y se vaya al juzgado, tu plan maestro se va al traste antes de empezar.

Pero supongamos que lo consigues. Ahora te toca la parte divertida: interceptar los 1.000 sobres con la documentación electoral. Esos sobres los entrega un cartero en mano y te pide el DNI. Eso significa que tienes que estudiar las rutas de entrega en medio país y sobornar o amenazar a docenas de carteros repartidos por toda España para que te den los sobres a ti en vez de al ciudadano real, o para que firmen los albaranes falsificando la firma.

Imaginemos que por arte de magia ya tienes los 1.000 sobres en tu mesa. Toca rellenarlos y enviarlos de vuelta. Como hoy en día en Correos te exigen enseñar el DNI para entregar el voto, necesitarías desplegar a decenas de compinches por oficinas de toda España enseñando DNI falsos o sobornar a otra tanda de empleados de ventanilla para que hagan la vista fuerte y no miren ni la foto.

Si echas la cuenta de la vieja, para colar míseros 1.000 votos tendrías que comprobar rutas, falsificar documentos y meter en el ajo a más de 100 personas, entre informáticos, decenas de carteros, empleados de ventanilla y compinches. Muchos de ellos funcionarios con plaza fija jugándose la cárcel y la inhabilitación. Y todo esto rezando para que ninguno de los 1.000 ciudadanos decida ir a correos y pedir votar, que le digan que ya lo ha hecho y denuncie el robo. Vamos, que trampear el voto por correo en España no es darle a un botón en un ordenador, sino montar una conspiración a nivel nacional donde basta que una sola persona hable para que todo el pastel se descubra en 24 horas.


Pero suponiendo que no quieras falsificar los documentos del Censo, sino sólo sustituir los votos que hay en las sacas de Correos en cada una de las oficinas donde cada uno de los votantes está residiendo.

Esos votos no van a ningún sitio centralizado, sino que van desde la oficina de Barcelona al colegio electoral de Villar de Arriba, desde la oficina de Madrid al colegio electoral de Villar de Arriba, y así con 20 ciudades. O sea, que necesites un equipo de agentes en las 20 ciudades que sean capaces de hacer el pucherazo y que nadie en esas oficinas se dé cuenta ni note alteración en las sacas, además teniendo en cuenta que si se descubre, esos funcionarios se ven metidos en un lio donde pierden el trabajo y van a la cárcel...

Para más inri, los sobres del voto por correo no son cartas anónimas tiradas en un saco: son envíos certificados registrados con un código de barras único en el sistema informático. Para cambiar 1.000 votos repartidos por media España, tus compinches en las 20 oficinas tendrían que abrir las valijas de seguridad sin dejar marca, despegar el sobre exterior, cambiar la papeleta del sobre interior sin romper el precinto, volver a pegarlo todo impecable y registrar los códigos de trazabilidad exactos para que la red postal no detecte el descuadre.

Cualquier empleado o jefe de turno que vea un sobre manipulado, una saca abierta fuera de hora o una discrepancia en el escaneo de entrada y salida daría el aviso. Es decir, tus «agentes» tendrían que convencer a los funcionarios de esas 20 oficinas para que miren hacia otro lado, arriesgándose todos a perder su plaza fija de por vida y acabar en la cárcel por delito electoral.

Pero es que la cosa se vuelve de chiste si escalamos los números. Si para colar 1.000 votos en un solo municipio necesitabas coordinar a decenas de infiltrados en 20 ciudades, imagina lo que supondría intentar colar 100.000 votos a nivel nacional.

Estaríamos hablando de desplazar y coordinar una red de miles de saboteadores actuando simultáneamente en cientos de oficinas postales de toda España. Necesitarías sobornar o chantajear a miles de funcionarios de Correos, transportistas de valijas y personal de clasificación, logrando que absolutamente NADIE en toda la plantilla lo grabe con el móvil, lo denuncie a la Policía o se vaya de la lengua en un grupo de WhatsApp.

Creer que es viable manipular 100.000 votos por correo cambiando sobres en la cadena de custodia no es sospechar de un pucherazo: es creer que se puede organizar una conspiración multitudinaria con miles de cómplices cometiendo delitos graves a la vista de todo el mundo y que durante semanas reine un silencio absoluto. Basta que falle un solo enlace en un solo pueblo para que toda la operación salte por los aires en los informativos de las tres de la tarde.


¿Lo ves viable?

Nefersen, te estás complicando demasiado en tus divagaciones conspiratorias, al final debes recordar el "principio de la navaja de Ockham", «en igualdad de condiciones, la explicación más simple suele ser la más probable».


Para empezar debemos tener en cuenta el factor "tiempo", ¿cuánto tiempo se llevan esos votos por correo almacenados en sus almacenes de distribución? la norma general es que sean bastantes días, en concreto y en éste caso el periodo de tiempo total en el que los votos físicos permanecen en custodia de Correos es de 20 días, siendo los últimos 4 días los que cuentan con el total de votos emitidos.


¿De verdad piensas que personas de las cloacas, cómo la Leire Díez y otros muchos cómo ella, no son capaces de ponerse a "trabajar" duro durante esos días, moviéndose por toda España para ir "recolocando" los votos correctos dónde más les interese por el factor de circunscripciones?


Yo te prometo que en absouto lo veo tan complicado, sobre todo teniendo en cuenta que ellos son los que controlan Correos desde arriba, y obviamente teniendo acceso a todos los lugares más herméticos y a redactar los horarios que les permitan hacer sus trapicheos sin que nadie les moleste.


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Yo de verdad que no doy crédito al nivel de ingenuidad que se puede tener para, ni tan siquiera poner en duda, que éstas personas hacen trampas hasta jugando al parchís.

Mira ésto del voto CERA con la ley de nietos.

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No me digas que eso también te parece normal.
 

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