¿Salvación para Zapatero? El método Milei que el PSOE podría copiar
Argentina acaba de estrenar su propia «ley de inocencia fiscal», una amnistía que permite justificar cualquier cantidad de dinero no declarada con la mera excusa de que eran ahorros previos. La ocurrencia del presidente Milei ha servido para que miembros de su gobierno, como el portavoz Adorni, puedan explicar ingresos opacos sin dimitir. Y mientras los escándalos se acumulan –criptomonedas, joyas, coimas–, la tentación de exportar el invento a España gana enteros en los mentideros políticos.
La amnistía que lo blanquea todo
La norma argentina, aprobada a principios de 2024, establece que quien declare dinero no registrado como ahorro anterior queda exento de preguntas. Basta con afirmar que los fondos –sean 200.000 euros o medio millón en cripto– provenían de una época en la que no se declaraban. El beneficio es doble: ni se paga penalización ni se debe justificar el origen. «Es la puerta giratoria perfecta para el corrupto arrepentido», ironizan los analistas.
En el caso Adorni, el portavoz de Milei había presumido de integridad mientras atacaba a la oposición. Luego se supo que amasó 200.000 euros en bitcoins, poco después de calificar la criptomoneda de «estafa». El método le permitió esquivar el escándalo sin dimitir, aunque la sombra del caso Libra y las acusaciones de coimas a la hermana del presidente emponzoñan el ambiente.
¿Un salvavidas para el PSOE?
La pregunta que flota en los análisis es obvia: ¿por qué no aplicar el mismo invento en España? El PSOE, con los casos de corrupción enquistados, podría tomar nota. La analogía es directa: si un político español se enfrenta a una imputación por enriquecimiento ilícito, bastaría con aprobar una amnistía fiscal retroactiva, como la de Milei, y declarar que el dinero era ahorro de toda la vida. «Adiós a las explicaciones, adiós a las dimisiones», resume un sector del debate.
Sin embargo, el remedio tiene sus costes. La credibilidad del gobierno argentino se ha desplomado con cada nuevo caso. Adorni, que era el azote de la corrupción ajena, se convirtió en el símbolo de la coartada. Y Milei, lejos de cortar por lo sano, mantiene a su portavoz en el cargo, alimentando las sospechas de que el propio presidente tiene algo que ocultar.
Con estos precedentes, exportar la «inocencia fiscal» a España sería un cortoplacismo de manual: resuelve la papeleta inmediata, pero dinamita cualquier resto de credibilidad. A menos, claro, que el objetivo ya no sea parecer honesto, sino simplemente sobrevivir al próximo titular.
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