La Cadena SER ha reabierto la polémica al difundir un estudio estadounidense que concluye que el aumento de población migrante en situación irregular no está asociado con un incremento de la delincuencia violenta. El titular elegido por la emisora no deja espacio a matices: “Un amplio estudio desmiente que la inmigración ilegal aumente la criminalidad”. La investigación, publicada en el Journal of Urban Affairs, analizó la evolución de la criminalidad entre 2010 y 2018 en 11.500 barrios de más de 100 ciudades de Estados Unidos. La autora, Charis, investigadora de la Universidad de California en Irvine, se ha convertido en el centro de una controversia que trasciende el dato.
Un estudio de EE.UU. con fecha de caducidad para España
El primer golpe a la tesis de la SER llega desde la metodología. Los datos se refieren a un periodo que acaba en 2018 y a un país con una realidad sociológica y jurídica muy distinta a la española. Se critica, además, que el análisis de barrios puede no capturar el desplazamiento de la delincuencia: si los delitos no aumentan donde se concentra la inmigración, puede que simplemente se hayan movido al barrio de al lado. La extrapolación a España, con crisis como la de Ceuta, es cuando menos precipitada.
En contra, hay quien defiende que el estudio es uno más en una línea de investigación que desmonta el tópico que vincula inmigración y crimen. Los datos de población reclusa, sin embargo, siguen alimentando la sospecha pública. El debate no es científico: es político y emocional.
La percepción de inseguridad, el otro dato incómodo
Mientras los estudios académicos no encuentran correlación, la calle parece medir otra cosa. Un dato mencionado en la discusión: desde el año 2000, las alarmas conectadas a centrales receptoras han aumentado un 900%. No se puede afirmar que sea por la inmigración, pero sí que la percepción de inseguridad crece mucho más rápido que la criminalidad real.
La SER defiende su titular como un ejercicio de rigor. Sus críticos lo ven como un intento de manipular el relato con un estudio de hace años y de otro país. Entre medias, el lector se queda con la pregunta de siempre: ¿sirve la evidencia disponible para España en el momento en que se utiliza? Por ahora, el ruido supera a los datos.