«La UE se prepara para la quiebra de España»: el titular de 2010
En junio de 2010 la selección española preparaba el Mundial y un diario alemán ponía al país en el disparadero.
«La UE se prepara para una quiebra de España», titulaba el Financial Times Deutschland. El texto, difundido en España por Expansión, sostenía que los ministros de Finanzas de la eurozona y los bancos centrales se preparaban para «facilitar ayuda de emergencia» a España si se agravaba la crisis de su sistema financiero. No desvelaba sus fuentes. Lo único verificable era un portavoz de la Comisión Europea afirmando que, «en estos momentos», no había señales de que España fuera a solicitar fondos.
Conviene detenerse en un detalle: el titular se atribuyó al Financial Times a secas, cuando el diario responsable era su edición alemana, el FTD. Un matiz que hoy suena a nota a pie de página, pero que entonces sirvió para inflar el eco del titular.
De qué se preocupaba Bruselas: no era el déficit
El fondo del asunto, según el diario, no era el agujero público —el caso griego—, sino el
elevado endeudamiento del sector privado tras el boom inmobiliario. El razonamiento era de cadena: más ciudadanos de los previstos dejarían de pagar sus deudas a la
banca, eso tensionaría a las entidades, y el sistema financiero necesitaría fondos adicionales para sobrevivir.
El dinero del que se hablaba era el
fondo de rescate de 750.000 millones de euros que la eurozona y el Fondo Monetario Internacional habían acordado crear semanas antes. El diario reconocía que el Tesoro español había colocado deuda con comodidad, pero atribuía parte del éxito al apoyo del BCE.
España colocó 3.900 millones a tres años con el BCE detrás
El Tesoro español colocó
3.900 millones de euros en deuda a tres años. El dato se usó de las dos maneras: como prueba de que España financiaba sin dramas y como prueba de que lo hacía gracias a la red de seguridad del Banco Central Europeo, que había arrancado su plan de compra de deuda de países débiles.
Jean-Claude Trichet, entonces presidente del BCE, hablaba por entonces de «tensiones continuas en algunos segmentos de los mercados financieros». El instituto formalizó tres subastas de liquidez —julio, agosto y septiembre— para prestar a tres meses cantidades ilimitadas a los bancos que lo pidieran. Traducido: dinero barato y a mansalva para que nadie tuviera que mirar el mercado interbancario del sur de Europa.
«El sistema financiero más sólido del universo conocido»
La reacción interna fue de sarcasmo. Se dudaba de que pudiera quebrar el «sistema financiero más sólido del universo conocido», se recordaba que España era la octava potencia económica y se ironizaba con la «champions» y con los «pepitos» que no podrían pagar su «zipoteca» tras el recorte de sueldos. Otros preferían mirar el calendario: que volvería a pasar en octubre, y que convenía que reventaran antes Portugal e Italia «que nos quede algo en el saco».
Hubo también quien corrigió el relato de la UE esquizoide: primero se obliga a recortar el gasto público y después se teme que los hogares no paguen sus hipotecas porque les han bajado el sueldo. Y quien recordó cifras incómodas del mismo momento, como los tres millones de ayuda enviados a Haití.
«No era cuestión de números, sino de coraje»
A medida que las páginas se llenaron, el diagnóstico se movió de la macro a la política. Mirando solo las cuentas, sostenía un participante, el rescate no era necesario; era inevitable por la falta de coraje del Gobierno socialista y de Zapatero, y por la inacción del PP. Según ese diagnóstico, esa parálisis histórica, más que los números, era lo que descontaban los mercados.
¿Y qué pasaría en la vida diaria? Alguien preguntaba, con lógica, qué consecuencias tendría todo esto para el ciudadano de a pie, más allá de los gráficos. La pregunta quedó colgada. Tampoco faltó el humor: que si a alguien le había escocido el gol de Torres y ahora venían a desequilibrar antes del Mundial.
Un año después, y otro, y otro
El asunto, lejos de cerrarse, rebotó. «Y un año después…», escribía alguien, sin reformas de fondo acometidas por Gobierno ni oposición. Los rescates dejaron de ser una hipótesis remota y el relato cuajó en una idea mucho más incómoda: que España sí había acabado quebrando, y que el rescate lo estaban pagando los de siempre en cómodos plazos, con hijos y nietos incluidos.
Una cifra que se lanza en el hilo para la banca es contundente:
40.000 millones para las cajas de ahorro. A partir de ahí, el diagnóstico se volvió más duro: quince años gastando como si no hubiera mañana, diluyendo el poder adquisitivo del trabajador, y un ajuste que sirvió sobre todo para cambiar los pisos de mano.
Existe incluso quien niega el marco: que aquí no quiebra nadie y que, si hay ajuste, es para perfilar otro modelo. La descolocación final llega cuando el ciclo se invierte del todo y el titular imaginado para 2025 es el contrario: ahora sería el Gobierno español el que se prepara para rescatar a la UE.