Estás usando un navegador desactualizado. Es posible que no muestre este u otros sitios web correctamente. Debe actualizar o usar un navegador alternativo.
La ultraderecha alemana pide la "disolución" de la Unión Europea
AfD pide disolver la UE y ya es segunda en las encuestas alemanas
Disolver la Unión Europea ha dejado de ser una ocurrencia de grupúsculo en Alemania. Alternativa para Alemania (AfD), el principal partido de la ultraderecha del país, ha incluido en su programa para las elecciones europeas de 2024 la «disolución ordenada» del bloque comunitario y, como plan B, la salida directa de Alemania. Su argumento es que se le ha «agotado la paciencia» con Bruselas.
La propuesta no sale de un rincón del espectro político. Los sondeos colocan a esta formación como segunda fuerza, con el 19% de intención de voto, por delante del partido que gobierna el país. Conviene, aun así, leer el programa entero antes de dar por hecho el divorcio: la letra pequeña matiza bastante la brocha gruesa.
Qué propone exactamente el programa de AfD
El texto pide, literalmente, «la disolución ordenada de la UE y encontrar en su lugar una nueva comunidad económica y de interés europeos, una federación de naciones europeas». Traducido al castellano llano: fuera el entramado actual y dentro otro parecido, pero con menos poder acumulado en Bruselas. El programa definitivo está previsto concretarse a finales de julio, según la propia formación.
La paradoja se ve a simple vista. Si el destino vuelve a ser una comunidad europea con intereses compartidos, la diferencia real no está en si existe una sede común, sino en cuánta soberanía se reserva cada Estado. Hay quien resume el hartazgo en una línea: salir para no volver a apuntarse jamás.
Publicidad
El 19% que sostiene el órdago
El sondeo de RTL dibuja un reparto elocuente: la CDU y su socio bávaro suman el 29%, AfD firma el 19%, el SPD se queda en el 18% y Los Verdes, cuartos, en el 14%. Con esos números, la ultraderecha alemana no es una nota al pie de página: es la segunda papeleta más votada del país.
De ahí nace una discusión recurrente. Despachar como testimonial a un partido que roza uno de cada cinco votos es una forma cómoda de no mirarlo de frente. Y a la inversa: quien lo trata como un fenómeno pasajero no ha abierto una encuesta en dos años.
De mercado común a fábrica de reglamentos
El origen era otro muy distinto. Lo que empezó como un acuerdo para facilitar el comercio entre vecinos —aranceles fuera, trámites a la baja— se ha convertido, en la percepción de buena parte del electorado, en una máquina de producir normas sobre coches eléctricos, calderas y eficiencia energética de los edificios. Cuanto más lejos se cocina la ley, más difícil es que el ciudadano reconozca el problema que dice venir a resolver.
El vinagre de la ensalada resume el argumento más socorrido: se legisla lo pequeño mientras lo grande se escapa. Detrás asoma otra tesis, más incómoda: que la incorporación al club europeo y a los tratados de defensa se llevó por delante buena parte del tejido industrial de los países del sur.
¿Quién manda en Bruselas? El problema no sería el edificio
No todas las críticas apuntan al mismo objetivo. Una corriente sostiene que las políticas que irritan no son consecuencia del diseño institucional europeo, sino de las mayorías que las aprueban en el Parlamento Europeo y en el Consejo Europeo. Si esos son los votos, esos son los resultados. Cambiar a los inquilinos sería más eficaz que demoler la casa.
El reverso de ese argumento es, según otra tesis que circula en el debate, estructural: Chipre o Malta tendrían el mismo poder de voto que Alemania pese a tener una población incomparablemente menor, lo que refuerza la sensación de que las reglas no se cambian desde una sola capital. De ahí salen las propuestas de referéndum en todos los socios, con votaciones vinculantes y repetidas cada pocos años para decidir si se sigue o se sale.
Qué pasaría con la peseta, la deuda y las pensiones
Aquí el debate se vuelve incómodo, porque los escenarios que se barajan para una hipotética vuelta a la moneda nacional no son amables. Se habla de quiebra automática y renegociación de deuda, de devaluaciones del 1000%, del 4000% o incluso del 20.000%, de pensiones equivalentes a 300 euros al mes y de sueldos públicos recortados a la mitad. El espejo argentino aparece en casi todas las comparaciones.
Luego está el precedente británico. La salida del Reino Unido se recuerda como la prueba de que lo impensable acaba ocurriendo, pero también como el ejemplo de un país que sigue responsabilizando a Bruselas de sus problemas años después de haberse ido.
¿Por qué pedir la salida puede ser la mejor forma de no gobernar?
Existe una lectura cínica y bastante extendida: anunciar la ruptura es la fórmula perfecta para no tener masa crítica en votos, y ya le sirvió a la extrema derecha francesa como mecanismo de bloqueo perpetuo. El partido se retrata a sí mismo como imposible y se libra así de la responsabilidad de gestionar.
Otra interpretación reparte culpas entre todos. Quien defiende una soberanía plena asume que el país queda reducido a una colonia de segunda si sigue como está, y también admite que el resultado podría parecerse más a una quiebra crónica que a una potencia media. El socio preferente de todos esos planes sería, en el mejor de los casos, un billete sin retorno.
Con AfD en el 19% y las europeas de 2024 en el calendario, la propuesta funciona más como termómetro del enfado que como hoja de ruta ejecutable. Prever su aplicación efectiva es hoy un ejercicio especulativo. Prever que el malestar que la alimenta siga creciendo es bastante menos arriesgado.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Decir que quieres que tu país deje la UE es la fórmula perfecta para NO tener masa crítica en votos, y esto lo sabe cualquiera que haya mirado las estadísticas sobre euroescepticismo en Alemania.»
✓La contradicción del propio programa: se pide disolver la UE y sustituirla por otra comunidad económica europea, que es exactamente lo que ya existe con otro nombre
✓Los escenarios de devaluación que se barajan si un país volviera a su moneda nacional, con cifras de tres, cuatro y cinco dígitos, y su efecto sobre pensiones y salarios públicos
✓El argumento de por qué anunciar la salida del club puede ser la estrategia perfecta para no gobernar nunca
Este es un resumen del hilo. La discusión completa incluye 153 respuestas con datos, fuentes y análisis que solo están disponibles para usuarios registrados. Crea tu cuenta en 30 segundos para acceder al debate completo y participar.
Te estás perdiendo 153 mensajes
Esto es un resumen. El hilo original está entero ahí dentro.