Comprar una vivienda en San Sebastián requiere 4.500€ netos al mes: la clase media queda fuera
Imagínese un piso de 100 metros cuadrados en Vallecas, un barrio obrero de Madrid. Hace cincuenta años, un profesional liberal podía permitírselo. Hoy, su precio ronda los 500.000 euros. Para pagar la hipoteca de una casa así, una familia necesita ingresos netos superiores a 4.500 euros mensuales. No es un caso aislado: San Sebastián, Madrid y Barcelona ya superan ese umbral, según datos de Accumin Intelligence. La clase media, sencillamente, ha dejado de estar invitada.
El salto de 2.500 a 5.000 euros
El informe de Accumin señala que en 14 ciudades españolas el sueldo familiar debe superar los 2.500 euros netos para afrontar la hipoteca de una vivienda tipo. En San Sebastián, la cifra se duplica: se necesitan más de 5.000 euros netos al mes. No es una percepción: es matemática. Un sueldo neto de 100.000 euros brutos anuales (en 14 pagas) se sitúa en el percentil 98 de la distribución salarial, y apenas da para una hipoteca en esas ciudades. Y ojo, las condiciones son exigentes: entrada del 20%, tipo fijo al 3% y plazo de 30 años.
El espejismo de la comparación histórica
Suben los precios y también la nostalgia. Un albañil del Poble Sec compró un piso de 90 metros en 1965 por 180.000 pesetas, con una hipoteca a 15 años cuya cuota era el 75% de su sueldo. Entonces, un único ingreso bastaba. Hoy, con el euríbor en niveles elevados y los precios disparados, ni siquiera dos sueldos de 50.000 euros brutos garantizan la operación. La diferencia no es retórica: es estructural. La oferta no ha crecido al ritmo de la demanda, y la turistificación y los fondos de inversión han encarecido el stock disponible.
Huir a la periferia: ¿solución o parche?
Ante la imposibilidad de comprar en las capitales, muchos optan por desplazarse. Toledo, Valladolid, Segovia e incluso Zamora ven cómo sus trenes de madrugada se llenan de trabajadores que viajan a Madrid. Un trayecto de ida y vuelta puede costar 30 euros al día en abono Avant, y el tiempo puerta a puerta supera las dos horas. Quien lo hace sabe que gana dinero en Madrid pero pierde tiempo y calidad de vida. Es la nueva geografía de la clase media: vivir donde se puede, trabajar donde se paga.
No es fácil encontrar salida. Algunos apuntan a la necesidad de duplicar el salario mínimo; otros, a limitar la población de las grandes urbes. Lo cierto es que, mientras el mercado no se corrija, la compra de vivienda seguirá siendo un privilegio reservado a los hogares con ingresos muy por encima de la media. Y la clase media, mientras tanto, mira desde la acera.